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Las imágenes publicitarias se acaban convirtiendo, con el paso de los años, en un testimonio del pasado.
Volver a revivir  la publicidad de una época es volver a sentir  “el pulso, el latido del tiempo” de las ciudades y de sus habitantes, el aroma de una vida cotidiana frecuentemente idealizada.
Algunos anuncios impresos de finales del siglo XIX nos informaban sobre la actividad económica alicantina: aduanas, trasportes, fundiciones, tonelerías, fábricas de chocolates, turrones, conservas…e invocaban el prestigio conseguido en un determinado certamen, añadiendo medallas a los envoltorios de sus productos, que comenzaban a tener un nombre. Sorprende comprobar cuántas marcas –algunas casi centenarias- perviven y cuántas han desaparecido en este registro tan particular de las transformaciones económicas y sociales de nuestra comarca.

Las fiestas y el turismo aparecían en artísticos carteles, especialmente desde la aparición de les fogueres. En la de Pérez Galdós de 1930 se podía leer: “Alacant té un clima inmillorable…farem una activa propaganda y atraurem moltísims turistes”. En los años treinta la gente estaba muy familiarizada con la publicidad, incluso de productos y aparatos de importación.
A veces la publicidad se hacía eco de la política, como en el anuncio de la época republicana en el que unos militares que parecían  “malos tipos” mejoraban al pasar por la “Sastrería militar 14 de abril”. Durante la guerra, las proclamas y carteles políticos destinados a la retaguardia iban arrinconando la publicidad comercial. Los escuetos anuncios de las empresas socializadas, dejaban constancia de ese periodo bélico.

En la posguerra, las severas restricciones del periodo quedaron documentadas, precisamente, por la escasa publicidad. La ideología del nuevo régimen orientaba, en algunos casos, a los avispados anunciantes (“los rojos no llevaban sombrero..”), mientras que la economía de subsistencia fomentaba las soluciones baratas (“Tintes Iberia”). La publicidad adoptaba lo de “a mal tiempo, buena cara” mediante pequeños gags visuales (“Matapolillas Polil”). Era una época de silencio en la que se aplaudían “las virtudes del ahorro”.
¡Qué remedio!
El optimismo aperturista de mediados de los cincuenta permitió anunciar equipamientos y, sobre todo, bienes de consumo: aparatos de radio, electrodomésticos, máquinas de coser… Comenzaban a convivir, aunque mal, los catálogos de botijos de Agost con los anuncios de las primeras neveras que iban llegando a la capital.

En los eufóricos sesenta (cuyo símbolo consumista era el 600), las oleadas de turistas y la explosión demográfica, incrementada por la inmigración, propiciaban el boom de la construcción, patente en la publicidad de la época (“le sería más fácil vivir en Virgen del Remedio”).
Cambiaban nuestros hábitos de consumo a golpe de marcas y anuncios (“Compre en Espinosa y no piense en otra cosa”). Incluso la propaganda política aceptó las expresiones publicitarias (“Si eres alicantí, vota a Antolí”)

Desde la época de la transición “la chispa de la vida” y “el genuino sabor americano” acompañaban a los alicantinos en su camino hacia la aldea global.
Verdaderos logros en el campo de la comunicación cultural, el ocio, y el espectáculo, dieron en los noventa una brillantez y eficacia nunca antes vista en la publicidad

Fuente: José Piqueras Moreno

MEMORIA GRÁFICA DE ALICANTE Y COMARCA