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El patio del Reformatorio de Adultos
Anda que el nombrecito que le pusieron también tiene pecado. 
Pero, en fin, la cárcel de la carretera de Ocaña, en el barrio de Benalúa, ahora convertida en juzgados, se entregó oficialmente el 13 de enero de 1926, al director general de Prisiones que se trasladó a nuestra ciudad, en compañía de su secretario, del arquitecto, señor Agustín y de otras personalidades, tal y como se recoge en la Prensa de por entonces.
Fotografía extraída de www.barriodebenalua.es
El propósito de construir un nuevo establecimiento penitenciario, se recoge ya en los cabildos de 1872, cuando era alcalde popular de Alicante don Francisco García López. En un informe correspondiente al nueve de febrero de dicho año «se desprende la necesidad de edificar una nueva cárcel, con la exigencia que el siglo de la civilización y de las humanidades reclama». Además, se recuerda otro informe sobre el mismo tema del veinte de noviembre de 1869.

Muy posteriormente, ya en 1884, el alcalde constitucional interino don José Soler y Sánchez se interesa por el tema y lleva a cabo diversas gestiones que tampoco llegaron a fructificar.

La sociedad «Los Diez Amigos» ofreció al Ayuntamiento una parcela de tres mil quinientos metros aproximadamente, para la edificación del referido centro penal. Según Fernando Gil, los planos están fechados en 1886. Pero se presentan en sesión plenaria municipal el 22 de julio de 1887, cuando presidía el Ayuntamiento don Rafael Terol Maluenda. Sin embargo, aún tardarían en aprobarse. En aquella ocasión textualmente se dice: «Se presentaron los planos y presupuestos para la construcción de una nueva cárcel firmados por el señor arquitecto municipal. El Ayuntamiento acordó su aceptación y que se remitan a la superioridad, en cumplimiento de lo que dispone la real orden del doce de abril último, expedida por el Ministerio de la Gobernación».

Republicanos presos en el patio del Reformatorio de Adultos. Entre ellos, Eusebio Oca, Gastón Castelló, Vicente Olcina, Ricardo Fuente y José Juan (Foto de Enrique Gimenez)
 El veintitrés de marzo de 1892, el alcalde Manuel Gómiz Orts da cuenta a la corporación de haberse firmado en tal día la escritura, en virtud de la cual la sociedad «Los Diez Amigos» cede gratuitamente al Ayuntamiento el terreno necesario para la construcción de la nueva cárcel (una parcela de diez mil metros cuadrados). Sólo entonces se autorizan las obras de construcción. En 1900, tras habilitarse una parte, llegaron los primeros reclusos. 
Toda una historia vidriosa y casi inacabable. 

Fuente: CERDÁN TATO, E. “Gateras 1994”

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