>

“El Paseito Ramiro acredita a una zona por su magnífica posición y las condiciones climatológicas que el Benacantil le presta, resguardándola en absoluto de los fríos vientos del Norte, proporciona a los que en la misma habitan un gratísimo y continuo bienestar, lo que ha hecho que siempre haya sido la residencia habitual de cónsules extranjeros acreditados en esta plaza
D. José Guardiola Picó, arquitecto municipal
     

En 1921, D. Cristobal Pacheco Vasallo (miembro de la Comisión Provincial de Monumentos) explicó al diario liberal “El Día” que el Paseíto estaba atribuido a D. Pedro Ramiro de Espejo, “bien conocido por su nobleza, fue en esta ciudad el último de su linaje que se extinguió por varonía y del solar quedaron dos hijas que casaron con otros nobles de Alicante”. Allí, en tiempos antiguos, hubo un póstigo abierto en el muro de la ciudad para una buena comunicación entre los vecinos, especialmente entre los marineros y pescadores del Raval Roig , con la orilla del mar y el Puerto. La costumbre alicantina de aplicar nombres tradicionales de facil recordatorio impuso al Postigo el famoso nombre de “El Postiguet”, y así recibió la playa más famosa de Alicante, por extensión, su nombre.
        
Por entonces era frecuente dar nombres a las vías públicas no sólo en íntima relación a los personajes ilustres que en ella vivían, sino a otras circustancias más cercanas. Estaba el Carrer de la Brossa (cercana al basurero), la Calle Labradores (donde vivían terratenientes y hacendados) o la Calle del Molino (cercana a la Montañeta, por el molino que allí funcionó).
         
En este caso en concreto, D. Pedro Ramiro de Espejo vivió en la misma casa que ocuparía después el Conde de Santa Clara o el marino D. Emilio Pasqual del Pobil.
       
El Paseíto de Ramiro actual, ocupa el mismo terreno que hasta el siglo XIII, durante la dominación árabe, era el límite de la villa. A él afluían las calles del Socorro, Jorge Juan (antes “La Palmereta“), Gravina (antes “Pescadería“) y una estrecha calle, hoy extinta, que tiene su entrada por la de la Villavieja y era conocida como “Bajada al Mar“. Es la hoy denominada Calle de Fray Juan Rico Vidal, franciscano de Monóvar, diputado y Tribuno de Valencia durante la Guerra de la Independencia.
        
A mediados del 1800, se instaló una fuente de un sólo caño. Pero al comprobar las enormes colas que hacía el vecindario, el Ayuntamiento resolvió el problema instalando algunos más; años después, la fuente sería reemplazada por una de jaspe, mucho más vistosa.
     

 Fuente del Paseíto Ramiro. Fotografía de Manuel Cantos

           
En aquella época, se produjo el derribo de la Torre del Espolón (que había servido como cárcel) y la murallas que circundaban la ciudad. Con las prisas para cubrir los solares resultantes de dicho derribo, se aprovechó entonces para crear en la zona un jardín dedicado al Gobernador Civil D. José Ruiz Corbalán por su entrega y lucha contra el cólera de 1885.
                    

¡Voilá! Ya tenemos el Paseíto montado.
                    
El Alcalde, D. Carlos Chorro Zaragoza
                         
La creación del jardín hay que agradecérsela al alcalde D. Carlos Chorro Zaragoza (foto superior), que inició las obras en 1882. Fue un trabajo que duró más de tres años. Pese a que el jardín se llamó Ruiz de Corbalán, la plaza siguió denominándose de Ramiro como atestiguan los periódicos de la época.
                     
En 1920, comenzó el cambio de nombres de la Plaza. Dicho “vaiven” no debe sorprendernos; para aquellos que conocemos el callejero de Alicante, no es nueva su fragilidad nominativa. Se arrancó la placa y se puso otra con un nombre inédito: Baronesa de Satrústegui. ¿Y quién era esta señora? Al parecer, la baronesa había muerto en su casa del paseito el año anterior y había destacado por su inagotable caridad que prestaba a los pobres. Según el pleno del Ayuntamiento “en su testamento no olvidó su amor a la ciudad donando grandes sumas al Asilo de Nuestra Señora del Remedio, a las Hermanitas de los Pobres y a las Religiosas Oblatas”.
                                 
La moción fue aprobada…. pero sólo duró hasta 1936 en que a petición de la Alianza de Escritores Antifascistas solicitó en 1936 el cambio por el de Plaza del Poeta García Lorca. En abril 1939 el callejero se retrotrae automáticamente al anterior a 1931, por lo que la plaza vuelve a llamarse durante poquísimo tiempo Baronesa de Satrústegui. No sabemos si se cambiaría a ese nombre puesto que en uno de los primeros acuerdos plenarios de la Gestora Municipal se aprueba que la plaza lleve el nombre del hermano del alcalde, el Teniente Luciáñez. El alcalde D. Ambrosio Luciañez Riesco, con palabras reveladoras de la honda emoción que sentía, agradeció a sus compañeros este acuerdo que solicitaron encaminado a honrar la memoria de su hermano que habían muerto “por Dios y por España”.
                       
Fue en esta plaza donde se pensó en un primer momento levantar la Cruz de los Caídos.  Tras desestimarse, se pensó también en  el Paseo de Canalejas, aunque  al final se instalaría en la Plaza de Calvo Sotelo.
                                      
En 1971, comenzaron las obras de la Casa de Cultura, la hoy Biblioteca Nacional Azorín, y la amenaza de un parking rondó por la plaza. Oficialmente, volvería a denominarse Plaza o Paseíto de Ramiro (aunque popularmente nunca dejó de serlo), a partir de enero de 1983, de acuerdo con la moción presentada por el alcalde D. José Luis Lassaletta Cano y el concejal de Cultura, D. Ángel Vives.
                                   
                          
Tema aparte es la estatua dedicada al filántropo D. José María Muñoz y Bajo Mengíbar (ahí es nada)
                              
Llamado “Héroe de la Caridad”, había nacido en Cabezuela del Valle (Cáceres) en 1814, llegando a nuestra ciudad ya mayor, con 63 años. Según cuentan, “la generosidad de Muñoz se manifiesta esplendorosamente, siendo tal vez lo más saliente su ayuda, verdaderamente asombrosa, a las provincias de Alicante, Almería y Murcia, con motivo de los daños producidos por la horrorosa tormenta de la noche del 14 de octubre de 1879”.  Él mismo ofreció a la Diputación 100 camas  y 100 trajes completos para tantos leprosos de La Marina…, pero el organismo provincial no las aceptó.
                                    
Entre otras donaciones efectuadas en vida, destacan 3000 pesetas en premios de la virtud, el Barrio de la Caridad (que duró poco tiempo), una escuela…. Alicante sustituyó la Calle de Las Almas por una rotulada a su nombre que todavía perdura, y participó en una suscripción nacional para levantarle un monumento en el Paseíto de Ramiro. “Se recaudaron 25.424 pesetas, con las que se fundieron cuatro estatuas, para Murcia, Orihuela, Cuevas de Vera y Alicante”. En vida, Muñoz se opuso a que la instalaran, por lo que se tuvo que esperar al 20 de junio de 1890 (12 días después de su muerte) para colocarla en el romántico jardín de la Plaza.
                                 
Don José María Muñoz
                         
La estatua descansaba sobre un pedestal de 4 metros de altura, circundado por una verja de hierro. De bronce macizo, la figura medía metro ochenta y estaba de pie. Era airosa, sencilla y respetable a la vez. El anciano tenía la mano derecha dentro de la levita, lo que parecía indicar que sólo obedeció en vida a los impulsos de su corazón. Y la inscripción: “Socorrió con 100.00 duros a los inundados de las provincias en 1879, haciéndose digno de universal gratitud. Se le dedica este recuerdo costeado por suscripción”.
                                   
Colocada como hemos dicho en junio de 1890, la estatua fue retirada por órden del alcalde en 1898, alegándose lo siguiente: “no hay nada que dignifique más a los pueblos que el agradecimiento. Que por ser la estatua levantada al filántropo Muñoz anti-artística e impropia del ciudadano cuya memoria se pretendió con ella perpetuar (…) Se ha pensado colocarlo frente a la casa que para escuelas cedió al Ayuntamiento mientras se proyecta un monumento digno de semejante varón y de la ciudad de Alicante”.

Realmente no es que fuera antiartística, sino que Muñoz era un anciano bajito y vestía levita, por lo que milagros estéticos no se podían hacer… al final la estatua acabó en un chatarrero de San Vicente donde sigue hoy en día…
                    

                                
Quince años después, siendo alcalde D. Edmundo Ramos Prevés, se le dio nombre de Rafael Altamira a la escuela que donó años atrás D. José María Muñoz, acuerdo que es recogido en una placa que perpetua el gesto.
“Guardiola termina exponiendo que con el bronce de la antigua estatua de Muñoz que se retiró del Paseíto de Ramiro por anti-estética, el escultor Vicente Bañuls ejecute el busto al ilustre filántropo, que se instalará de nuevo en el paseo”.

 
  
Jardín-Escuela Rafael Altamira, que impartía clases con los criterios pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza. Fotografías de Manuel Cantos  

Y aunque la propuesta fue de nuevo, aprobada, nuestro ilustre se quedó sin estatua y sin busto, aunque la Diputación Provincial lo nombró “Benemérito” de la misma e “Hijo Adoptivo de la Ciudad de Alicante”.
                
Hay cosas que nunca cambian en la terreta.
                                    

Otro monumento que se instaló allí fue el busto de bronce a Rubén Darío, el cual retornará en breve a la plaza, una vez termine su restauración.
                        
Tras la guerra, la escuela Rafael Altamira pasaría a denominarse Escuela Honorio Maura. Posteriormente, se levantaría un local sanitario de puericultura que sería derribado para levantar la antiestética Casa de Cultura
                     
Hoy, del jardín romántico que fue, ya no queda nada.
          
En los noventa, se tomó la decisión de que el paseíto recuperara su estructura clásica. Se redactó un proyecto ambicioso y respetuoso con el pasado pero por suerte para la cultura y desgracia para el paseíto, surgieron los restos (previsibles) de la muralla de la costa. El proyecto cambió transformándose en el engendro de plaza que hoy sufrimos, la cual (junto a la de San Cristóbal) no llegó ni a ser inaugurada, seguramente por vergüenza.
                               

 
 Antiguo palomar. Fotografía de Manuel Cantos

                  

Rápidamente, el Paseíto Ramiro se transformaba en el Paseíto RaMuro, tal y como plasmaba el dibujante Enrique en su viñeta del diario Información. Tras el desaguisado y las críticas vecinales, el Ayuntamiento rápidamente añadió arbolado en el extremo con Juan Bta. Lafora y eliminó las farolas modernas colocando las socorridas farolas clásicas que se dan guantazos con el estilo moderno de la plaza. La barandilla de cristal que, poco a poco, perdía los cristales, ya ni se molestarían en arreglarla.
                                    
Se ha recuperado un trozo de la muralla, sí, pero el cemento de la modernidad se llevó el encanto y con él, palmeras y árboles centenarios y Recuerdos…
                          
Eso sí, al menos los fans del skateboard y del botellón tienen plaza para reunirse.

 
 Fotografías cedidas por José Deltell

JUAN J. AMORES y ALFREDO CAMPELLO
MIEMBROS DE LA A.C. ALICANTE VIVO

Fuente: GIL SANCHEZ, Fernando. “Alicante: De la A a la Z”
Fotografías: Archivo Municipal de Alicante; Biblioteca Gabriel Miró; “Memoria Gráfica de Alicante y Comarca”; Manuel Cantos.
Enlaces Anteriores: El Paseíto de Ramiro.
La Estatua de Muñoz