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De todos es sabido que el Monte Benacantil encierra en su silueta la flamante cara del Moro, símbolo de la ciudad y parte de la cultura alicantina.
Pero la caprichosa naturaleza de la roca, nos regala otras formas, que quedan a elección de cada uno. Podemos jugar a adivinar esas siluetas, inventar historias e imaginar que la montaña es una nube blanca que vuela sobre el cielo azul.
Claro que esto no es nada nuevo, allá donde la naturaleza esculpa un monte con una forma caprichosa, la cultura y tradición del lugar forma un fuerte vínculo que cala en sus gentes. En nuestra geografía encontramos desde leones dormidos, caballos, damas tumbadas, águilas… hasta valerosos caballeros que dejaron su huella en estas tierras siglos atrás.

La cara del Moro

Paseando por el puerto, podemos adivinar una pequeña e insignificante silueta, pequeña e insignificante no porque lo sea, sino por estar a la sombra del gran Moro, que nos atrae e hipnotiza.

Ya de por sí, la roca bien podría dar nombre a una peña, y hasta a un monte entero, si la naturaleza la hubiese tallado en otro lugar, lejos de la mirada del Moro. Pero no, ese es su lugar y allí inadvertida seguirá hasta que el viento, el sol, la lluvia o la mano del hombre la transformen de nuevo.

Perfil de la ladera sur del Benacantil

Podría recordarnos la silueta de un pequeño elefante, regresando al sur o volviendo la vista atrás esperando a sus hermanos que quedaron atrás, en la Helike de Amílcar Barca.

Detalle del “elefante”

El caso es que esa silueta no es nueva, y ya ciento cincuenta años, alguien la dejo grabada en un dibujo anónimo de época que ha llegado a nuestros días.
Es un grabado que refleja la imagen del Benacantil, desde el muelle de levante y en el que aparecen las murallas de Alicante, pero ya había sido derruida la Puerta del Mar.

Grabado de Alicante desde el muelle

En las faldas del monte, aparece esta roca dibujada, con otra forma menos erosionada y que el autor interpreta, desde su perspectiva, como la cabeza de una “víbora amenazante” o de un aguila.

Detalle de la silueta

Lógicamente cada uno tiene la opción de imaginar lo que representa esa roca, o simplemente no ver nada más que un trozo calizo en equilibrio, pero no me diréis que no es curiosa y que aun estando eclipsado por el gran Moro, tiene entidad suficiente como para prestarle un minuto de atención. Seguro que la próxima vez que paseéis por el puerto os fijareis en ella.
De momento y hasta que el tiempo no ponga de su parte, o se demuestre lo contrario, queda bautizada por Alicante Vivo como la “Penya de la Serp i l`Elefant” o el “Peñón del Elefante”, nos cuenta nuestro amigo Jose Luis, que para las gentes del mar, la peña es conocida como el “Pitxorro del Moro”, y es que en esto, como en todo “el tamaño no importa”.
O “The Benacantil`s Dumbo”, en versión “conseller Font de Moro” (con O en honor al boss que corona el Benacantil).