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Miguel Ángel Pérez, Juan José Amores, Rubén Bodewig y D. Vicente Hipíolito

                                                                   
Si la ciudad de Alicante tuviera que concebir un mensaje de audio inalterable y lanzarlo al espacio más allá del Sistema Solar para que pudiera ser entendido por una posible civilización extraterrestre, sin lugar a dudas elegiría la voz de D. Vicente Hipólito para grabarlo.

Y es que don Vicente, cacereño de nacimiento (irónicamente de una población llamada Valencia de Alcántara) pero alicantino de adopción desde los 15 años, ha puesto la voz a esta ciudad desde hace más de cuatro décadas. De día o de noche, en programas deportivos o culturales, en tertulias políticas o sociales… siempre ha sido un amigo que nos contaba, desde Radio Alicante Ser y con su voz cálida y tranquila, todo lo que ocurría en torno a Alicante.

 
  
 

                        
Aunque durante muchos domingos estuvo en Carrusel Deportivo, su voz estará siempre asociada a La mañana es nuestra, Hora 13 u Hoy por Hoy, programas matutinos de esos que siempre acompañan cuando haces la comida, viajas en un taxi o estudias en tu habitación. Nos acercó al alcalde de Alicante durante 25 años en programas populares (hasta que el Alcalde Luis Díaz Alperi decidió alejarse), a las zonas de nuestra ciudad barrio a barrio o pueblo a pueblo. Toros, hogueras, fiestas locales….

Muchas asociaciones le han rendido homenajes a lo largo de su carrera, la comunidad política le otorgó con merecido respeto una avenida que lleva su nombre (“de más de mil y pico metros de longitud”, bromea él), y tiene premios y reconocimientos de muchas clases. No es para menos. La sensatez y tranquilidad de su voz y el cariño con el que habla tiene una corona final con una frase de despedida que ha hecho suya después de tantos años de repetirla. “No sé quién la pronunció primero pero un día la escuché, me llamó la atención y la copié; hay que copiar lo bueno”, dice, y por eso repite a diario: “Háganme el favor de ser felices”.

 
  
 

                         
El lunes por la tarde, la Asociación Cultural Alicante Vivo tuvo el privilegio de entrevistarle en la misma emisora y en la misma cabina en la que el propio D. Vicente ha entrevistado a tantos y tantos alicantinos. Aunque, más que una entrevista, fue una charla agradable entre personas que parecen conocerse toda la vida. Las preguntas preparadas fueron dando paso a otras fuera de lo previsto, a anécdotas, historias curiosas, risas y charlas muy amenas, de las que esperamos que os podamos transmitir lo máximo posible.

“La clave del respeto radica en hablar en antena con el entrevistado,  de la misma manera que lo haría si los micrófonos estuvieran apagados”.

El resultado final es nuestro más sentido homenaje a una de las personas ilustres que más nos han acompañado a lo largo de la historia reciente de Alicante.

Su voz en la “alta fidelidad” de la sala es tan cálida y acogedora como lo es a través de las ondas, diferente, directa, capaz de transmitir. Don Vicente en AM, en FM, o en el salón de su casa, es la misma persona: un hombre que seguirá vinculado a la radio y a Alicante para siempre, porque forma parte de su vida y de la historia viva de esta ciudad. 

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-Vicente, es usted “alicantino de adopción”… ¿Cómo apareció un joven cacereño de 15 años como usted en una ciudad como esta?

Bueno, lo de “alicantino de adopción” todavía no lo tengo… De momento lo que sí tengo es una calle. En cierta medida, yo soy un  hijo de la guerra, aunque sea de rebote. Mi padre era oficial del ejército de la  República, y  al volver a su casa, en Valdepeñas, se encontró con un ambiente no muy bueno. Tuvo un ofrecimiento para dirigir una fábrica de aceite de orujo en Valencia de Alcántara, y allí que se marcharon mis padres. Yo nací a los dos años de estar allí. Mi padre murió en 1956, y como nosotros no teníamos familia en Valencia de Alcántara (tenía padrinos, eso sí, que en auellos años tenía mucho valor), nos vinimos a Alicante con la familia de mi madre.
Llegamos cuando yo estudiaba bachiller, (lo estudié en el Instituto Social Obrero -ISO- del barrio de Carolinas). Fue entonces cuando empecé a trabajar como aprendiz en la radio. La emisora entonces estaba en la calle García Morato 55, pero yo he conocido tres sedes más: ésta (Calderón de la Barca), Pintor Velázquez y Pablo Iglesias; curiosamente, las tres en calles paralelas. Hubo también cierto tiempo (uno o dos años) en que la emisora la llevaron a Aureliano Ibarra para evitar que fuera dañada por los bombardeosde la Guerra Civil.
Por entonces, para ejercer una profesion (incluso de aprendiz en la emisora) o estudiar, había que tener el Certificado de Militante del Frente de Juventudes… y (qué remedio) tuve que hacérmelo. Entonces fue cuando comencé a aprender: descubrí  que la gente escuchaba en casa lo que hacía, y mi pequeña vocación de ser “ingeniero” o alguna “chorrada” de esas la cambié de inmediato por el mundo de la radio. Pensaba  que lo mío eran las matemáticas, la física, los números… , pero de repente cambió todo y me metí en cosas de este tipo. Ya de mayor empecé derecho en Alicante, pero no lo acabé. Ahora los números ya no me cuadran…
Recuerdo que cuando asistía a los guateques en casas de amigos, las chicas me pedían que les hablara, por que les gustaba mi acento medio extremeño medio portugués. Me lo quité con la ayuda de un técnico (de los fundadores de la emisora) que en cuanto había un estudio libre me hacía leer textos. Luego, me escuchaba y me daba cuenta de los fallos, y así fui aprendiendo y corrigiendo.

– La radio, de un modo parecido a la palabra escrita, describe hechos o personas construyendo imágenes sin que las podamos ver, y quizá aquí esté parte de su encanto: en cómo narran los locutores estas “fotografías radiofónicas”. ¿Podría describirnos aquél Alicante al que usted llegó en aquellos años tal y como lo recuerda?
De aquel Alicante… Bueno, yo era un chaval y recuerdo aquello que iba unido a mí: mi colegio, la emisora pequeña, mi barrio de Carolinas, Benalúa, Bardín y La Viña…
A Benalúa, íbamos a hacer guateques con las chicas y había que coger el tranvía para llegar allí. Recuerdo un día en que llovía a cántaros y casi nos quedamos allí en el camino con el tranvía. Aquella Benalúa, aquellas Carolinas… ahora no tienen nada que ver.
Era un Alicante pequeño pero entrañable. Recuerdo Canalejas, el Paseíto Ramiro… Empezábamos a ir a la Explanada (por entonces recién hecha), que se llenaba de paseantes. Lo llamábamos “el tontódromo”, y allí tengo una historia curiosa con mi novia: cuando ella terminó sus estudios y empezó a trabajar de maestra por los pueblos, yo siempre andaba liado con la prensa. Fue entonces cuando un día tenía que entrevistar a alguien en el “edificio de las rajas”, la Congregación Mariana. De camino, encontré a mi “medio novia” en la Explanada, y nos pusimos a hablar del pueblo donde estaba trabajando. Ella iba con unas amigas y me la llevé conmigo… tomamos algo, y ya nos hicimos novios. ¡¡Y así hasta hoy…!!
Por su trabajo tenía que irse los lunes y volvía los viernes. Unas veces a Pilar de la Horadada, otras a Guardamar… Yo entonces hacía un programa que se llamaba “Madrugada Radio Alicante: amistad, música y compañía…”. Allí me escribían cartas de amor, de sentimientos… se trataba siempre de despertar un poco el alma. Y de todos estos mensajes que recibía, algunos eran de mi novia. Yo, que también le envíaba alguno, lo hacía con un disco de Los Pequeniques, que se llamaba Lady Pepa, porque ella se llama Fini.


Izquierda: Una pareja de locutores que hizo historia en Radio Alicante: Raúl Álvarez y María Fernanda Pérez Farach. La imagen es de finales de los años cuarenta. Derecha: Savia nueva para la primera emisora local: Francisco Aldeguer, Maritona Rogel y Vicente Hipólito. Delante, Marbel Berná Boix.

-¿Qué recuerda de aquellos primeros años en Alicante? ¿Cómo era entonces nuestra ciudad? ¿En qué ha cambiado?
Alicante sigue siendo un  pueblo, pero eso no es malo. ¡Claro que ha cambiado!: antes era más entrañable. Con mi oficio sucede que la gente te conoce mucho, y con tantos años de profesión, más. Es por eso que quizá pierdo la perspectiva buena, porque antes conocías más a la gente de la calle. Pronto no conoceremos a casi nadie, aunque a ese extremo aún no hemos llegado. Ya tenemos 350.000 habitantes
En aquellos años, si tenías dinero, te comprabas un piso donde podías. Yo me fui a Carolinas porque ahí tenía y tengo muchos amigos y me encanta la zona. Fíjate, por ejemplo General Lacy era antes las afueras, ahora es el centro: recuerdo un amigo que se compró ahí su casa y no había nada allí. ¿Te acuerdas del Cine Chapí? Estaba donde estuvo después Galerías Preciados, ahora Corte Inglés. Lo cerraron porque estaba muy lejos. Fíjate que cambio ha pegado la ciudad. Recuerdo que íbamos al campo de La Viña a ver al Hércules y parecía que ibas a otro lugar… ibas por en medio del campo.


– ¿Cuál es su lugar preferido de la ciudad?
El barrio de Santa Cruz. La zona donde está la ermita, que es preciosa. Cualquiera de esas zonas del paso del santo… Hace poco llevé ahí a un amigo a ver el mar, el sol, la cúpula de San Nicolás. Es precioso.


 
  
                  
– La radio fue durante décadas un fenómeno social que cambió muchas cosas. ¿Qué recuerda de la radio en su infancia? ¿Cómo eran aquellas radionovelas que reunían a la familia alrededor de las antiguas radios?
Conocí una radio asentada en las radionovelas. Ahora todo son líneas y cables con todo conectado, pero antiguamente no era así. Se hacían algunas retransmisiones en directo, pero eso no era lo esencial. Grabábamos aquí 10 o 15 cintas de radionovelas a la semana. Había una especie de “circuito” entre Madrid, Albacete, Alcoy, Alicante, Murcia… Cada emisora que recibía una obra la ponía y la pasaba a la siguiente.
Había estrellas como Guillermo Sautiel Casaseca, que eran voces geniales. Dentro de los seriales había un gran cuadro de actores, porque iban más allá de la actuación. Por ejemplo, una vez a la semana hacían una obra de teatro de categoría: “El teatro del aire” .¡Cómo jugaban con los silencios!, se oía hasta si había un chorrito de agua en una escena… era el mejor teatro que se podía hacer si estaba bien hecho, porque nadie tiene que ponerte ahí delante lo que tienes que ver. Eso lo pones tú.
Creo que el “Teatro del Aire” deberían reeditarlo, aunque fuera para los chavales del colegio.
                               
– ¿Cree usted que ha sido capaz de trasmitir esa magia a los oyentes?
Nosotros también hemos hecho seriales. Yo hice uno del que fui director. Era una serie llamada “Miguel Hernández poeta nuestro” en el 1992 (por el 50 aniversario de la muerte del poeta), con Evaristo García. Eran 20 capítulos y el último, con el que acababa la serie se emitió el viernes previo al aniversario del entierro.  

Instalaciones de la popular emisora “EAJ 31 Radio Alicante” en sus locales de la calle Pablo Iglesias. 5 de Enero de 1933.

– ¿Cómo eran los aparatos técnicos? ¿Tanto han cambiado con el paso de los años? Suponemos que para un chico como usted, aquellas voces y sonidos le trasmitían muchas sensaciones.
Era espectacular con aquellas lámparas. Eran grandes y enormes, teníamos un equipo emisor en la misma radio, en el que podías meter la mano y electrocutarte. La radio era el medio de comunicación más rápido.
Ahora imagínate lo que podemos hacer con los teléfonos móviles y las conferencias internacionales, a distintos horarios. Recuerdo cuando desperté a José Luis Ferri en Nueva York a las 4 de la madrugada y al final incluso entró en el programa.

-¿Cuándo dejó de ponerse nervioso delante (o detrás) de un micrófono?.
Nunca. Todavía sigo poniéndome nervioso. Si hay un programa en el que tienes interés verdadero, te tienes que poner nervioso. El nervio te da ritmo, tono… te subes a un caballo que tienes que ir frenando. El estar tranquilo es distinto.
En algún momento me he puesto nervioso, pero el que domina la situación es el que hace la entrevista. Si alguien se ha puesto nervioso conmigo, no he querido que nadie lo pase mal. Si le hago una entrevista “dura” a alguien, es porque lo considero necesario: o no quiere decir algo importante, o se nota que se aparta de un tema fundamental. Pero ese tema está ahí, y hay que sacarlo.
Pero no es lo mismo decirlo charlando que pegando una bronca. El tono es muy importante: puedes decirle a un entrevistado algo exactamente igual, pero el mensaje cambia según el tono. Puede ser la diferencia de preguntar o acusar. Ese tema siempre lo he tenido muy claro, aunque algunos son más “arenas movedizas” que otros, pero hay que entrar. Eso sí, yo no tengo derecho a insultar a nadie.
Recuerdo que un día le pregunté a Fraga Iribarne por Aznar como su sucesor… Además de él, allí estábamos otro compañero, un técnico y yo. El tío empezó a hablar y de repente comenzó a contar chistes (además eran buenos), y yo no me lo creía ¡Fraga era un “cachondo”!. Tras esto, yo le insistí en el tema sobre si su seguidor iba a ser Aznar o no. Había muchos rumores y le tenía que preguntar. Él dijo que no tenía ni quería decir nada, yo le busqué por todos los ángulos, y a la tercera vez dijo “mire señor Hipólito, va a preguntar 50 veces por lo mismo pero no voy a decir nada. Si quiere hablamos de otra cosa”.

 

Reportaje especial publicado en 1984, mostrando la cara oculta de Radio Alicante. En una de las imágenes aparece el conocido locutor Vicente Hipólito.

– ¿Cómo recuerda momentos históricos como la Transición, el Golpe de Estado, las primeras elecciones o el Mundial de Fútbol en Alicante…?
De la transición me acuerdo muy bien de la manifestación del día 27 después del Golpe de Estado. Fue la más grande hasta ese momento en Alicante. Estábamos conectadas todas las emisoras SER de España. Yo la retransmitía y era la primera vez que vimos gente de izquierdas diciendo “¡viva el Rey!”. El Rey se ganó ese día mucho respeto.
Estábamos en las escalerillas del Jorge Juan con las unidades móviles. La manifestación empezaba a las ocho y a las siete y media no había nadie. Ya me olía el fracaso cuando de repente empezó a acudir gente; todo el paseo se llenó y  fue la leche. Nosotros íbamos en la cabecera entrevistando a los líderes políticos y mirábamos para atrás, y todavía bajaba gente desde Luceros. Era un motivo de alegría, porque nos habíamos llevado un gran susto (pudimos hablar con gente que durmió en casa de otros). Fue un baño de fuerza que decía: “somos todos estos y muchos más”. Fue un día de mucha felicidad para la gente de Alicante. Todos escuchamos el “ruido de sables”, y por fin se limpió todo aquello.
De las primeras elecciones tengo un recuerdo distinto: yo las viví recién llegado de cubrir la Vuelta Ciclista a España en el 87 (por entonces la organizaban los diarios El Correo Español y El Pueblo Vasco). La última etapa era en Durango y ese año la Vuelta iba a terminar en San Sebastián, pero acabó en Aranda del Duero por amenaza de bomba. Se pedía amnistía para los presos… y en aquella etapa en la carretera sólo había guardias civiles y ciclistas. Se suspendió hasta el partido Real Sociedad-Betis. Llovía, no había ni un coche, en la radio sólo se óia música clásica de luto, en los balcones lucían ikurriñas en las ventanas con crespón negro… Yo llegué a Alicante de haber vivido todo esto.
Pero lo más emocionante fue ver el mítin de Felipe González en el Rico Pérez, donde también estuvo Tierno Galván. Yo logré entrevistar a Felipe González en el Hotel Riscal, donde estaba alojado. Antes de tomar un avión que lo llevara a otra ciudad, dio una rueda de prensa. Allí estaban Felipe, Antonio García Miralles, un hueco y otros señores sentados. Yo me metí en el hueco con dos narices, y claro, me dijeron que no podía estar ahí. Dije que el sitio estaba vacío, que si venía alguien me iba, pero esperé. Dije que quería entrevistarle y me dijeron que no podía ser. Cuando acabó aquello, Felipe me preguntó qué pasaba y le dije “Antonio no quiere que le entreviste”. Y entonces me dijo que le hiciera preguntas mientras firmaba libros. Me preparé dos entrevistas: una pequeña de 5 o 6 minutos y otra mucho más larga. Al final, le logré hacer la entrevista larga. Por desgracia,  la perdí y ahora sólo tengo la corta.
Tengo un buen recuerdo de esa época en que la gente no tenía mucha idea de quién era políticamente cada uno. Había muchos partidos con nombres raros… pero ya estaban ahí… Recuerdo el lema “si eres alicantín vota a Antolín”, que por cierto era cuñado de Miguel Valor, los dos de Alcoy. Así fue como propuse montar unas entrevistas y traernos a personajes para que los fueran conociendo. Eso lo empezamos nada más morirse Franco, y entonces aún era un poco difícil. Lo mantuvimos hasta que ganó Felipe González, porque ya se había asentado el sistema y ya no hacía falta. Las entrevistas eran hasta nivel de secretario general, y por aquí pasaron las primeras figuras. Unas en directo, otras por teléfono, otras grabadas…
Sobre temas deportivos, he vivido varios ascensos del Hércules, uno incluso retransmitiendo Carrusel Deportivo.
  
                     

-¿Cuál podría ser su anécdota más divertida?

Os voy a contar dos… (aunque la del perro no sé si contarla…)

Era un domingo y en las rotaciones me había tocado trabajar a mí y a un un compañero técnico. En la “pecera” de Pintor Velázquez, llegó Raúl Álvarez con un pedazo de perro. Yo salí a saludar, le pasé la mano al perro por encima para saludarle y ¡se me tiró encima!, ¡casi me come!. Me llevé un susto enorme, y él le dijo que se estuviera quieto, y a mí me replicó que eso había pasado porque me había asustado excesivamente. El animal era un perro policía de un inspector que había sido expulsado y se lo habían dejado. Me dijo que ese perro te mordía a la tercera, mientras tanto te asustaba pero no pasaba de ahí. Me dijo que le pasara de nuevo la mano, y yo no quería por el susto. Cuando se la fui a pasar, me acerqué y ya se me había vuelto a tirar a la mano. Entonces me dijo “no sabes acariciarlo… ¡mira!”… y el perro le pegó un bocado a su dueño. Nosotros nos encerramos en la pecera y atrancamos la puerta con un sofá. Y allí estaba Raúl Álvarez,  echando sangre y todo. El perro casi lo destroza. ¡¡Qué bestia!!
La otra anécdota es de los toros. Nos llama Radio Caracol de Madrid (ahora es de Colombia). Nos piden que vayan un locutor y un técnico para cubrir un servicio y una retransmisión sobre las bondades de Alicante durante la retransmisión. Llegamos y era la reaparición de El Cordobés con seis toros. Nos explican lo que querían que hiciera, nos presentan al periodista taurino número 1 de América, y cuando van a empezar los toros, toca la banda… Entonces él me dice que me quede hablando porque quería hacerle una entrevista al Cordobés para meterla luego en la retransmisión. Y cuando suena el paseíllo, salen los toros, y ¡él sin venir!… Termina el paseíllo y sale el primer toro. Yo digo la ganadería, los kilos (tenía los datos en una hoja), cuento que lo recibe el banderillero… Y corta una oreja, da la vuelta al ruedo… y de nuevo, el periodista sin venir. Estaba el productor venezolano, y decía que no pasaba nada.
Al tercer toro, hice un corte para publicidad y estaba al lado Matías Prats (padre). Me preguntó que qué me pasaba, y cuando le conté que no aparecía el retransmisor de la corrida, me puse con él, que fue adornando la retransmisión y al final todo salió muy bien. Al periodista no le volví a  ver… encontraría alguna “chavala”…



-¿Cuál es la mejor noticia que ha dado en antena?

La exclusiva de la creación de la Universidad de Alicante. Con Joaquín Galán tengo una anécdota pequeña, porque dimos la noticia en primicia de que el Consejo de Ministros había aprobado la Universidad de Alicante, y fue gracias a Íñigo Cabrero.


-¿Y la peor?

Cuando se muere alguien querido, ha habido varios casos… Pero la peor es dar noticias como la riada del 82 que fue tremenda. Lo del Rebolledo era impresionante, nos metimos a lo loco… y nos podíamos haber quedado allí. 


– ¿Qué noticia le hubiera gustado dar acerca de esta ciudad que no se ha producido aún?
Poder dar la noticia de tener ya un Palacio de Congresos… Al menos vamos a tener pronto un auditorio.


– Nombre a tres “personajes ilustres” que le han impactado durante una entrevista.

José Legrá, un boxeador cubano que tuvo aquí varios combates. Le acompañé incluso al médico… le entrevisté muchas veces.
La primera entrevista a Joan Lerma fue aquím cuando salió elegido, un sábado que se había comprometido. 
También pasaron todos los gobernantes de Alicante. 
Y Joaquín Prat, amigo mío; o Pepe Domingo Castaño, que me dio un saludo el otro día por Carrusel, un gran profesional y excelente persona; José Luis Péker, con quien hice algún programa (él hacía “Cabalgata de Fin de Semana” y decía “¿señor o señorita?”, cuando le contestaban “señorita”, decía “será porque usted quiere”.


– ¿A quién le hubiera gustado entrevistar?
Al Rey, ¿porqué no?.  Pero en profundidad.


– Y algún “personaje curioso o raro” con el que ha tenido que torear en alguna ocasión.

Uno que se llamaba “El Canario” y era poeta. Editaba sus propios libros e iba por ahí regalándolos. Le entrevistaba y nos reíamos mucho. Me agradecía mucho que le diera cancha porque nadie lo hacía. Un personajillo muy entrañable, hay que darle cariño a esa gente.



 
  
 
                           

– Cuando hablaba ¿se imaginaba la cara de la persona al otro lado del micrófono (un taxista, un estudiante en su habitación, una mujer haciendo la colada) o sólo veía una mesa de mezclas?
Yo la veo. Me la imagino totalmente, si aparece por ahí hasta la conozco. Trato de establecer una complicidad.  La gente que responde es alucinante. Me lo paso genial cuando entrevisto a alguien que te deja a medio camino y tu le reconduces… son oportunidades de pasarlo bien. No me la imagino, la veo claramente. Me interesa la cara del ingenio, que se expresa a través de la palabra.

– ¿Y a la inversa? ¿Qué le decía la gente cuando le conocía en persona después de escucharle por la radio?
La gente es muy educada… aunque lo normal es que digan que creían que era mas guapo… ¡¡es verdad!! ¡Esa cara! ¡El pelo!

-¿Cree que hoy en día, los políticos escuchan la radio? Durante más de 25 años su voz enlazó a los alicantinos de a pie con la alcaldía, consiguiendo que esa voz del pueblo llegara a los despachos y logrando muchas mejoras para la ciudad. ¿Necesita Alicante un relevo en esta labor de llevar las inquietudes de los ciudadanos a los que nos gobiernan?
Es indispensable. El alcalde debe responder a preguntas de actualidad.
El esquema era un programa de 45 minutos con preguntas, con cosas de actualidad que se palpaban. Luego venían las llamadas, que las realizábamos de la emisora al exterior, a gente que había llamado antes y a la que le habíamos asignado un turno. Antes lo hacíamos con las llamadas libres que entraban en el aire, pero tuve una experiencia con Lassaleta bastante desagradable. Llamó un señor y dijo “buenos días, ¿el alcalde me escucha?”, a lo que contestó “Sí, sí le escucho”. De nuevo preguntó “¿Es vd el señor Lassaleta? ¿Seguro?”, y él dijo “Sí, sí que soy yo…”, y entonces soltó “Pues quería decirle que es un hijo de la gran…” A partir de ahí se acabó ese método.
Este programa luego nos lo copiaron en Mallorca, en emisoras de La Marina… realmente todo el mundo lo puede hacer. Es un servicio al público. Pero no lo hacían igual, porque te grababan la pregunta y luego la ponían, con lo que el Alcalde podía contestar cualquier cosa. Aquí no, era en directo,  una conversación entre el Alcalde y el ciudadano. Era muy bueno, pero había veces que me sabía mal. Una vez llamó una señora a Alperi y lo puso de vuelta y media. Yo me quedé escuchando y ni miré el reloj. Cuando dijo el alcalde “ahora me toca a mí” para dar la réplica, le tuve que decir que ya se había acabado el programa… no hubo mala intención pero se quedó así.
En esos programas logramos muchas cosas. Por ejemplo, recuerdo cómo se gestó el Polideportivo de Carolinas, sobre el solar que había dejado una antigua nave de tomates. Con el programa “Alicante barrio a barrio”, cada martes se trataban los temas de un barrio, venía el representante y al final todos ponían a parir al Ayuntamiento. Para tratar de hacer algo, buscamos tener a un concejal, y hablando en el programa de las necesidades de Carolinas, se propuso la idea del polideportivo y así se consiguió.
– Le vamos a citar un listado de los últimos alcaldes de Alicante. Nos gustaría que tras citar a cada uno, dijera una palabra o frase breve que pudiera describirlo.
Agatángelo Soler Llorca (1954-1963) Un tío estupendo, independientemente de ideologías. Yo conozco a su sobrino. Agatángelo me dijo un día: “por fin he encontrado la solución para que Alonso pueda construir en Alicante: será un Edificio Singular, así no dirán que los de Valencia puedan construir más alto que los de Alicante”. Y así se hizo el Gran Sol, que fue una de las cosas que peor hizo, pero también hizo muchas otras buenas, como la Explanada, el ascensor del castillo… Agatangelo era un tío muy abierto. Hasta que murió Franco, había que hacer lo mismo un año tras otro el 20 de Noviembre, con una ofrenda de flores (obligatoria, en la que pasaban lista) a José Antonio Primo de Rivera. Íbamos todos, y nosotros dentro del Sindicato de Transportes y Comunicaciones. Esos días hacíamos las entrevistas de siempre, en las que Agatángelo contaba quién era José Antonio. Recuerdo que un día pasé por su casa, y tenía la fuente de la plaza San Cristóbal frente a la puerta. Me dijo que estaba allí esperando a que pasara el temporal para poner la fuente de nuevo en su sitio. Y así se hizo años después. Era un hombre abierto que recibía a cualquiera, y no hablaba de identidades ideológicas. Se merece todo mi respeto.
Ambrosio Luciáñez Piney (1977-1979) Padre e hijo, último alcalde del franquismo y primer alcalde después de la dictadura respectivamente.
Pascual Coloma Sogorb (1979) Duró muy poquito, pero me acuerdo de él. Trató de “abrir las ventanas”.
José Luis Lassaletta Cano (1979-1991) Un buen alcalde.
Ángel Luna González (1991-1995) Podía haber sido mucho mejor.
Luis Díaz Alperi (1995-2008) Debe tener algo cuando la gente lo ha votado tanto.
Sonia Castedo Ramos (2008) Se está moviendo mucho, es una persona muy lista y de alguna forma ya está dando pasos para intentar ganar las próximas elecciones.
Y esta no fue alcaldesa, pero casi, Etelvina Andreu: Pudo haber sido y no fue, una pena. Ella también tuvo algo de culpa. Mucha gente pensábamos que habría un cambio en las ultimas elecciones…

-¿Tiene la sensación que la radio tradicional esta viéndose relevada por otros medios? ¿Tiene futuro la radio en este mundo de nuevas tecnologías?  ¿Cuál es su lugar? ¿Cuál es el poder comunicativo e informativo de la radio en el Siglo XXI?
Cada día es más importante, la radio tiene futuro, pero viva, en directo… Pero me da la sensación de que cada vez habrá menos gente que trabaje aquí, por cuestiones de negocio. Yo en aquella emisora tenía 5 tecnicos, y aquí hay ahora 2. En el locutorio había 6 personas haciendo continuidad, ahora hay 1… Esto va a menos. Hice un programa todos los sábados durante 35 años, y ahora se hace desde Valencia para todas las emisoras.

-¿Reconoce su voz cuando se escucha a sí mismo? A todos nos pasa que, al escuchar nuestra voz, sentimos que no somos nosotros.
Yo sí me reconozco. Hablo igual fuera que dentro, trato de ser el mismo grabando que no grabando. Eso no sé si es una ventaja o no… al final hay que tener en cuenta que tienes que conseguir una forma de llegar a la gente, usando tu tono habitual, pero si no resulta el apropiado debes buscar el adecuado traicionándote a ti mismo. Yo siempre he tratado de usar el mismo.

-En pocas palabras… ¿qué es para Vicente Hipólito la radio?
Es mi vida. ¿Qué mas puedo decir? No se ahora cuando me jubile qué voy a decir… ¿habrá vida después de la radio?No hace falta que conecte la radio, porque en mi casa siempre está conectada. Mi mujer es una forofa y mi mayor crítica… Esto es bueno, porque en estas cosas debes tener a alguien que te empuje

-¿Cómo se lleva eso de tener una avenida dedicada? ¿Le han parado alguna vez preguntándole como llegar a su calle?
Pues piensas que no es cierto, que no he hecho tanto. Es una satisfacción grandísima.
Sí, me han preguntado donde está alguna vez… la primera vez iba en un taxi y alguien preguntaba por radio dónde estaba mi calle y lo mejor que pude hacer fue disimular, como si no fuera conmigo la cosa.

– ¿Cómo se convive tantos años con la fama? ¿Es difícil compaginarla con la familia y amigos?
Más que fama, es popularidad. Yo lo llevo bien. Lo peor es cuando alguien me saluda y no recuerdo su nombre. Hace que a veces me preocupe por mi memoria (se lo digo a mi mujer), pero es por que son tantas personas… que al final la gente se acuerda de mí pero yo no puedo hacerlo con todos.
Vicente Hipólito, un gran comunicador.
– ¿A qué se va a dedicar ahora que se jubila?
No me voy a alejar mucho. No quiero dar la paliza aquí, pero es mi segunda (o primera) casa. Ahora voy a descansar. El otro día me desperté y me dí cuenta de que podía dormir media hora más. Me estoy buscando unas obligaciones. Me han ofrecido colaborar, pero de momento no quiero comprometerme…
– Aunque podamos imaginar la respuesta, por último… Si pudiera guardar en una cinta (o un mp3) un mensaje al futuro para que fuera escuchado dentro de 100 años, ¿cuál sería?

(Se rie…) Yo les diría, como les digo cada día, que me hagan el favor de ser felices.

 
 
 
                              

ASOCIACIÓN CULTURAL ALICANTE VIVO
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