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En el año 2005 se declara el Parc Natural de Serra Gelada, que ocupa una superficie de 644 ha. de terrenos de los municipios de Benidorm, l’Alfàs del Pi y Altea, así como otras 4920 ha. de superficie marina, convirtiéndose en el primer Parque Natural de ámbito marítimo-terrestre declarado por el gobierno autónomo de la Comunidad Valenciana.

Acantilados: Serra Gelada cae al mar

Geológicamente es un punto de gran interés. Serra Gelada, con su orientación NE-SW, divide las bahías de Benidorm y de Altea, mostrando fuertes desniveles con abruptos acantilados bajo los cuales aparecen dunas fósiles rampantes formadas hace más de cien mil años. Las rocas calcáreas que forman esta sierra, están sometidas al duro ambiente costero, con vientos que arrastran humedad, sales y arena, así como al paso de las lluvias, lo que ha formado una serie de cavidades de diversos tamaños, destacando la Boca de la Balena.

La antigua carretera es ahora uno de los itinerarios.

La Isla de Benidorm (l’Illa) también está incluida en el perímetro protegido, así como otros pequeños islotes, entre ellos, l’Illa Mitjana, al pie de los acantilados.

Vista del sector NE del Parc Natural. Se puede ver el faro de l’Albir.

La riqueza botánica es muy destacable con especies endémicas y amenazadas de extinción (como la Silene hifacensis o algunas especies de Limonium), lo que ha supuesto la declaración de Microrreservas de Flora a l’Illa Mitjana, y dos áreas de la propia sierra, con algo más de 12 ha. No debemos olvidar la presencia importante de importantes praderas (“alguers”) de la fanerógama marina Posidonia oceanica (mal llamada “alga”), una planta que es fundamental en el equilibrio del medio marino.

Espliego.
            
En cuanto a fauna podemos encontrar especies terrestres adaptadas a la vida en áreas de montaña y litorales. Últimamente se está realizando un seguimiento de los delfines en el área del Parque Natural, con numerosas observaciones (ver link al final de este artículo). En las orillas observaremos fácilmente aves como los Cormoranes Grande y Moñudo (Phalacrocorax carbo y P. aristotelis) y varias especies de Gaviotas. En las zonas con más vegetación muchas aves se encuentran ahora sacando adelante sus nidos, mientras que en los roquedos, podemos escuchar el canto de especies como la Collalba Negra (Oenanthe leucura).
En l’Illa de Benidorm se encuentra una de las más importantes colonia de nidificación (más de 500 parejas) del Paíño Común (Hidrobates pelagicus), una pequeña ave de costumbres pelágicas.

La flora es una de las riquezas biológicas de Serra Gelada.
Históricamente hay datos de ocupación de estos territorios desde muy antiguo. Los íberos han dejado restos en yacimientos de Benidorm. En el siglo XVII se comunica al rey Felipe II que la Isla de Benidorm era el mayor refugio de piratas de todo el reino. La posición estratégica de Serra Gelada hizo que se construyeran dos torres vigías para la defensa ante los ataques berberiscos. A principios del siglo XIX, sirvió de “lugar seguro” para varias familias de La Vila Joiosa y de Benidorm que huían de la epidemia de cólera morbo que asolaba la zona.
Existe una explotación de ocre que ya fue iniciada por los fenicios y que llegó hasta principios del siglo XX, pudiéndose observar las minas abiertas y restos de los elementos para el acopio y transporte del material que se realizaba desde la costa.

Minas de ocre.

Uno de los itinerarios que se proponen es el de el faro de l’Albir. Son unas dos horas (ida y vuelta), por un camino asfaltado (cerrado a los vehículos), sin apenas desniveles y que nos permite disfrutar de un magnífico paisaje. En ciertos días y horas, hay que advertir que podemos encontrar a muchos paseantes en el itinerario.

Camino del faro de l´’Albir.
         
Hay que recordar en todo momento que está prohibido acampar, arrojar basuras, encender fuego y recoger especies animales y vegetales. Los perros deben ir atados.

Los insectos están muy activos con la primavera.
                
Se comienza desde un aparcamiento muy cercano a la playa de l’Albir, al que se llega siguiendo la señalización que encontramos desde que dejamos la N-332. Desde aquí seguimos a pie, pasando por una zona de pinar. Junto a unas mesas podemos ver varios ejemplares de Araar o Ciprés de Cartagena (Tetraclinis articulata), una planta con distribución geográfica muy concreta: Norte de África, Sureste de la península ibérica (incluido nuestro Benacantil) e Isla de Malta. También las Jaras (Cistus sp.) dan color al matorral y sirven de alimento a numerosos insectos.

Araar.

Jara.

Pronto rebasamos un túnel y vamos viendo los esplendidos paisajes. A la izquierda se extiende la bahía de Altea, con numerosísimas construcciones, rematada por el Peñón de Ifach y a la derecha, Serra Gelada trepa hasta el cielo.
También parecen querer subir hacia el cielo los gamones (Asphodelus sp.), con sus largas varas rematadas en flores blancas. Entre las rocas brota el “raïm de pastor” (Sedum sediforme) que se conforma con lo mínimo para sobrevivir en cuanto a suelo y agua. Sobre esas rocas podemos ver algunos reptiles que aprovechan el calor solar, como la Lagartija colilarga (Psammodromus algirus). Los lentiscos (Pistacia lentiscus) tienen ahora sus inflorescencias rojas resaltando sobre sus hojas verdes. También es rojiza la Cuscuta o Cabells de Frare (Cuscuta epithymum), una planta parásita que nos recuerda un montón de finos hilos caídos sobre alguna planta.

Gamón.

Cuscuta.
         
Lagartija colilarga.

Raïm de pastor.

El espliego (Lavandula latifolia) aromatiza el aire, mezclado con el de algunos tomillos (Thymus sp.) y es continuamente surcado por insectos y pequeñas aves.

Más insectos buscando alimento en las abundantes flores.

Pronto vemos la gran cueva de la Boca de la Balena, porque eso es lo que recuerda, las fauces de uno de esos gigantes del mar. Algunos descerebrados han decidido que es un buen lugar para unos graffitis. Inmediatamente encontramos el sendero que da acceso a las minas de ocre de las que podemos ver parte de las construcciones y de las excavaciones, así como el terreno cubierto de restos rojizos de ese material que llegan hasta la Caleta de La Mina.

La Boca de la Balena.

El faro de l’Albir lo tenemos casi al alcance de la mano. Ahora, de día, permanece apagado pero, en cuanto cae la noche, emite su destello codificado visible hasta 15 millas. Está vallado y no se permite el acceso. Junto a él, vemos los restos de una torre vigía (Torre Bombarda). En el pequeño barranco que desciende hacia la Caleta de La Mina asoma entre la vegetación los restos del pozo del que se abastecía la familia del farero.

Faro de l’Albir.

Torre Bombarda.

Si nos asomamos al acantilado (muchísima precaución: un descuido aquí tendría consecuencias letales) podremos ver un buen sector de la Serra Gelada, cayendo verticalmente al mar.

Acantilados.

Llegamos al final del itinerario. Ahora volvemos por el mismo camino hasta el aparcamiento donde dejamos el coche. Hemos disfrutado de un par de horas de sol primaveral y de espléndidas vistas de buena parte de la provincia.


Más info:
Parc Natural de Serra Gelada: Paseo de la carretera, 34. 03501 Benidorm, Alicante
Teléfonos: 629 3212 248 – 966 807 879 Fax: 966 831829. serragelada@gva.es
Parcs Naturals.
Avistamientos de delfines.