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Respecto de la nomenclatura urbana, hay un hecho que desde épocas remotas siempre ha sido motivo de controversias y, frecuentemente, de arduas polémicas. Nos referimos al nombre de las calles y su idoneidad en el tiempo.
En principio, la nomenclatura de las calles obedecía, generalmente, a la ubicación de algún estableciendo, lugar, paraje o dirección, lo que facilitaba en gran medida la localización de éstos. De aquí, y aún perdurando las denominaciones tradicionales, se pasó a dedicar los nombres de las calles a personajes ilustres, fechas o acontecimientos de carácter local, provincial, histórico o nacional.

 
                
Sin duda, los motivos que promovieron la dedicación de los nombres de las calles a, como decimos, personajes, hechos…., probablemente se debieron al consenso popular en reconocimiento a determinadas aportaciones a la sociedad de los galardonados.
Desde este Blog se inició, hace ya bastantes fechas, una campaña para cambiar el nombre de determinadas calles dedicadas a personajes que, actualmente, no gozan del respaldo popular y cuyo  perfil no se corresponde con la tendencia actual. Iniciativa a la que me uno, considerando fuera de lugar, toda nomenclatura urbana que tenga vinculación con acontecimientos o personajes derivados de hechos políticos.
No obstante, quiero dejar patente que esta es una opinión personal, ante todo respetuosa y que, también considera muy loable el que se dedique o se cambie el nombre de una calle dedicada a un personaje o circunstancia, que en un determinado momento, bien por popularidad o hechos reconocidos, fue merecedora de tal distinción.

              

Pero ¿hasta cuando se considerará a ese personaje o circunstancia, merecedora de esa distinción? En la zarzuela “La Verbena de la Paloma“, hay una frase que dice “Los tiempos adelantan que es una barbaridad”, y esto viene a cuento de que si a “fulanito o menganito” se les dedicó el nombre de una calle porque eran “muy buenos”, ¿porqué ahora se les quita ese honor diciendo que eran “muy malos” o viceversa?
Evidentemente, esta concepción de méritos está sujeta y se valora según criterios de la situación y la tendencia política del momento, lo que no excluye que los que eran “buenos”, más tarde, “malos”, puedan ser en un futuro, otra vez “buenos” , y siguiendo en el tiempo, se repita la situación, “buenos-malos-buenos-malos-buenos…………..”

 
           
Reiterando una vez más, el carácter de opinión personal, de este artículo, dirijo mis pasos a lo que definimos como “cultura popular” y en este punto la cultura o sabiduría popular ha dado muestras fehacientes de como deben ser los nombres de las calles, eludiendo, consciente o   inconscientemente, connotaciones que en algún momento podrían herir susceptibilidades, evitando con ello multitud de polémicas.
Días atrás llegó a mis manos un folleto editado por el Ayuntamiento de Orihuela, titulado “Nuestras Calles” con el subtítulo de “Un recorrido por el nombre tradicional de las calles más emblemáticas de la ciudad de Orihuela”. A la vista del mismo, el contenido me ha parecido de sumo interés, por lo que no he dudado en escribir estas breves líneas y reproducir el contenido del mismo.

Y para finalizar, lanzo una pregunta:
NOMENCLATURA  URBANA. ¿Tradicional o……….?

 
  
  
  
  
  
  
 

             

MANOLO SERRANO