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En su niñez, severos padres y educadores le imbuyeron ideas sobre lo divino y lo humano que durante toda su vida consideró tan verdaderas e inviolables como las leyes de la Física: El hombre era mejor que la mujer. Los homosexuales eran seres despreciables y abyectos. Todo lo femenino equivalía a debilidad, peligro y pecado, según la moral monopolizada por la Iglesia Católica. Desde el momento de la concepción, el feto era portador de un alma inmortal; así que un aborto temprano era un asesinato. Los sacerdotes, en su totalidad, eran santos y puros. Los militares eran héroes que vigilaban la unidad nacional, y todo lo que hicieran en su nombre sería noble y patriótico. España estaba bendecida por Dios, y los españoles eran superiores a los extranjeros, por su patriotismo, valor e inquebrantable fe católica. Y Dios era incuestionable y no se debía permitir ninguna duda al respecto…
                       
Debe ser muy duro que a los 80 años se te caigan los palos del sombrajo. Debe dar mucho miedo ver que todo es discutible; que el bien supremo ya no es la fe sino la libertad; que el hombre y la mujer son iguales; que todos los seres humanos son respetables, sea cual sea su sexo y sus preferencias sexuales; que se ha denunciado a algunos sacerdotes pederastas; que el asunto del alma y del aborto es cuestión de opinión que no se puede imponer a nadie; que los militares son ciudadanos como todos los demás, cuyo trabajo es la defensa del territorio, siempre a las órdenes del Gobierno, y que los viejos golpistas fueron criminales; que España es una provincia de Europa y que en todos los países cuecen habas…

                       

En el milenario conflicto entre la teocracia cristiana y la democracia clásica, va ganando esta última, verdadero germen del alma europea, gracias al racionalismo, las ciencias y la cultura; y eso lo deja desvalido y enojado. “El mundo está perdido, los jóvenes son unos degenerados…”, grita por Internet, tal como Catón en el Senado, hace ya 22 siglos. Porque cuesta mucho asumir, después de toda una vida en posesión de la verdad absoluta, que estabas equivocado, que la historia te ha puesto en ridículo, que te has quedado obsoleto.

Miguel Ángel Pérez Oca.
Léido en Radio Alicante (02-06-2009)