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Mercadillo de Campoamor. Angel García (AMA)

Cuando a los vendedores que instalaban sus puestos en las calles de Quintana, Velázquez, Capitán Segarra y Calderón de la Barca, y en la avenida de Alfonso el Sabio, se les propuso trasladarse a Campoamor, no les hizo ninguna gracia, en un principio. Numerosos testimonios del rechazo casi unánimes, se encuentran en la Prensa de aquel tiempo.

Sin embargo, tras reconsiderar su postura, concluyeron por aceptar la decisión municipal. En definitiva, era una zona con una considerable influencia comercial en barrios próximos como San Antón, Carolinas Bajas, Los Ángeles, el Altozano, la Plaza de España… No, no estaba nada mal. Incluso podría aumentar la clientela, en un espacio donde se podía comprar «de un cubo de plástico a un kilo de patatas».
Hubo muchos ajetreos en vísperas de la inauguración de lo que se conocería como boutique de Campoamor. El 6 de marzo de 1968, el concejal delegado de Mercados, Jaime Serrano, procedió a la distribución de los terrenos disponibles, para los cuatrocientos vendedores contabilizados. Los servicios de limpieza dejaron el paseo en condiciones. Y al día siguiente, todo aquello se convirtió en una fiesta.

No se cumplieron las previsiones. De modo que tan sólo acudieron a la cita trescientos dos comerciantes, de los cuales doscientos treinta y cuatro lo eran de frutas y hortalizas, y el resto de zapatos, bisutería, flores, mantas… Los vendedores de calzado, en su mayor parte, se negaron a desplegar sus tenderetes en un lugar que no les ofrecía aún las suficientes garantías. Pero los que se instalaron, echaron cuentas y no les había ido nada mal. Un argumento de peso, para convencer a los más remisos.

Los vecinos de las citadas calles y avenidas mostraron su satisfacción. Evidentemente, los ruidos de madrugada, vehículos, descarga de productos y golpes, no les compensaba de las ventajas de tener, tan a mano, productos de consumo cotidiano.

Así que el jueves, 7 de marzo de 1968, comenzó a funcionar el mercado de Campoamor.

Fuente:

Enrique Cerdán Tato. Las Gateras 1993