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“Dios hizo el espíritu de este hombre de un solo diamante elegido y bellísimo, dándole la luminosa transparencia al cerebro y la firmeza heroica al corazón. Su frente se elevó hacia el cielo, encendida por la fe, porque, si dios formó este alma de diamante, no se le otorgó hirsuto limpio y tallado, sino que se le encomendó el glorioso trabajo de pulirlo hasta extraer sus pretendidas lumbres. Figueras ha sido paciente, brioso y sufrido primero y lapidario de sí mismo”
(Gabriel Miró. 1909)

        

 
Ubicación exacta del nicho donde descansan los restos de D. Francisco Figueras Pacheco. Fotografía de Juan José Amores Liza©

                

Nuestro entrevistado de hoy descansa en un  pequeño nicho, roto, sucio y olvidado, del Cementerio Municipal de Alicante. Los miembros de la Asociación Cultural Alicante Vivo lo hemos encontrado casi por casualidad, gracias a la ayuda de un funcionario del Ayuntamiento que ha revisado en el ordenador del Camposanto su nombre y apellidos, su número, grupo y piso exacto.

                
Nicho 1604. Grupo 107. Piso 2º

Su nombre es Francisco. De apellidos, Figueras Pacheco.
   

La gran labor realizada por D. Francisco en vida, en pro de nuestra historia y cultura, contrasta con el nefasto respeto que los alicantinos le profesamos en la actualidad.  Su nicho está casi ilegible, con las escuetas letras borradas y tapadas por un gran manto de polvo. No hay flores. No hay visitas. Sólo silencio. El silencio plomizo de una calurosa tarde de verano. Hemos tenido que limpiar con nuestras manos la placa de piedra, con el corazón encogido, las lágrimas en los ojos y los nervios a flor de piel. 
      
Ahí dentro descansa el señor Figueras Pacheco.

  
Nuestro Cronista Oficial.

Creemos que es un buen momento para hacerle una entrevista póstuma. Quizá, únicamente, el pequeño recuerdo y homenaje que una asociación cultural podría hacerle a uno de sus maestros y fuentes de inspiración.

“Esto es para usted, D. Francisco. Esté donde esté, seguro que nos estará viendo”.

No llueve. Estamos a 35 grados.
 
Pero al fondo, en el cielo azul que tanto le maravilló y acompañó incluso en sus años de oscuridad,  vemos el arco iris. Y él también lo ve.

Descanse en paz.

             

AV: ¿Cuándo nació D. Francisco Figueras Pacheco?
Nací el 13 de Diciembre de 1880, en Alicante. Recuerdo que la ciudad se preparaba para la industrialización, derribando sus murallas y comenzando su expansión. Supongo que algo completamente diferente a lo que se vive ahora, aunque no por ello mejor.

               

AV: ¿Qué nos puede decir de su familia?
Mi padre, Francisco Figueras Bushell, era un hombre muy culto. Amaba su barrio, Benalúa, hasta el punto de hacer varios escritos sobre él. Por desgracia, mi padre también se quedó completamente ciego cuando yo tenía cinco años, casi al mismo tiempo que me quedé huerfano de madre. Siempre se ha dicho que yo tenía un genio muy fuerte, pero creo que fue la mejor forma de afrontar las adversidades que recibí de la vida.

           

AV: ¿Cómo pudo superar con tanta valentía a su propia ceguera?
Tengo que decir que siempre estuve feliz por haber gozado de la luz y de los colores durante una buena parte de mi vida. Quizá, la parte que más se disfruta: la juventud. Es curioso que naciera el día de Santa Lucía, patrona de los ciegos. Ella, a fin de cuentas, me permitió disfrutar del maravilloso cielo azul de Alicante durante casi 18 años.

              

AV: Háblenos de sus primeros años como estudiante.
Nunca fui un alumno destacado. Estudiaba lo justito y dedicaba la mayor parte de mi tiempo al juego y la diversión. Antes de ingresar en el Instituto de Alicante (en donde estudié aún menos que en la escuela primaria), realicé mis diabluras en Novelda, en el Colegio Inmaculada Concepción. Cansado de las exigencias de los profesores, me dedicaba a hacer novillos y fugarme de las clases; de todas, menos de las de Física. 
Recuerdo que cuando el maestro miraba a otro lado, yo abría los libros e intentaba leerlos acercándome a ellos completamente, lo que a menudo me resultaba imposible. Mis ojos nunca estuvieron completamente sanos.

                   

AV: ¿Qué recuerdos conserva de su etapa posterior?
En bachillerato recuerdo a D. Hermenegildo Giner de los Ríos, el profesor que más y mejor influyó en mi vida. Luego, en  1896, inicié  la carrera de Derecho, en la Universidad de Valencia. Fue entonces cuando me sobrevino la ceguera. “Paciencia y adelante”, me decía, pues cuando la vida es más hermosa para un chaval, tuve que visitar decenas de médicos que no pudieron ayudarme.  
Un buen día, simplemente, llegó la oscuridad
Pero si de algo estoy orgulloso es de haber tenido a mi lado siempre a mi hermana Matilde Figueras Pacheco, que me leía los complicados libros de texto para que pudiera asimilarlos. Ella fue mi amiga y consejera hasta el fin de los días. Y gracias a Matilde,  me licencié. Era el año 1907. 
Tras la licenciatura, llegó mi doctorado, obtenido en Madrid, en 1910, con la tesis “Filosofia de la Guerra”.

  

       

AV: Nos gustaría saber más cosas de su cargo como  Cronista Oficial.
Quizá sea la etapa más llamativa de mi vida, y por la que la gente más me recuerda. D. Rafael Viravens i Pastor había fallecido en 1908, y el día 24 de julio de ese mismo año, mientras preparaba mi doctorado, fui nombrado para ejercerlo. En ello me ayudó  mucho D. Ponce de la Sierra, que me dedicaba grandes (e inmerecidas) loas en sus artículos de prensa. Unos años después, en 1931 y por acuerdo municipal, se convirtió en un cargo vitalicio, que ejercí toda mi vida con fe y dedicación.

     

AV: Ya sabemos que su cuna fue Alicante. Pero, ¿en qué lugar exacto decidió hospedarse para ejercer su vida privada y laboral?
Por supuesto y sin dudarlo, en Benalúa. El barrio de mis ueños se había empezado  a construir  cuatro años después de mi nacimiento, por lo que estábamos unidos inexorablemente. Y,  más concretamente, en la calle Dr. Just, 51.

                   

AV: ¿Cuál es su momento más amargo?
Bueno… aparte de la llegada de la oscuridad a mis ojos, el día en que se me denegó aspirar a una Cátedra Universitaria, uno de mis sueños. Me había preparado para ello, con la ayuda de mi mentor D. Hermenegildo Giner de los Rios. La normativa de entonces me lo impedía hacerlo, es cierto, pero él me daba ánimos con ejemplos de países en el extranjero que sí se había conseguido. Mi amigo D. José Francos pidió al Parlamento la disposición legal para que pudiera cursar Cátedra. Pero de nada sirvió. Cuando el Ministro Amalio Jimeno se enteró que me presentaba por la Universidad de Valladolid, dictó una Real Orden del 12 de enero de 1912 para impedir que un ciego lo consiguiera.

         

AV: ¿Y qué hizo usted?
Pues intentar sobreponerme a otro golpe de la vida con la única forma que sabía hacerlo: estudiando otra carrera universitaria. En esta ocasión, Geografía e Historia. Y fue entonces cuando descubrí que esa era mi gran pasión. 

               

               
AV: ¿En qué sentido fue su gran pasión?
Al regresar a Alicante, el Doctor Francisco Carreras me encargó la redacción de un libro sobre la provincia de Alicante que pudiera enmarcarse dentro de una  “Geografía general del Reino de Valencia”. Recorrí pueblo a pueblo toda la provincia, y conseguí escribir ni más ni menos que un volumen de más de 1200 páginas sobre el tema, que se publicaría en 1914. No sólo fue la obra más importante para mí, sino que conseguí jubilar a los políticos y filósofos de mi vida anterior para dar paso a un ejército de geógrafos, arqueólogos e historiadores. 
Era un nuevo horizonte que se abría ante mis ojos -suponemos que D,. Francisco sonríe con la ironía-  y por el que discurriría mi nueva vida laboral.

         

AV: ¿Y cuál ha sido su momento más dulce?
Recuerdo con mucho cariño el año 1909. En enero, pronuncié un discurso en el Teatro Principal de Alicante como mantenedor de los juegos florales, bajo la presidencia de Su Majestad el Rey Alfonso XIII. Tuve el honor de ser presentado con tal motivo

                          

AV: Usted ha sido un hombre culto; un humanista de su época que perteneció a múltiples instituciones, ¿no es cierto?
En realidad, yo sólo quise hacer siempre bien mi trabajo. Pero es verdad que fui miembro de la Real Academia de Historia, la Institución Fernán González, el Instituto de Estudios Alicantinos, la Institución Alfonso V el Magnánimo, lo Rat Penat, la Comisión Provincial de Monumentos de Alicante y presidente del Ateneo Cultural de Alicante, entre otras.

                    

AV: Y allí compartió cargo con su gran amigo, D. Gabriel Miró.
Sí. Estuvimos desde 1930 hasta 1931. A él me unía una gran amistad desde nuestros años de estudiante. En 1898 iniciamos nuestra primera empresa intelectual de cierta envergadura: la revista “El Íbero”.  Duró un lustro, hasta 1903, en que desapareció. Y aquello tuvo que ser un milagro, porque mis primeros escritos eran aún peores que los últimos.
                
AV: Usted habla de “milagro”. Don Francisco, siempre hemos tenido una pequeña duda. ¿Era usted creyente?
Mucho. Como el que más.

         

AV: En cambio, también era un republicano convencido.
Bueno… se podría decir así, lo cual me reportó más problemas que alegrías. En verdad, siempre he sido un demócrata en política, y he considerado la democracia como el régimen definitivo del mundo bajo el imperio de los Evangelios. Mi actitud como liberal  era un soplo de oxígeno en mis pulmones. Jamás fue de mi agrado el progreso humano impuesto a puñetazos.
          

AV: Su faceta como arqueólogo e historiador es fascinante.¿Qué resumen haría de ambas?
Quizá una de las cosas que más sorprendiera de mi trabajo fueran las críticas que hice del escudo de Alicante en 1928. Nunca estuve conforme que “I.C.A.I.” correspondiera a nuestra ciudad, sino más bien a Elche: “Colonia Iulia Ilice Augusta”. Yo propuse “A.L.L.A.” para reemplazarlas: “Acra Leuka Lucentum Alicante”, siglas que se acabaron por aprobar en 1940.
Respecto a mi labor como arqueólogo, trabajé en Javea y en El Campello, en la Illeta dels Banyets, pero me siento muy orgulloso de haber dirigido las excavaciones en el Tossal de Manises hasta que estalló la Guerra.

            

              

AV: ¿Es cierta la anécdota que se cuenta del Congreso de Arqueología?
Nunca me avergoncé ni me doblegué ante mi ceguera. Por el contrario, fue el arma que ayudó a superarme laboral e intelectualmente. En aquel Congreso, durante la visita a las excavaciones en el Tossal de Manises, me dirigía a los asistentes con un “Aquí vemos…” Algunos se reían abiertamente, pero otros permanecían mudos sin saber cómo actuar ante esas palabras pronunciadas por un ciego.

             

AV: Seguro que tiene muchas más. Por favor, D. Francisco, cuéntenos otra anécdota.
Siempre tuve un tacto muy sensible. Desconozco si ese tacto surgió a raiz de mi ceguera o ya era innato en mi persona. La cuestión es que de tanto tocar las piezas de barro y arcilla, llegó un momento en que era capaz de diferenciar o datar su época con sólo tocarlas.

             

AV: ¿Y su mal genio?
¡Aaaaaay, mi caracter! El mismo que tanto me ayudó a superar los problemas de mi niñez, suponía en ocasiones disgustos a los peones y excavadores que trabajaban conmigo. Era rígido y severo con ellos, pero la adquisición y clasificación de todas aquellas piezas en el Tossal de Manises fue la base de todos los trabajos que hice después. Un arqueólogo vive y muere por arañar la tierra en busca de las raíces de nuestra historia.

         
AV: Su faceta literaria también es asombrosa

“Aprendiz de todo pero profesor de nada”. Trabajé para diversos periódicos y revistas, pude escribir bastantes libros de toda índole, desde “Historia del turrón y propiedades del de Jijona y Alicante” hasta “Arqueología levantina”, algunas obras teatrales, una ópera llamada “Ismail de Granada” junto a mi buen amigo Oscar Esplá y, en momentos de tranquilidad laboral y espiritual, poesías.

                

AV: ¿Podría recitarnos un fragmento?
“Oh, campana, campana; si así logras unir los corazones, tu voz, aunque resuene áspera y dura, tu voz es un acorde”.
Como en realidad nunca supe nada, siempre quise aprender de todo. La poesía me atraía mucho, y por eso hice mis pinitos en este género literario, pero siempre como sucedáneo o acompañamiento de la música. En realidad, lo que más me fastidiaba de la ceguera y no resulta nada poético, era que no pude disfrutar de los rostros de las bellas muchachas alicantinas. Lo demás de la vida….. no vale casi tres clavos.

                    

AV: ¿Qué siente cuando recuerda la Guerra Civil?
Supongo que lo mismo que todos aquellos que padecieron aquellos aciagos años. Durante la crisis de la Monarquía, me decanté por un cambio político pacífico. En el Ateneo di varias conferencias sobre ese tema. Pero las autoridades franquistas, una vez acabada la contienda, nunca olvidaron mi amistad con Niceto Alcalá Zamora, ni mi nombramiento como secretario del Museo Arqueológico Provincial de Alicante. Me acusaron de “izquierdista”.

            

AV: ¿Y qué ocurrió con su cargo de Cronista?
El expediente de responsabilidades politicas fue sobreseído en Madrid, y pude conservar mi cargo. Aproveché entonces para recluirme en mi casa de Benalúa y clasificar todas las piezas y los objetos arqueológicos que tenía almacenados durante años.

              

     

AV: ¿Sabe que aún no tiene su merecida Medalla de Oro? ¿Ni siquiera un título de “Hijo Predilecto de Alicante”?
Como ya le dije en su día al gran D. Vicente Martínez Morellá -Figueras Pacheco no sabe que Morellá  fue su sucesor en el cargo de Cronista tras su muerte-, cuando el Ayuntamiento solicitó una medalla para mí en el año 1957, yo no me la merecía. Independientemente que fuera paralizada después por el Ministerio de la Gobernación, yo trabajé desde mi juventud en esta ciudad que tanto amaba, y para mi fue un placer hacerlo. Nunca quise una recompensa más allá de la satisfacción personal de ser un buen funcionario del municipio y buen alicantino.

AV: Aún así, nosotros se la hemos vuelto a solicitar

Ojalá con ella se consiga mantener viva la llama de nuestra historia y nuestra cultura.
                

AV: No queremos molestarle más. Es usted uno de nuestros grandes ilustres, y su vida no sólo debe ser contada una y otra vez a los jóvenes, sino que es el reflejo y el paradigma de la superación y la lucha a través del estudio y el trabajo. Tenemos un instituto con su nombre, una calle, e incluso una sala en el nuevo Museo Arqueológico. ¿Qué le diría a las generaciones futuras?
Que nunca pierdan la fuerza y la fe en lo que están haciendo. Que tengan tesón y voluntad en superar todas las piedras que se encuentren en el camino, por grandes que sean. Yo luché contra las sombras, pero al final siempre localizaba el arco iris encima de una cruz.

              

AV: Don Francisco… Nunca olvide, esté donde esté, que su llama sigue viva y que es usted un referente y una fuente de admiración para todos nosotros.

 
  
Juan José Amores, presidente y miembro de la A.C. Alicante Vivo,  limpia con las manos la sucia y desvencijada lápida de piedra. La fecha de su fallecimiento ahora sí se puede leer con claridad: “Francisco Figueras Pacheco. Cronista de la Ciudad. 21-03-1960. Descanse en Paz”

Es hora de irnos.
                    
El día empieza a menguar y las sombras alargadas de los cipreses se adueñan del Cementerio. Pronto vendrá el funcionario municipal y nos informará que las puertas del Camposanto se van a cerrar.
                   
El doctor Francisco Figueras Pacheco murió el 21 de marzo de 1960, a la edad de 79 años, tras una vida digna de la que todos podemos aprender muchas cosas. Alicante distaba en esa década mucho de la ciudad que él conoció cuando era joven: ahora se entregaba a las fauces de la construcción descontrolada, que trataría de destruir, entre otras cosas, el yacimiento que él estudió con tanto cariño: el Tossal de Manises. Por desgracia, D. Francisco tuvo otro duro golpe un año después de su fallecimiento: el 24 de octubre de 1961, el Tossal de Manises fue declarado Monumento Histórico Nacional; ni siquiera eso fue capaz de ver en vida.
               
 
 
     
En el centenario de su nacimiento, la Caja de Ahorros de Alicante  y Murcia le rindió un homenaje en la que fuera su casa de Benalúa, colocando una placa conmemorativa que aún hoy podemos ver. 
                         
Aquel hombre, cuyo instinto de superación , fuerza de voluntad y capacidad de trabajo es la figura que Dña. Raquel Royo, directora del IES que lleva su nombre, ejemplifica a los nuevos alumnos que ingresan en el Centro, investigó y trabajó mientras daba rienda suelta a sus sueños personales, encaminándolos hacia la poesía, la ciencia, la arqueología, el ensayo y, sobre todo, el amor hacia Alicante.
                      
Los trámites para la Medalla de Oro que inició D. Agatángelo Soler con la ayuda de D. Vicente Martinez Morellá, en 1957, creemos que aún siguen paralizados. Por ello, la Asociación Cultural Alicante Vivo ya solicitó en su día por escrito a la Excma. Sra Alcaldesa, información al respecto y, si procede, la conclusión de los trámites y la entrega oficial de tal distinción. Fue una propuesta llevada a cabo junto a los profesores y docentes del IES Figueras Pacheco.
                 
Hasta el momento, no hemos tenido respuesta.
                 
Si hay alguien en el pasado, presente y futuro de Alicante que necesita un reconocimiento, no ya por él, sino por nosotros mismos, ese es D. Francisco. Soñó, poetizó, alumbró caminos científicos paralelos a los espirituales y acendró su amor hacia la “terreta”.
                  
¿Acaso no es suficiente?
                            
Mientras atravesamos la puerta principal del Cementerio, bajo la atenta mirada de la gente que mira nuestra cámara fotográfica y papeles, recordamos una de sus últimas palabras:
                

“Sin duda es, que en los cielos están ya perdonados las deudas de mis siete pecados capitales. El valle entra en las sombras, está espirando el día, recógense en las cumbres el último arrebol, se acerca la hora extrema de la existencia mía “Señor”, a ti me entrego, se está poniendo el sol”.
            

Fuentes Consultadas:
-Francisco Figueras Pacheco: Genio y Figura (Alicante Vivo)
-Benaluenses Ilustres: Francisco Figueras Pacheco (Barrio de Benalúa)
-I.E.S. Figueras Pacheco
-Autobiografía de Francisco Figueras Pacheco

JUAN JOSÉ AMORES LIZA y ALFREDO CAMPELLO QUEREDA