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Siempre es un placer repasar ese gran libro sobre la Historia de nuestra ciudad, titulado “Theoria del Lucentismo rancio et radical” (cuya traducción de su latín original bien podría ser “Breve Historia de Alicante… en Coña Marinera”). Como ya os hemos contado en otras ocasiones, sus autores Alfredisvinto Caepelo y Johannis J. Amoribus se acercaron de una manera fiel y exhaustiva a los orígenes de la “terreta”, mostrando una visión hasta ahora desconocida de Alicante.

Hoy, gracias a la colaboración de otros dos grandes historiadores, Angelus L. Valerio y Eliapolis Gomiscum, descubrimos que la ladera del Benacantil no tuvo siempre el mismo rostro (del “moro”) esculpido en la roca. Por el contrario, en las últimas décadas, un equipo profesional de escultores con la última tecnología en arquitectura y construcción, ha ido modelando la montaña con muchas caras, siempre a gusto de aquellos que han gobernado nuestro país o nuestra ciudad. Por suerte, en la actualidad prevalece la cordura (ejem…) y se ha recuperado el rostro de antaño, para gusto y regusto de propios y extraños. Pero… ¿qué podría ocurrir mañana? Los designios de Castedo son inexcrutables

Nos guste o no, estas frecuentes modificaciones de aspecto forman parte ya de nuestro pasado más legendario, por lo que es justo que hablemos de ello; además, muchos alicantinos no se creerán nuestras palabras, por lo que les adjuntamos a continuación el capítulo íntegro del libro, tal y como aparece en su capitulo 600, página 23.564 (bis).

Primera fotografía conocida de nuestra historia. En ella, vemos la “Cara del Cromañón”, aún sin la fortaleza en lo alto, en tiempos de los dinosaurios (El bicharraco de la derecha no es Sara Montiel). Fotografía de Pedro Picapiedra, extraída del periódico “Rocadura News”, tras ser aprobada por el veterano Ministro de Información, Manuel Fragasaurio

La “Cara del Moro”, tal y como todos los habitantes del siglo XXI la recordamos.

“En la década de 1920, un nutrido grupo de escultores, arquitectos, ingenieros y políticos alicantinos, decidió usar la ladera del Monte Benacantil para esculpir los diversos rostros de todas aquellas personalidades y eminencias que destacaban en la Historia y Cultura de España. “Estoy hasta las gónadas de ver siempre la misma “Cara del Moro” allí arriba”, había dicho el Alcalde, señalando el Castillo de Santa Bárbara. “A partir de hoy, iremos cambiando paulatinamente la imagen emblemática de nuestra ciudad. El “Moro” debe desaparecer porque muchos ilustres se merecen el alto privilegio de ser esculpidos en nuestras rocas”.

Y así fue.
           
Tras un complejo Concurso de Ideas, destinado a seleccionar al mejor artista plástico o dibujante alicantino, el jurado tuvo que emigrar a otros paises del mundo en busca de la persona indicada para tan magno proyecto. Al parecer, en Alicante no había nadie que ofreciera las mínimas garantías para hacer bien el trabajo.

Por suerte, los organizadores del evento encontraron a dos artistas nipones, bien curtidos en las Bellas Artes chinas, que daban con el perfil indicado. Sus innovadores diseños y sus revolucionarios proyectos de arquitectura presentados al Concurso de Ideas no dejaban el menor rastro de duda para el jurado:

Los innovadores planos y diseños de los nipones, correctamente dibujados a escala

Sus revolucionarios proyectos de arquitectura, llevados a la práctica en organismos y edificios oficiales chinos

Sus autores se llamaban D. Eustaquio Rebollo y D. Ildefonso Gómez y, a pesar de sus extraños nombres, ambos pertenecían a la Academia de Bellas Artes “Lapicelos de Cololes”, de Pekín.

La entrega del Premio del Concurso de Ideas fue un acto sencillo y emotivo, que sirvió a toda la prensa alicantina y medios de comunicación locales para conocer a los futuros encargados de dar vida a los nuevos rostros del Benacantil. Hubo una máxima expectación, no exenta de un banquete oficial, organizado por todo lo alto y presidido por el propio Alcalde de nuestra ciudad y demás vividores miembros del Ayuntamiento.

Los arquitectos, ante los medios de comunicación

Menú del Banquete Oficial alicantino. Carnes nacionales, pan de pueblo, bebidas espirituosas y productos de la Huerta

Pocos días después de la Presentación Oficial, los arquitectos nipones firmaron un contrato “en prácticas” con el Consistorio de Alicante y comenzaron las obras de remodelación del monte. No era un trabajo sencillo, a pesar de contar con las herramientas de última generación.

Primera toma de contacto con el terreno.

El Ayuntamiento puso a disposición de los nipones las herramientas de última generación. ¡Cosa fina, oiga!

En unos meses, toda la ciudad pudo admirar las obras de escultura llevadas a cabo en el Castillo. Día a día y noche a noche, los operarios plasmaban su arte en la roca. Durante aquellos años que trabajaron para el Ayuntamiento, fueron muchos los rostros emblemáticos que sustituyeron al “Moro” y desfilaron por el Monte Benacantil.

Aquí vemos unos cuántos ejemplos, tal y como aparecen en la hemeroteca de la época:
             

5 de abril de 1927. Muere el Dr. Rico. Alicante decide rendir homenaje a tan ilustre galeno

      

25 de Mayo de 1938. El día en que las bombas golpearon los cimientos de Alicante. Dicen que la “Cara del Moro” lloró aquella mañana, cuando una escuadra de aviones fascistas bombardeó el Mercado Central de Alicante, repleto de civiles en busca de algo que comer. En su memoria pétrea, lo recordaron con cariño los arquitectos.

Finalizada la Guerra Civil, al primer ayuntamiento franquista no le hizo mucha gracia el abstracto reconocimiento a las víctimas civiles del bombardeo del Mercado Central. Obligó a los operarios chinos (rojos peligrosos) a que lo quitaran, castigándoles sin sueldo durante más de 1 año. Los artistas fueron a una huelga indefinida durante la cual no hubo ningún rostro en nuestra montaña. 
         

Llegados a un acuerdo laboral con el Sindicato de la Ceja, y tras un largo “proceso democrático apoyado por el pueblo” (basta ver la fotografía superior) en el que  Paca la Culona  Franco fue elegido Caudillo D´España en 1939, los arquitectos pactaron la paz con el Ayuntamiento

         

1940. Francisco Figueras Pacheco continúa sus excavanciones en el Tossal de Manises y en la Illeta de El Campello. Funda las bases y los orígenes de Alicante
   

En 1960, comienza la época dorada del cine “Aspañol”, con personajes tan destacados como Antonio Ozores y Alfredo Landa. Sus rostros son esculpidos en años consecutivos.

         

En 1968,  Franco les envía un encargo especial: la gran artista apodada Massiel había ganado el Festival de Eurovisión y era un buen momento para que Alicante le rindiera los licores honores merecidos.
      

1980. Las salas de cine españolas se llenan de películas de tetas, culos,  Pajares y Esteso. “Los bingeros”, “Yo hice a Roque (Moreno) III”, “Los Chulos”, “Agítese antes de usarla”… y un largo etcétera hasta sumar casi 20 películas dignas del mejor cine de Hitchcock

Aquel 23-F de 1981 sólo duró unas horas. Pero fue lo suficientemente importante para nuestra historia como para plasmar la cara (dura) del ex-Teniente Coronel Antonio Tejero, en el Benacantil. “To Er Mundo al Suelo”
     

17 de mayo de 1986. Fallece el gran mosaista y escultor del fuego, D. Gastón Castelló Bravo. Al igual que se hizo con el Dr. Rico, los arquitectos chinos lo homenajean en la roca

1994. El programa de Antena 3 “Genio y figura” nos da a conocer a un artista entre los artistas: Gregorio Esteban Sánchez Fernández, alias “Chiquito de la Calzada”. ¿Qué pecador de la pradera no hubiera querido tenerlo en el Benacantil por los siglos de los siglos?


Año 2005. María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart, la duquesa de Alba, cumple 80 años. ¡Ale….; p´al Castillo!


Elecciones generales del 2008. Sin comentarios….


Lógico y normal. La tercera (y dale) mujer alcaldesa de Alicante debía ostentar tan alto privilegio en nuestra ciudad. Su rostro no duró mucho, pues pronto se descubrió que había sido elegida “a dedo” (con perdón)

El señor Roca Moreno (perdón, Roque Moreno), ganó el “Premio Alcoyano”, destinado a reconocer el exceso de moral y utopia de un político. Sus sueños y aspiraciones a ocupar la alcaldía antes del año 3012 no pasaron desapercibidos para los arquitectos chinos

Cuando presentaron este trabajo, se pensó que por el bien de Alicante y de sus miles de años de historia, no era conveniente dejar estos rostros tan feos en la ladera, por mucho que trajerán el Monte Rushmore de “loramericanor”. Y aunque necesitaron muchos kilos de dinamita para arrancar esas barbillas y narices de la roca, al final lo consiguieron

El futuro tampoco lo plasmaron muy bien, que digamos. Quién sabe qué ilustre miembro de la sociedad alicantina o universal del futuro vería su sabia y serena faz en la Cara del Moro. Seguro que sería alguien que hubiera hecho mucho por los alicantinos, modelo de comportamiento y de conducta irreprochable… o no.  (Los arquitectos no encontraron a nadie destacable)

Y ahora se preguntarán ustedes… ¿Dónde están los arquitectos chinos? ¿Qué ocurrió con los trabajadores nipones tras finalizar su contrato?

Pues, por extraño que parezca, aún siguen ahí. Fue tanta su pasión y amor por el trabajo, que decidieron quedarse en el Benacantil el resto de sus días. Si en la actualidad, paseando por la Ereta o el Postiguet dirigimos la mirada hacia el macho del Castillo, aún podemos ver la esbelta y juvenil silueta de los arquitectos saludando desde lo alto.

Y es que, como dice aquel, “algo bueno debe tener el agua cuando la bendicen”. O, mejor que el agua, esta tierra, de la que nadie quiere marcharse nunca.

       

Elías Gomis

Angel L. Valero
Juan José Amores
Alfredo Campello