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El día amenaza lluvia. Tengo la mañana libre y quiero aprovechar para ver como marcha la recuperación de determinadas zonas de la Fortaleza ubicada en el Monte Benacantil.

Salgo de casa con la cámara y una chupa para la lluvia. Tardo cincuenta minutos desde San Blas al macho del Castell. Hago algunas fotos. Por supuesto, la primera se localiza al inicio de la futura Cuesta/Ronda del Alcaide Nicolás Peris.

Las gotillas no molestan, más bien estimulan.

La vista norte del Benacantil, entre la humedad y el verde, parece otra cosa. Es un pulmón denso y hermoso. ¡Cuantos recuerdos!

                
La llegada al control me permite fotografiar los muros restaurados en época de Lassaletta. Estos muros fueron reforzados ante el grave deterioro de la roca. En el centro de la foto vemos la antigua entrada a la fortaleza. La ladera, verde como hacia mucho que no la veía, formaba en tiempos previos a la construcción de la carretera el acceso a la puerta enrejada.

Pasado el Baluarte del Bon Repós, encontramos la puerta y el Puesto de Guardia. Tres ella, espero comenzar a ver los nuevos trabajos de recuperación.

Arrecia la llovizna, pero la vista de las Ruinas de la Ermita de Santa Barbara atrae mi atención. Un trabajo muy pulcro y un sistema de andamios y seguridad correctísimos, envuelven los arcos que hasta hace poco descasaban en el suelo. No puedo evitar mi trabajo como prevencionista. Rodeo tres veces la obra.

         
Bien asegurados, los técnicos (este trabajo no lo hace cualquiera) colocan piedra sobre piedra con esmero. Un inciso. La labor que encierra riesgo sirve para medir la calidad del trabajo. Es decir, la prevención vende y yo siempre me fijo en esos detalles. Hacer un buen trabajo conlleva el respeto a la normas de la prevención de riesgos. Es mi opinión… y por eso lo resalto.

Sigue lloviendo y aún así, los ingleses ascienden al Castillo. Evito cuanto puedo sacarlos en las fotos. No por su presencia, por supuesto. ¡Sean bienvenidos! Mi intención es centrarme en descubrir los cambios y, en efecto, sobre el Baluarte de Santa Ana y tras la Ermita de Santa Barbara, descubro una novedad.

La lluvia obliga a bajar a los operarios. Tras el andamiaje veo una estructura nueva. Es la cafetería. Aún no funciona. Su ubicación es perfecta. No sobresale de las murallas del Castillo, ni los aseos próximos tampoco. Son edificios evidentemente desmontables y que han liberado los bajos de la Torre del Homenaje.

            
Aún se trabaja en la zona. Unos operarios colocan una llave de paso y su correspondiente protección. De estar abierto, me habría sentado a disfrutar de las vistas y a protegerme de la llovizna. Lo haré en cuanto se abra.

Asciendo un poco para comprobar el impacto visual de la edificación. Me parece bien. Mucho mejor que el desechado restaurante de hierro y cristal para dos mil comensales. Proyecto totalmente imposible, entre muchas cosas, por no poder cumplir determinadas normas de seguridad sin alterar la estructura del castillo.

Aprovecho para fotografiar desde abajo, cerca del foso, la Torreta o Torre del Homenaje. La recuperación la ha dirigido el prestigioso arquitecto Marius Bevia. Como ya he dicho, en sus bajos ya no están ni los aseos ni la tienda de recuerdos. Mejor, ahora tienen otro lugar más apropiado.

Al otro lado de la puerta, unos cristales protegen del acceso incontrolado a las dependencias de la Torreta.

Por supuesto, sobre la puerta, se ha conservado la imagen de la Santa Faz.

Deshago parte del camino y me dirijo a las ruinas de la Tahona del Castillo. Esta zona ha sido adecentada por el personal de mantenimiento del lugar. Me consta el esmero de esta gente… y sus resultados pueden verse. La zona ha sido limpiada de la maleza que cubría las piedras de molino y las zonas de trabajo y almacenamiento de la harina. La primitiva muralla de este apartado rincón sirve de acomodo para numerosas gaviotas que casi ni se inmutan ante mi presencia.

Las gaviotas han elegido una buena perspectiva de nuestro puerto.

Bueno… los viejos cagaderos forman parte de la muralla. Por allí se fugó el famoso delincuente apodado “el Coca”. Nada que ver conmigo en cuanto al apellido. Por supuesto.

La tahona en sí es muy interesante. Vemos las dos piedras que debían haber por cada hueco. Vemos los huecos y las piedras que servían de base al eje sobre el que giraban estas.

El cuidado trabajo de recuperación y mantenimiento de la zona nos permite formarnos una idea muy clara de lo que fue la Tahona.

Vemos las piedras de molino y los accesos a los depósitos, con su embudo de piedra. Debajo existe un pasaje donde se colocaban los cestos, barricas, sacos, espuertas, etc con que se recogía el producto de los molinos. Repito, la maleza impedía la vista de esta maravilla. Un castillo no es solo murallas. Sus habitantes necesitaban de muchos servicios para poder cumplir su función.

Justo al lado de la Tahona, encontramos el almacén de pólvora y dos curiosas estructuras cilíndricas. Una está en ruina total. La otra, la de la foto, se conserva perfectamente. Están sobre el nivel del Almacén de la Pólvora. Son una especie de pararrayos, pues en su interior, en la parte alta, se ubica un aro de hierro. Su objetivo, atraer cualquier rayo que pudiera dañar el almacenamiento de tan peligroso producto.

Retorno a la zona de acceso al Baluarte del Almirante. Antes de llegar a las antiguas cocinas y en una zona verde, abrazado por salvia y alguna pequeña palmera, encuentro el despuntado monumento a nuestro querido Alcaide Nicolás Peris. Espero verlo pronto recompuesto.

Atravieso de nuevo el foso y la muralla antigua recién recuperada. No puedo evitarlo. En cuanto desaparecen unos visitantes del encuadre, disparo nuevamente la cámara.

Llego de nuevo al Macho. Unos operarios trabajan en las antenas. Algunos cables pasan por las almenas. Pero a pesar de ellos, Alacant me parece preciosa. Que le voy a hacer. Soy un romántico.

Las gaviotas parecen posar sobre las garitas. El tiempo lluvioso le da un color especial a la piedra. Y al aire y al mar.

Juro que tanto el camino de acceso como el Castillo incluido el Macho estaba lleno de turistas. Curiosamente eran los mejor equipados. Sus chupas impermeables, su equipo de fotografía, sus guias de bolsillo, incluso alguna señora mayor se apoyaba en los típicos bastones extensibles. Daba gozo verlos. Pero yo no iba de turistas. Iba a por mi Castillo.

El vacío dejado por la Mina y sus piedras ennegrecidas siempre me han atraído.

Es casi la hora de comer. Llueve y los técnicos bajan. Queda algún cable que otro. Y a pesar de parecer, de ser, un aparcamiento de yates, el puerto me encanta.

Próximo al Baluarte de la Mina y bajo justo del Macho, vemos las ruinas de una iglesia, quizás la más antigua de la fortaleza.

Grafiti hecho por Francisco Oca Sotes, preso en el Castillo en la fecha indicada bajo el dibujo. Francisco era nieto del Teniente Coronel Eusebio Oca Ayala, era hijo de Ramon Oca, médico y contertulio de Agatangelo Soler. Preso por su militancia en el Partido Comunista.

Sigo rodeando el Macho y la lluvia lo mismo arrecia que parece parar. Fotografio la carretera de acceso. Pienso en Nicolas Peris… quizá muy pronto

Los cañones y las gaviotas son los huéspedes eternos de la cumbre. Comienza a salir un tímido sol y decido asomarme a fotografiar los resultados de la cirugia estética hecha a la Cara del Moro.

Se aprecia la linea de la muralla antes de ser almenada. Incluso se aprecia el diferente tipo de piedra. Un detalle llama mi atención: un tubo negro de polipropileno sale más de metro y medio del muro. Es el desague de la terraza superior del Macho. Otro tubo mas pequeño esta próximo a él. Pertenece a unas obras que espero estén inacabadas. Por dos razones: no queda nada bien este derivado del petroleo en un muro de piedra caliza, y esta obra de evacuación de aguas ha elevado unos quince centimetros el suelo de la zona más elevada.
La barandilla actual no mide más de treinta centímetros y la caída es impresionante. ¿Se va a colocar una barandilla de protección o se va a prohibir el acceso a esta zona? Cualquier norma de seguridad impide que esto continue así. Y una última pregunta. Despues de la obra sobre la Cara del Moro, ¿es correcto dirigir sobre ella estos chorros de agua? Yo creo que no, pero alguien más esperto que yo debera pronunciarse.

Mirando las gaviotas, aprecio que a mi espalda el cielo se abre. Aprovecho y meto cuatro fotos en una, abarcando desde el Oeste al Norte. Es decir, desde el Fontcalent al Cabeço.

Desciendo sin lluvia camino de la Ereta.

La Ereta es el mejor lugar para apreciar la Cara del Moro y los trabajos de recuperación.

La limpieza de la Cara a dulcificado algunos rasgos de nuestro gigante amigo, pero la luz solar, en ese momento, le devuelve el gesto.

El muro cosido y las barreras de protección certifican el trabajo de recuperación de uno de nuestro simbolos más queridos. Pero….

Al volver el rostro al mar, me sorprende un monstruo metálico. Es la ampliación del Museo de la Asegurada. Demos un salto antes de proseguir la bajada. Situémonos en la plaza de la Iglesia de Santa María. Como alicantino, siento un aprecio especial por este edificio recuperado hace poco por el mismo equipo que ha reconstruido la Torreta del Homenaje y alrededores. Este aprecio me viene por el amor a la Cultura heredada de mis mayores por todo aquello que además de ser bello representa “algo” más. Historia, religión, etc…

La Basilica se Santa María es toda ella un regalo de la Historia. Un caramelo de los que no se deshacen. Su recuperación, un motivo de alegria. Al menos para mí. Pero esta fachada tiene un detalle que siempre resalto cuando conduzco a alguien por las calles de mi Ciudad. El escudo más bonito de nuestra ciudad se ubica sobre la imagen de Santa María. Miradlo y contestarme. ¿No es hermoso?

Pero…. cuando giro mi vista a la izquierda. No puedo evitarlo. Un escalofrio recorre mi espinazo. Como ya hablamos en este foro que es Alicante Vivo, no pretendo una falsificación de lo construido al lado de la Asegurada. Pero lo que hay, le corta la leche a cualquiera.

No se por que pero me recuerda los tiempos del desarroyismo en que los pudientes sustituían los portalones de madera por “modernas” puertas de aluminio. Feo, pero feo. Es mi opinión, recalco.

Asi que vuelvo a la salida de la Ereta y miro la cúpula de San Nicolas, los últimos arboles de la Ereta, las cúpulas del Convento de las Monjas de la Sangre y algún mamotreto rascacielos. Es desde estos árboles desde donde saludo al viejo amigo de piedra. ¡Hasta pronto, amigo!. Y me sumerjo en la ciudad, empezando por la parte Vieja. Mirando rincones amados que configuran imagenes de otros tiempos, anecdotas, Historia…..

Y es que Alicante tiene mucho por mirar y admirar. Pero tenemos que cuidarlo. No concibo ser alicantino y no sentirse dolido cuando ves alguna pifia, cuando desaparece algo que creíamos eterno, cuando muere un paisaje, cuando se desprecia una herencia de nuestro hermoso pasado… Triste o alegre, pero nuestro.

Días después, me tropecé con Don Miguel Valor. Le felicité las Fiestas y le comenté mi paseo por Santa Barbara. Le dije que volvería cuando se inaguraran las reparaciones, las recuperaciones de mi amado Castillo. Don Miguel tuvo un detalle: “No, si pienso avisaros el día de la inaguración”. Creo que casi le rompo la mano de alegria. Gracias a todos los que haceis un Alicante mejor.
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