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Artículo de Víctor Manuel GALÁN TENDERO.

Jerónimo Zurita
        
El belicoso siglo XIV.
La guerra modeló Alicante, en especial durante la Baja Edad Media. Tras su incorporación al reino de Valencia, la tirantez con la Murcia castellana degeneró en conflictos abiertos. Las fuerzas granadinas y de los benimerines norteafricanos acecharon a sus puertas, atizando a veces la rebelión de los mudéjares. Se disputaba el dominio del Mediterráneo Occidental, y los genoveses no dudaron en aliarse con todo enemigo de la Corona de Aragón, cristiano o musulmán. Nuestra tierra figuraba entre las zonas más beligerantes del Oeste de Europa junto a la frontera angloescocesa, Flandes y Aquitania. No en vano aquí se ensayaron de forma madrugadora primitivas piezas de artillería.

            

 Una noticia aislada.
El ponderado cronista de la Corona de Aragón Jerónimo de Zurita (cuyos “Anales” aparecieron entre 1562 y 1579) apuntó que en las incursiones granadinas contra nuestras tierras comandadas por Ridwan se emplearon instrumentos que lanzaban bolas de fuego, sin concretar gran cosa acerca de su exacta configuración y preciso uso táctico. El valenciano Escolano (1611) aceptó la noticia en un capítulo muy marcado por las inexactitudes cronológicas y la intencionalidad polémica. También lo hizo el orcelitano Bellot (1622) en sus bien informados “Anales”, al igual que el alicantino Bendicho (1640) en su compendiosa “Crónica”. Maltés y López (1752) en cambio no la refirieron. Entre los historiadores actuales María Teresa Ferrer tampoco la aborda en su documentado estudio de la frontera valenciana con el Islam en el XIV, pero el italiano Cipolla la da por válida en su obra sobre la artillería del Renacimiento.
         
A nuestro juicio tales aseveraciones no se diluyen en fantasmagorias barrocas por la importancia del hecho de armas en cuestión y por los precedentes técnicos. Vayamos por partes.

            

Más que meras incursiones.
Las incursiones de saqueo pautaron el ritmo de la frontera entre cristianos y musulmanes, a veces sin respetar las treguas más generales entre monarcas. Gentes de los dos lados abrazaron variablemente la condición de almogávar o de combatiente irregular. Al atractivo de la aventura se añadía el del botín de todo género. La atmósfera de violencia era más que notable. El sultán granadino Yusuf I prohibió a sus campeadores asesinar menores, mujeres, ancianos, inválidos y ermitaños desarmados. Ordenó cobrar la quinta parte de los botines logrados, adoptando el sistema de compensaciones y gratificaciones de las milicias municipales cristianas. La almogavería permitía escalar posiciones sociales a los peones más decididos y afortunados de no pocas localidades.

           

Sin embargo, el saqueo de Guardamar en octubre de 1331 y el ataque contra Elche en abril de 1332 sobrepasaron con mucho por sus protagonistas y objetivos las lindes de un simple golpe fronterizo a manos de un grupo reducido.
         
Alfonso IV

                      

Malogrados proyectos de cruzada.
En las vistas de Tarazona (6 de febrero de 1329) Alfonso IV de Aragón y su cuñado Alfonso XI de Castilla acordaron combatir coaligados contra Granada y el imperio benimerín. No se permitirían las treguas particulares con los musulmanes de los concejos de la frontera de Castilla, y se franquearía el libre tránsito de las tropas aragonesas por tierras castellanas hacia el frente granadino. Se postuló el mes de abril para la invasión, pero pronto surgieron los obstáculos. Temerosos de la ocupación de 1296-1304, los municipios murcianos no toleraron el paso de los aragoneses. Además, el adelantado del reino de Murcia don Pedro López de Ayala pactó con los granadinos so pretexto de la concentración de mil jinetes en Baza. Pese a todo huestes valencianas incursionaron las tierras de Almería en 1330.

           

El 19 de febrero de 1331, tras la toma de Teba, Castilla se separó unilateralmente de la alianza por cuatro años, y Alfonso IV se negó a sumarse a una tregua negociada por intereses ajenos. La Granada nazarí podía pasar factura a la Corona de Aragón, militarmente combativa, señora de mudéjares y expansiva comercialmente.

           

La comandancia de Ridwan.
Abu-l-Nuaym Ridwan ibn Abd Allah Venegas era un liberto originario de la cristiana La Calzada, según Gonzalo Argote de Molina, que abrazó la fe islámica, alcanzando el rango de “hayib” o primer ministro de Muhammad IV. Rigió en su nombre las tropas andalusíes, uno de los pilares militares del sultanato junto a los mercenarios norteafricanos de los pueblos zenetes, capitaneados por el “saij al-guzat” (habitualmente un príncipe benimerín díscolo a la voluntad de la corte nazarí y de Fez). Ridwan ejemplificó la ascensión de los mamelucos o renegados elches, según los cristianos, en el Occidente musulmán, alentando la alianza entre Granada y el imperio benimerín contra la Cristiandad hispánica. Sus zarpazos contra la procuración “dellà Xixona” del reino de Valencia acreditaron su protagonismo político y sus ideas de “yihad”.

  

Guardamar asolada.
Todos nuestros cronistas lamentaron la ausencia del procurador don Jofre Gilabert de Cruïlles, diestro y veterano guerrero, por la boda de don Pedro de Jérica con la hija del juez sardo de Arborea, lo que animó la entrada de Ridwan: explicación ciertamente exagerada que omite el frágil estado de las defensas cristianas y el descontento mudéjar tras las restrictivas medidas de Jaime II.

                         

 Los muros de Guardamar, “aldea” o localidad dependiente de Orihuela, patentizaron tales deficiencias. El 18 de octubre de 1331, la recordada festividad de San Lucas, los granadinos la acometieron, conquistaron e incendiaron. Bendicho sostuvo que llegaron a ofrecerla al concejo de Murcia, sembrando la discordia más si cabe, dada la fuerte rivalidad con Orihuela. Su feraz vega fue talada.

El 23 de octubre de 1331 el “consell” de Alcoy cifró el resultado de su saqueo en 1.500 cautivos, 900 yeguas, 2.000 vacas, y mucho ganado menor. Cuatrocientos mudéjares de Elche y de varias alquerías les acompañaron en su marcha, ofreciendo sus acémilas y 20.000 cahíces de cereal de comerciantes de Valencia y de otros lugares. Bellot los sobredimensionó en 15.000, sin contar mujeres y menores, procedentes del Valle del Vinalopó y de más puntos que no detalló, moderando su estimación del botín en 2.000 cautivos y en el producto del robo de 800 casas.
      
 Zurita cuantificó la fuerza invasora en 5.000 jinetes y 15.000 infantes, de los que 5.000 eran ballesteros: números tan aceptados por la historiografía barroca como puestos en tela de juicio por la actual, reposando sobre una presunción exagerada por el estado de pánico del momento. El 13 de noviembre de 1331 la castellana Molina notificó a Játiva que quizá los granadinos alinearan a su entrada 2.500 caballeros y 12.000 peones, pero al retornar no excedían de 800 jinetes. Curiosamente el contingente supuesto se asemeja al de la celebrada victoria del sultán Ismail de la Vega de Granada contra los infantes don Pedro y don Juan (1319), donde los nazaríes desplegaron 1.500 caballeros y 3.000 ballesteros. En 1329 entre Vera y Algeciras los granadinos disponían de 4.000 caballeros (3.000 norteafricanos) y 1.600 en su capital (mil zenetes).
       
Descontadas las exageraciones en lo posible, las fuerzas de Ridwan no fueron numéricamente menospreciables, pero su calidad suscitó severos reparos entre los mismos coetáneos. El procurador don Jofre las calificó de gentes mal ordenadas y arreadas que se emborracharon tras asolar Guardamar. El escuadrón ecuestre orcelitano (unos noventa cabalgadores) podía haberlos derrotado, según el ausente caballero cuya fama nunca se cuestionó. De hecho Yusuf I dictaría años después pena de muerte contra todo jinete e infante que desertara ante menos del doble de oponentes. En todo caso la acción de guerra ocasionó una honda impresión en el reino de Valencia.
           
Infante D. Juan Manuel
               
¡Al arma!
Nuevos ataques se temieron, y a principios de noviembre los orcelitanos creyeron que el propio sultán había vadeado el Segura. Don Jofre retornó ante el grave peligro y Alfonso IV acudió a Alicante al frente de una nutrida tropa. Transcurrida la estación el monarca se retiró a Valencia en espera de novedades. Su presencia disuadía a los atacantes, fortalecía los quebrados ánimos de los defensores y convocaba una poderosa hueste, radicando los problemas más espinosos en la celeridad de su movilización y en su mantenimiento sobre el terreno por unos cuantos meses a lo sumo.

              

Aragón guerreaba a la par con Génova por la posesión de Cerdeña. Los jurados o autoridades municipales de Valencia temieron que su armada secundara la ofensiva nazarí atacando Denia o Alicante. La segunda adolecía de carencias defensivas delicadas, particularmente en la muralla de su “vila nova”. A tal clima de angustia contribuyó la posesión por el enemigo de ingenios que destruían los muros con bolas de hierro.

               

La pasión de Elche.
En la frontera cundió el rumor que la próxima víctima sería Alicante (cerniéndose también el peligro sobre la castellana Gibraltar). Al final Ridwan descargó su ofensiva contra Elche, señorío del infante don Juan Manuel, al frente del doble de fuerzas que la vez anterior, si seguimos las estimaciones de Zurita, irrumpiendo por el Campo de la Batalla, al decir de Bellot.

              

Entre el 9 y el 14 de abril Elche fue combatida por los granadinos. La lucha más dura se libró el Domingo de Ramos. Según don Pero Maça de Liçana las ilicitanas contribuyeron a la defensa de las murallas, vertiendo desde lo alto aceite hirviendo. Se les impidió el paso hacia Alicante en el Portitxol, donde se emplazaba una torre de vigilancia. Algunos mudéjares les alertaron de la llegada de Alfonso IV al frente, incorporándose los refuerzos de don Juan Manuel y del obispo de Cartagena don Pedro Barroso. La unión de precaución, defensa tenaz de las villas y despliegue de la hueste real derrotó la audacia de Ridwan. El 19 de abril el monarca informó desde Alicante a su hermano el patriarca de Alejandría de su victoria.

         

En el Valle del Vinalopó el enviado de Alfonso XI Ruy Páez de Almazán había encontrado al rey de Aragón. Le propuso tornar a unir esfuerzos contra los nazaríes, pero la guerra contra Génova le sirvió al aragonés para declinar tal ofrecimiento. En 1333 Ridwan se enfrascó en la accidentada proclamación del flamante sultán Yusuf I, en un año en que nuestras tierras “sólo” fueron azotadas por la escasez de granos. En 1335 la Corona de Aragón concertó temporalmente la paz con Granada. Durante estos lances no resulta claro cuándo y en qué medida se emplearon los citados ingenios pirobalísticos, si contra la tomada Guardamar o la asediada Elche.

              

La enigmática invención.
Escolano la describió como máquina de batir novedosa que con fuego arrojaba pelotas de hierro colado, Bellot como invención nueva para combatir murallas con pelotas de hierro echadas con fuego, y Bendicho de instrumento que lanzaba bolas de fuego.

           

Otras fuentes nos ayudan a validar e interpretar descripciones tan sumarias. El granadino Ibn al-Jatib relató que el 14 de julio de 1324 Huéscar fue acometida por manganeles y un gran aparato que utilizaba nafta para disparar, lanzando chispas, bombas de hierro incandescentes, impactando contra la torre de su castillo y aterrorizando a los sitiados, que terminaron por capitular. En la “Crónica de Alfonso el Onceno” se refiere que en el sitio de Algeciras (1343) los musulmanes asediados lanzaron con sus “truenos” grandes y gruesas flechas, además de pesadas bolas.

        

En suma, tal ingenio se identificaría con una ballesta de trueno, instrumento pirobalístico anterior a la bombarda. El “Manuscrito Milemete” (1327) la representó gráficamente como un rudimentario cañón con forma de jarrón, provista de un orificio de contacto para disparar y dotada de una cuerda semejante a la de una ballesta. Hacia 1359 ya se había generalizado en la Corona de Aragón, año en el que el infante don Fernando ofrecía una a Orihuela junto a una caja de madera y otra de pólvora.

           

 Los orígenes de los truenos.
Tanto poder intimidatorio acreditaba la novedad de un arma introducida en la Península Ibérica entre 1310 y 1324, ya que en la primera fecha los almerienses sitiados por Jaime II no la emplearon. Durante tal intervalo cronológico también se ensayó en otros puntos de Europa, como en Metz en 1324. Los florentinos dispusieron de elementales cañones en 1326.

       

Dilucidar su lugar de origen no es fácil en contraste con la clara atribución de la invención de la pólvora a China. Cipolla supuso que los musulmanes adquirieron las novedades artilleras de los cristianos. Sin embargo, sabemos que las Cruzadas perfeccionaron las máquinas de asedio. En el sitio de Acre (1291) los mamelucos egipcios dispararon con sus catapultas piedras y bolas de barro con mezcla explosiva. Eran herederos de los procedimientos bizantinos de destrucción de naves del estilo de sifones lanzadores de fuego, pez líquida, vasijas plenas de cal viva, abrojos de hierro y bolas de madera con puntas de hierro envueltas en alquitrán y telas azuladas para prender. La ballesta de trueno dimanaría de la asociación de diferentes elementos dentro del progreso de los recursos poliorcéticos, muy animada por los sultanes mamelucos (guerreros de origen servil, insistimos, que alcanzaron altas dignidades de gobierno).

            

En tiempos de Ridwan el cosmógrafo egipcio Al-Umari visitó Granada. Aunque las relaciones mercantiles entre los puertos andalusíes y los egipcios carecían de la intensidad de las del siglo XII, dejándose notar cada vez más la presencia de comerciantes de Génova y de la Corona de Aragón, todavía pervivían. Los sultanes mamelucos se interesaron en ocasiones por la suerte de mudéjares y granadinos. Paradójicamente las innovaciones artilleras liquidarían a nazaríes y mamelucos, pasando la iniciativa al campo de sus rivales hispanocristianos y otomanos respectívamente. En 1492 las poblaciones alicantinas ya disponían de un primigenio parque artillero, imposibilitando la terrible sorpresa de 1331-32.

            

Fuentes:
-AL-UMARI, “Masalik al-absar fi mamalik al-ansar”: L¨Afrique moin l´Egypte. Edición de G. Demmobynes, París, 1927.
-BELLOT, P., Anales de Orihuela, 2 vols. Edición de J. Torres, Murcia, 2001.
-BENDICHO, V., Chrónica de la Muy Ilustre, Noble y Leal Ciudad de Alicante, 4 vols. Edición de Mª. L. Cabanes y C. Mas, Alicante, 1991.
-CIPOLLA, C. M., Las máquinas del tiempo y de la guerra. Estudios sobre la génesis del capitalismo, Barcelona, 1999.
-Crónica de Alfonso el Onceno. Edición de D. Catalán, Madrid, 1976.
-Crònica de Pere Maça. Edición de J. Hinojosa, Valencia, 1979.
-ESCOLANO, G., Décadas de la Historia de la insigne y coronada ciudad y reino de Valencia (continuada por J. B. Perales), 3 vols. Valencia, 1878.
-FERRER, Mª. T., La frontera amb l´Islam en el segle XIV. Cristians i sarraïns al País Valencià, Barcelona, 1988.
-IBN AL-JATIB, Histoire de l´Espagne Musulmane extraite du « Kitab a´mal al-a´lam ». Edición de E. Lévi-Provençal, París, 1956.
-MALTÉS, J. B.-LÓPEZ, L., Ilice Ilustrada. Historia de la Muy Noble, Leal y Fidelísima Ciudad de Alicante. Edición de Mª. L. Cabanes y S. Llorens, Alicante, 1991.
-ZURITA, J., Anales de la Corona de Aragón, 9 vols. Edición de A. Canellas, Zaragoza, 1967-1986.

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Momento de la despedida de Alfredo en el Tossal, justo antes de subirse en nuestra particular Máquina del Tiempo.

En un día tan especial como hoy, la Asociación Cultural Alicante Vivo no quería faltar a su cita con la Historia y la Suerte.

En este artículo, vamos a hacer un repaso, por primera vez en nuestra web, de todas aquellas ocasiones en las que “El Gordo” de la Lotería de Navidad ha visitado nuestra provincia desde sus inicios, allá por 1812.

Y os aseguramos que la experiencia no sólo es sorprendente, sino que no va a dejar indiferente a nadie

Para viajar al pasado, vamos a usar la misma Máquina del Tiempo que usó nuestro compañero Ángel L. Valero en ESTE artículo o la que sirvió de vehículo para nuestro libro “Relatos de una Ciudad Dormida”.

Y ya nos puede contar Ángel qué avanzada tecnología utilizó en su día para hacer funcionar una máquina fabricada con dos mandarinas, diez Lacasitos y un imperdible, porque…. ¡Tío, funcionar, funciona de maravilla!

AÑO 1900
Nº 26.285

Las “Mandarinas del Tiempo” me dejan en las proximidades de la Calle Mayor. Como no veo zona azul., decido aparcar detrás de un carro. Los “Lacasitos” marcan las 12 del mediodía; estamos a 22 de diciembre de 1900. Por las calles de Alicante no se ve mucha celebración… ¡qué extraño! ¿Habré puesto Clementinas en lugar de mandarinas? No, son mandarinas del Mercadona, como me dijo Ángel. Mi móvil pita… no encuentra cobertura.

Voy a acercarme a preguntar a la Administración de Loterías de esta calle que, al estar en 1900, se encuentra en pleno centro urbano de Alicante.

-¿Don Inocencio, por favor?
-Servidor. ¿En qué puedo ayudarle?
-Estoy extrañado ¿Es que no celebra nadie haber sido agraciado con “El Gordo” de la Navidad?

-Ay hijo, qué desgracia. La primera vez que damos el Gordo y se llevaron el décimo a Villajoyosa. Un millón de duros que podíamos haber repartido y nada…

-Vaya, tenía entendido que les había tocado a los trabajadores de la Fundición de Aznar Hermanos y a algunas cigarreras…

-Eso se pensó al principio. Pero no. Le aseguro que se ha ido el billete a la Vila. Además, le puedo decir incluso quién se lo llevó: fue García Sellés, el juez municipal de Villajoyosa.

Decido revisar las notas que me ha escrito Juan José para este viaje:

“Juaaaaaaaaaaas©. Alfredo, estaba tan ocupado con mi amiga Sonia que se me había olvidado decirte en el Tossal antes de salir, que para un premio que toca en Alicante, se llevaron el décimo a Villajoyosa. El juez municipal, por encargo del comerciante de tejidos Sr. Orts, compró el billete el 10 de noviembre en nuestra ciudad, pero se lo llevó a La Vila. Y no sólo eso; además compró otro para el sorteo del día 20 de noviembre y también le tocó. Ya sabes que el dinero llama al dinero. Al final, el décimo premiado se repartió en participaciones entre gente muy humilde. Mira estos recortes de la época:”

Izqda: La Correspondencia de Alicante. 24 de diciembre de 1900.
Dcha: El Liberal. 23 de diciembre de 1900

Dedido pasarme por la “Plaza del Progreso” y comprar algo de uva para celebrar la última Nochevieja del siglo XIX; pero me ponen cara rara y me llaman “señorito”. Poco después, caigo en la cuenta que en 1900 aún no existe la tradición de celebrar el Año Nuevo con uvas… y menos aún con Ramón García y su capa.

AÑO 1906
Nº 34.746

No me he trasladado muy lejos, ni en el tiempo ni en el espacio. Los “Lacasitos” marcan el mismo día pero 6 años más tarde. En los papeles de Juan José veo una poesía de la Pandorga Fu-Fu que no sé a qué viene (se lo preguntaré a la vuelta), la lista de su compra (el traidor come Caviar Iraní; cómo se nota que es el “presi”) y unos datos sobre el premio Gordo de 1906:

“Pelao, acércate a la administración de loterías de la Rambla de Méndez Núñez y pregunta por D. Antonio Olmos”

Pues allá voy.

La Rambla está muy cambiada… o aún sin cambiar, mejor dicho. De hecho, en el rótulo cerámico aún pone “Calle de Méndez-Núñez”. Paso por la recientemente rotulada “Plaza de Castelar” y me subo a lo alto del antiguo Paseo de la Reina. Desde allí diviso la administración.

-Buenos días señor Olmos
-Buenas, ¿desea algún décimo? ¡Acabo de dar el Gordo! Aproveche.
-Jajaja muchas gracias pero sólo quería que me contara algo sobre este premio. Esta vez sí que se ha vendido en Alicante ¿verdad?
-Pues sí. Además ya era hora… llevábamos jugando desde hace casi 3 años el mismo número. ¡Ya iba siendo hora de que nos tocara, fotre!
-Me han dicho que ha tocado en la tienda de tejidos del Port… deee la Plaza de la Constitución ¿no?
-Exacto, en la Aduaneta. Acérquese y verá la cara de felicidad de los dependientes. Desde allí se ha repartido a Tabarca, Villafranqueza e incluso Almería, ¡fíjese usted!

Tras despedirme del Señor Olmos me acerco al Portal de Elche donde se alza con su magnífica sillería la hoy desaparecida Aduaneta. “Tejidos la Nueva Aduaneta”, reza el cartel. Se oyen risas en su interior. Leo los papeles de Juan José:

“Por desgracia, el gran corazón del Dr. Rico dejó de latir a una edad muy temprana. Viudo y sin…”


¡Menuda empanada mental tiene! Ya se ha equivocado de papeles y me ha metido el discurso de inauguración del busto al Dr. Rico por error. Por suerte, encuentro algunos recortes de prensa de la época con pinta de haber sido usados para envolver el bocata-caviar:

Izda: La Voz de Alicante. 23 de diciembre de 1906.
Dcha: La Voz de Alicante. 27 de diciembre de 1906

Intento acercarme con las “Mandarinas del Tiempo” hasta Tabarca, pero temo que los Lacasitos se deshagan en el agua. Quizá hubiese sido mejor colocarle M&M’s, que se derriten en tu boca pero no en tu mano…

AÑO 1937
Nº 01.165

Freno la máquina con el clip y miro el marcador de “Lacasitos“: hemos dado un salto de 31 años. España está en plena Guerra Civil, con un año y medio de conflicto. Se aprecian a simple vista los efectos de los bombardeos en Alicante. El último producido el día 10 de diciembre causó una víctima mortal. Alicante había sido cañoneada por el Cervera, el Canarias y el Baleares.

La gente está entusiasmada, debe ser porque les debe de haber tocado el Gordo, una de las pocas alegrías en tiempos de guerra. A ver le preguntaré al chico este que viene:

– ¿Qué ocurre? ¿Es por la Lotería?

– ¡¡Teruel!! ¡¡Teruel!! ¡Nuestras tropas han entrado en Teruel!. ¡Los facciosos huyen en retirada! ¡¡Viva la República!!

Decido viajar al día siguiente con las Mandarinas del Tiempo y me dirijo al kiosko de la Plaza de la Constitución (hoy, Portal de Elche). Me fijo en que el comercio de la Aduaneta en el que estado “hace unas horas” sigue abierto. El kioskero me informa que aún no pone nada del bombardeo naval de Dénia de esta madrugada. Le ha llamado su cuñada para decirle que están todos bien. Por lo visto, he tenido suerte de no venir a parar un día de bombardeo.

“Nuestra Bandera” publica en grandísimos titulares la toma de Teruel. Ahora entiendo toda la alegría. Me decido a comprarlo y me llevo también “El Luchador” para ver qué ponen del sorteo. Menos mal que Eusebio me ha dado un puñado de mondeditas de la época.

Izqda: El Luchador. 23 de diciembre de 1937
Dcha: Nuestra Bandera. 23 de diciembre de 1937

Vaya, otra vez Alicante se queda sin premio. Me vuelvo a acercar a la Administración de Loterías de la Calle Mayor.

-Buenos días ¿la señora Ibarrondo por favor?

-Soy yo, ¿es de la prensa?

-Más o menos. ¿Qué ha ocurrido con el Gordo de este año?

– Pues nada hijo, que no se ha vendido ni uno. Anteayer los devolvimos todos a Barcelona. Se ve que no gustó…

– Por Dios, qué mala suerte no?

-Chhhst, no diga eso a ver si le van a oir. Corren tiempos difíciles. Pueden pensar que es un pandorgo, aunque no le veo yo con cara de beato. Se piensan que no lo sabemos pero ahí al lado en la Rambla tienen una capilla clandestina. Entran y salen a cada momento. Pero bueno, ya sabe: ver ,oir y callar. Ah, y recuerde despedirse con un ¡Salud Camarada!

-Bueno, pues ¡Salud Camarada!


-Salud, chico

He preguntado por la calle sobre el sorteo de este año, y me han comentado que se ha celebrado en Barcelona. También me sorprende ver cómo ha bajado la cuantía del premio: de los 5 millones de mis anteriores paradas en el tiempo, al millón y medio de éste. Reviso los papeles de Juan José:

Sorprendente.

En 1936, el Premio era de 30 millones de pesetas; ahora, veinte veces menos. No creo que Juan José se haya equivocado… ¿o sí?; más bien temo que sea el efecto de la Guerra Civil. Entre sus papeles, también encuentro un décimo del año siguiente. En 1937, curiosamente, se la llama “Lotería NACIONAL. Sorteo de NAVIDAD Pero… ¿los Nacionales no eran los de Franco? ¿Y la Navidad no es de católicos?

No entiendo nada….

Mira que es gafe. Para un billete que me adjunta Juan José, resulta que no es el premiado… Bueno, al menos el reintegro me lo llevo.

Entre la documentación para elaborar una investigación en el tiempo, encuentro un CD con varios archivos en PDF (Adobe Acrobat). Le he preguntado a un miliciano dónde podría encontrar un PC para sacar toda la información y llevármela en mi viaje. Pues bueno…, la que se ha liado por un pequeño error. El miliciano me ha contestado que el único CD que conocía era el Centro de Detención, y que con el Partido Comunista no se jugaba. Al final, se ha quedado con el disco porque me había oido decir en clave que tenían no-se-qué archivos en PDF: Poder De Franco o algo así. Al leerle la poesía de la Pandorga Fu-Fu, se ha quedado dormido. ¿Dormido? He aprovechado para huir. Ahora entiendo por qué Juanjorr me coló una poesía entre los papeles.

La próxima vez me traigo el portátil… aunque no sé si encontraré algún enchufe a 220V para cargar la batería… ¡Jopeta, que raros eran los antiguos alicantinos!

¡Anda. mira! Un puesto de altramuces. Tengo aquí más pesetas de Eusebio y quizá me sirven. Estoy muerto de hambre.

AÑO 1980
Nº 60.076

Pues vaya, cómo se ha puesto la de la paraeta de altramuces. Me ha dejado el ojo bonico… Total por darle dos pesetas con la cara de Franco, ya ves. Un anacronismo temporal lo tiene cualquiera… ¡Qué gracioso el Eusebio…!

Ale, le doy al clip y, accionando las Mandarinas del Tiempo, pego un salto de 43 años nada más ni nada menos. Los Lacasitos giran como locos…. decido parar de madrugada y guardar la máquina del tiempo en el aparcamiento subterraneo de la hasta hace poco llamada Plaza del Caudillo. Los nuevos rótulos bilingües de Plaza de la Montañeta llevan puestos año y medio.

“Alfredo, tienes que ir a la Estación de Autobuses y pillar el autocar a Almoradí, porque allí cayeron los 8.750 millones del Gordo en 1980. ¡8.750 millones nada menos.!”

“Próxima salida por andén 2 autocar destino Almoradí”

Aún no ha empezado el sorteo, así que creo que llegaré a tiempo a la administración. El Gordo, de 250 millones de pesetas, salió a las 11,42 de la mañanay cayó íntegramente en la administración número 1 de Almoradí, aunque fue repartido por varios pueblos de la Vega Baja.

El autobús me deja, curiosamente, en la Plaza del Generalísimo. Aquí no han llegado aún los aires de cambio por lo visto. Voy a tomarme un café en el Bar Requena, que hace frío. Reviso los recortes que me ha dado Juan José:

Información. 23 de diciembre de 1980

La Primera Cadena está informando que el Gordo acaba de caer en el pueblo. Voy a acercarme a la administración. Curiosamente el dueño del bar me acaba de invitar, por algún motivo que no me quiere revelar pero que intuyo.

Allí me entero que el club deportivo de Dolores ha vendido varias papeletas en el pueblo, que el Partido Comunista de Benejúzar había dado 500 millones de pesetas y que en Catral se habían repartido 350 millones.

Información. 23 de diciembre de 1980

Intento salir de la plaza como sea. Esta todo lleno de periodistas, personal de banca a la caza del millonario y hasta el alcalde que ha venido al lugar. La policía se decide a cortar al tráfico la Plaza del Generalísimo. Haciendo auto-stop me para un Seat 600 que se presta a llevarme hasta Alicante. Un viaje por nacional comodísimo, sí, sí…

AÑO 1987
Nº20.064
Información. 23 de diciembre de 1987

Después de perdernos por Europa con el 600 y acabar con la espalda destrozada, sigo las instrucciones de Juan José y me marcho a 1987:

“Aparca bien las Mandarinas del Tiempo y vete al Bar de la Hermandad de Legionarios, me meeeee©. Allí se vendieron muchas papeletas del 20.064. Estate atento al reloj Casio que te adjunto porque a las 10:52 ocurrirá algo muy curioso”

Pues nada, entro en el bar y me pido un bombón (no sé los cafeses que llevo “hoy”). Un momento, juraría que he escuchado el 20.064 pero no han dicho nada del Gordo ¿Se habrá equivocado Juan José? Este es capaz…

Se ha parado el sorteo. Algo ha ocurrido. El Casio empieza a pitar y sí, son las 10:52. Quizá Juanjo se refiera a ésto.

Tras llevar la tabla con los alambres ante el señor Mañez, se comprueba que el Gordo ya había salido y que por error no había sido cantado por la niña Gemma Llorente. Si no fuera porque la televisión del bar es en blanco y negro, diría que la niña está roja como un tomate.

Creo que en el bar aún no se han dado cuenta de que les ha tocado…. Decido salir y acercarme a la administración número 9 sita en la Calle de Carratalá, justo cuando llega el Renault 5 del Diario Información.

Entre el tumulto nos enteramos que a las loteras no les ha tocado ni un duro pero están felices por haber repartido tantos millones por el barrio.

– Pues fíjese que ayer aún quedaban tres décimos por vender del 20.064

– ¿A quién fueron a parar los décimos que han vendido?

– Uuuy muy repartido por todo Alicante y provincia. De aquí han comprado muchos décimos para hacer papeletas. Por ejemplo, los de la Telefónica de Ciudad de Asís se llevaron 25 décimos para 20 empleados. Imagínese, unos 700 millones a repartir. Los de Capisa, Pepito el barbero, la mercería de Maribel también… bueno, bueno… repartidísmo (risas)

En efecto fue muy repartido por todo Alicante: la Mercería Maribel, la tienda de Corberó y el taller mecánico, los tres de la Calle Pérez Medina, la barraca Tots volem festa, los colegios de Don Bosco y Enric Valor que se llevaron 1800 millones de pesetas. También se vieron agraciadas la empresa de Amaro González (400 millones), la Comandancia de la Guardia Civil (30 millones), el INE o la Mutua Unión Patronal entre otros.

Un representante de Baterías Tudor, Ángel García Zapater, sembró de millones los talleres y tiendas de varios pueblos de la provincia.

Información. 23 de diciembre de 1987

AÑO 1993
Nº20.064

Anda, si yo de este Gordo me acuerdo. Todos se pensaban que al apellidarme igual que el pueblo donde tocó, me habría correspondido algo… pero no.

Ni un duro.

Información. 23 de diciembre de 1993

Después de detener la máquina en el aparcamiento de la ladera del Castillo, reviso la carpeta a ver qué me ha puesto Juan José en las notas:

“Alfredorrr, como imagino que recordarás, en 1993 el Gordo cayó íntegramente en El Campello. Correspondió al número 47.884 que dejó 21.000 millones de pesetas en la provincia. Esconde bien las Mandarinas del Tiempo y pillate el autobús de línea C-1. En 1993 la línea de AUPLASA aún comenzaba en las puertas del Panteón de Quijano”

Vaya el C-1 ha llegado tarde, la gente salta de alegría a las puertas de la Administración número 1, en pleno centro de El Campello. Entre decenas de periodistas, grabadora de caset en mano, le pregunto a Antonio Calvo, presidente de la comparsa Jaume I:

-Sr. Calvo (con perdón) ¿Por qué eligió ese número?

-Pues Trini, la propietaria, me dio a elegir entre siete u ocho números y al final me decidí a coger este… no sé por qué… Para el del Niño del día 5 en cambio pues he pedido el 9. Así sin pensarlo. A ver si me toca también (risas)

-¿Cómo se enteró de la noticia?

-Me lo dijo un compañero y no me lo creía. Y al final mira, 30 millones para mí y otros 30 para mi hermano.

-¿Qué va a hacer con ese dinero?

-Pues por ahora irme al Seis Perlas a celebrarlo. Con borrachera incluida (risas)

Información. 23 de diciembre de 1993

Elkiko me ha dado una notita sobre el Gordo de este año:

“No sé si lo sabrás pero el Gordo del Campello coincidió con las matrículas alicantinas con series CK, CL y CM. Así que por casualidades de la vida los coches que se compraron los campelleros agraciados tuvieron matrículas CK (Campello Kilos), CL (Campello Lotería) y CM (Campello Millones). Ah, aprovecha para sacar algunas fotos de la inauguración de los cines Ana de la Calle Médico Pascual Pérez”
AÑO 1998

Nº 21.856

Información. 23 de diciembre de 1998

Estoy en Novelda, donde ha caído parte del Gordo. Concretamente una serie del 21.856. 300 milloncejos para el pueblo no está nada mal. Pero la noticia está Elche, donde han caído 1000 millones de pesetas pero de un 5º premio.

Cuando me dispongo a bajar de las Mandarinas del Tiempo, un Lacasito rojo parpadeante me indica que la temperatura del agua ha llegado a un nivel peligroso. Ángel podría haberle puesto un electroventilador al radiador de la máquina del tiempo. Qué chapucero…

Tras quedarme junto a la máquina a la espera de que baje la temperatura, decido dar un pequeño salto a 1999 y dejar descansar un poco el trasto este…

Información. 23 de diciembre de 1998

Mi móvil pita. Claro, ya hay cobertura de telefonía. Pero no aparece ninguna red de Vodafone. Será cuestión de esperar unos años.

AÑO 1999
Nº 65.379

Esta vez decido dejar descansar las Mandarinas del Tiempo en el aparcamiento de la estación de Renfe y pillo el cercanías con destino a Elche, tomando la precaución de quitarle el clip para que nadie me la robe. Que no se me olvide sentarme a contramarcha porque en San Gabriel invierte el sentido y así me toca de frente.

“Cercanías destino Murcia, Vía 2. Rodalies destinació Múrcia, Via 2”

Información. 23 de diciembre de 1999

Me bajo en la estación Elx Parc y enfilo hacia la Plaça de Baix. Si en 1998 Elche ya se llevó un 5º Premio, ahora le ha caído el Gordo, y además íntegro. Leo lo que me pone Juan José:

“Anda queeeee….. estos de Elche no paran de ganar millones. En 1980 parte del premio de Almoradí se fue para allá, en 1998 cayeron casi 2000 millones y ahora en 1999 se llevaron nada más ni nada menos que 43.500 millones de vellón. El mayor premio de la historia. Acércate a la administración nº 2 de la Plaça de Baix. Habla con la lotera, que se llama Mari Ángeles Quiles a ver qué te cuenta”

La encuentro enseguida dando botes de alegría y con un gorrito de Papá Noel en la cabeza.

-¿Se ha vendido todo o ha habido alguna devolución?
-Todo en ventanilla, todo (risas). Y creo que no se han hecho papeletas. Han sido todo décimos. Está muy repartido por el Raval y por los Palmerales. Ah, y a los de Telecinco que se han llevado un buen pellizco (risas)

-¿Alguna empresa de calzado se ha visto agraciada?

-Sí, sí también (risas). En Altabix, Carrús, Matola, la carretera del León le ha tocado a varias empresas. Ay qué alegríaaaa, y eso que a mí no me ha tocado nada…

Información. 23 de diciembre de 1999

AÑO 2006
Nº 20.297

Izqda: Información. 22 de diciembre de 2006 (Ed. Tarde)
Dcha: Información
. 23 de diciembre de 2006
Juan José me ha dejado una nota con un aviso escrito en letras grandes y con florecillas sobre las ies (qué hortera) que pone MUY IMPORTANTE:

“En estas fechas corres el peligro de cruzarte contigo mismo por la calle y además reconoceros mutuamente. Evita las calles por donde peudas pasar porque puedes sufrir alteraciones moleculares de gravedad, puedas acabar votando a Falange Española, Secretario de una Asociación Cultural y terminar peor que la Pandorga de Sardá. Por cierto, no sé si en Onil encontrarás mucha animación porque creo que se vendieron 100 décimos del Gordo. Si quieres, acércate a Alicante o Benidorm”

Chorradas…, decido pasar de Juanjo (como siempre). Tras birlarme mi propio coche (seguro que mi yo de 2002 ni se entera) me dirijo hacia la administración “La Década”, la nº 1 de Onil y me encuentro poca animación. Pese a que tocan a unos 6.000 euros por habitante, la gente ha decidido quedarse en casa y no dar a conocer la cuantía de su premio. Pues vaya, después del viaje que me he pegado…

Decido bajar a Alicante, porque en la Administración número 11 de la Rambla de Méndez Núñez una inmigrante marroquí ha sido agraciada con 600.000 euros. La encuentro llorando en la puerta de la administración:

-Después de tanto… sufrimiento… 27 años de penalidades en España… aún no puedo creermelo.

-¿Que va a hacer con el dinero? – Sólo pienso en mis hijos, mis hijos. Tantos años luchando por saliradelante. Siempre he tenido la negra y ahora la suerte se ha teñido de blanco. Ahora… voy a retirarme del trabajo.

Entre lloros, Arima se abraza a Herminia Vallés, la lotera, que nos asegura que no tenía muchas ganas de dar el Gordo porque está algo delicada de salud y tanta entrevista y sobresalto la tienen alterada. Al girarme… ¡zaaaas!, me encuentro con Juan José, que no me reconoce, lógicamente. Lo que me faltaba: para una vez que viajo en el Tiempo, tampoco puedo quitármelo de encima

-¿Perdona ¿es aquí dónde ha tocado? -me pregunta Juan José Amores
– Mmmmm… sí.

-Es que soy del blog “Alicante en el recuerdo y en la actualidad” y me gustaría sacar unas fotos de lo que está pasando.

-(Carajo; Juanjo ya era un friki en el año 2006) Ah claro. Pasa, pasa… Por cierto, ¿no crees que tu blog tiene un nombre muy largo y que “Alicante Vivo” quedaría mejor?

-Pues suena bien sí. Se lo comentaré a Jesús Sanchez y Arturo Moreno; somos poquitos juaaaaaaaas©. Hasta pronto.

Información. 23 de diciembre de 2006

Aparco mi coche dos sitios más allá de donde me lo cogí a mí mismo, total mi yo de 2002 ni se dará cuenta jaja. Antes de irme, le pongo a mi yo de 2002 una nota en el parabrisas que pone :

“La bomba de agua está a punto de cascar. Le recomiendo que la cambie.
Firmado: un amigo anónimo”.

Parecerá raro, pero en 2003 me costó la reparación 450 euros. Espero no cambiar con esta nota el futuro ni nada de eso…


AÑO 2007

Nº 06.381

Información. 23 de diciembre de 2007

Las Mandarinas del Tiempo no funcionan muy bien. Cuando he parado, los Lacasitos marcaban el 8 de marzo de 1844.

Por error, había ido hacia atrás.

Nada más parar, he oido disparos por la zona de la Explanada. Eran los últimos minutos de los Mártires de la Libertad. Casi me bajo y me acerco con la cámara, pero la gente me mira raro con las pintas que llevo, así que con todo dolor de mi corazón acciono el clip y me voy al 2007 a ver si consigo que me deje en el 22 de diciembre.

Este año ha tocado de nuevo en la Calle Mayor (admon. 23) y en el Centro Comercial Puerta de Alicante (admon. 37). No puedo perder mucho tiempo porque la máquina del tiempo no funciona muy bien. Me acerco a un cibercafé y entro en http://www.alicantevivo.blogspot.com y leo la primera reseña del blog sobre el Gordo de ese año (PINCHAD AQUÍ)

Información. 23 de diciembre de 2007

AÑO 2008
Nº 32.365


Información. 23 de diciembre de 2008

Las Mandarinas del tiempo apenas funcionan. Así que para ilustrar este año, me acerco al kiosko de la Rambla y me compro la Edición de la Tarde del Información. No puedo esperar más. Me tengo que ir.

Información. 22 de diciembre de 2008
(Edición de la tarde)


Envuelto en vapor, llego a lo alto del Tossal donde Juan José, Eusebio, Elkiko y Ángel Valero me esperan para recibirme. A lo lejos, se marcha el coche oficial de la Alcaldesa. El de Roque Moreno no lo veo. ¡Claro…. si los del PSOE no han querido acompañrnos, como siempre! Apenas he tardado dos minutos en volver según sus relojes. Aunque para mí han paso casi 20 horas sin apenas comer.
 

-¿Qué ha pasado? -le pregunto a Juan José.
-Nada. Que D. Miguel Valor y Dña. Sonia Castedo han aceptado nuestra solicitud para cambiar las calles con connotaciones fran…..
-Jodo, Juanjo. Me refiero a la Lotería de Navidad de este año. ¡Que no te enteras!
-Aaaaah. Pues nada. Ha caído un Quinto Premio en Callosa del Segura y otro Quinto en Petrer. Todo lo demás, pa´Madrid
-¿Qué me dices? Mala suerte hemos tenido. ¡Qué pena no tener en mis manos uno de esos billetes que he visto en mi viaje en el tiempo…..!

 
Ahora que lo pienso…. sí tengo uno de esos billetes. Seré pandorgo. En mi bolsillo guardé uno de los décimos premiados en el sorteo del año 1900. Aunque no sé si el Banco de España cambia aún reales a euros… ¿a cuánto estará el cambio?.

Cachislamarsalá.

Por lo menos, me queda la satisfacción de saber que a lo largo de la Historia, el Sorteo de Navidad ha despertado en Alicante tanta alegría e ilusión como ahora.
         
Y si bien no somos millonarios, me alegra saber que tenemos todos salud para seguir soñando el año que viene.

FELIZ DIA DE LA SEGURIDAD SOCIAL A TODOS

Por extraño que parezca, la Navidad llega incluso al corazón de nuestros políticos.

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UN RELATO DE DON MIGUEL PASCUAL MIRA
Periódico Ciudad de Alcoy. Domingo, 6 de diciembre de 2009

Don Miguel Pascual Mira publicó el libro “Horas robadas” en el año 1993 y fue el haber escrito aquel relato basado en la Guerra Civil Española lo que le hizo intuir el interés de explicar la realidad social que se estaba dando en estas comarcas en el momento de estallar el conflicto, los motivos de que una juventud sin cultura más que aceptable orientara sus energías a la lucha revolucionaria incluso violenta. Y, sobre todo, de donde salieron muchos milicianos que formaron parte de las distintas columnas y batallones organizados desde Alcoy.

Capítulo I
Benilloba 1912.

– ¡Tío Tomás! Ya está bien por hoy, hace mucho frío.
– ¡Hola Batallo! Termino esto y me voy.

Vicente, que se ha pasado la tarde en el Tossal recogiendo leña, ahora regresa hacia su casa. Levanta la cabeza escudriñando el cielo, mientras lía un cigarro de picadura de tabaco. La Sierra Aitana está cubierta por la leña, el cielo se ha encapotado acortando la luz de la tarde… las tardes son cortas ya de por sí en el periodo invernal y ese miércoles 3 de enero de 1912, con el cielo cubierto de nubes, está oscureciendo rápido. El frío es intenso y pronto hacen su aparición los primeros copos de nieve. Encendido su cigarro, fuerza el paso no sin antes azuzar al asno. El viejo animal, cargado en demasía, a duras penas puede obedecer la incitación de Vicente. El pueblo está ya a no más de cinco minutos.

Llegados al pueblo, el empedrado de las calles y la nieve que comienza a cuajar dificultan aún más la marcha del asno; Vicente lo sabe y acorta el paso, aunque el asno es viejo, es cuanto tiene para sus trabajos agrícolas y, cuando escasea el trabajo, lo utiliza telas desde las masías de los alrededores hasta el pueblo, desde donde son llevadas a Alcoy en carros. La comida de su familia depende más del asno que de sí mismo.

– Batallo ¿y la Taña? ¿Cómo está?

– ¿Cómo va estar? Usted ya sabe que mi mujer no trae a los niños a este mundo, le vienen

Contesta Vicente riéndose a Candideta, una vecina del pueblo.

En realidad Candideta sabe demasiado bien cómo está María, pero por la puerta de su casa no pasa nadie que no sea increpado por ella. Entrometida y criticona, de fuertes convicciones religiosas donde las haya, es la anciana que más sabe de todos los vecinos del pueblo.

– Anda, vete para casa, que la tía Josefa ya lleva rato con la Taña (Josefa es la comadrona del pueblo). A pellejo vas a matar con tanto hijo. Veremos cómo los vas a alimentar; pobres criaturas. ¡Venga! A casa, y no se te ocurra detenerte en la taberna, que allí está tu suegro – Repuntilla Candideta.
– Ya voy, ya voy ¿No ves que vengo de recoger leña? – Replica Vicente que no ha dejado de reír.
Cerca de casa encuentra a su hija María que a duras penas consigue transportar un cántaro lleno de agua.
– ¿Por qué lo llenas tanto? Anda hija dame que padre lo llevará.
Una vez en casa, tras descargar de su pesada carga a Jacinto, como llama al asno, y dejarle algo de paja para que coma, Vicente entra en la vivienda. Allí su esposa María, Josefa, la comadrona, y Carmen una amiga de la familia, están rezando con un rosario sobre la mesa.

-Menos rezad y avivad el fuego ¿No veis que se va a apagar? Los niños van a coger frío – Dice Vicente visiblemente contrariado – ¿Y el niño? ¿Dónde está Vicente?– Vicente es hijo de su primer matrimonio y tiene 11 años.
– Está en casa de la Carmen, con sus hijos. Déjalo, ya es mayor y estas cosas… -Contesta María.
– ¡Corre! Ve al establo y trae leña – Le dice Vicente a su hija María. Tiene ya 8 años, pero al ser niña, las mujeres creen que es mejor que esté en casa en esas situaciones.
– Yo voy con la tata – Dice Francisco, el tercer y último de sus hijos hasta el momento, de 5 años.

Las llamas de la chimenea pronto iluminan la sala. Ya es de noche, Vicente coge unas cuantas cebolletas, una cabeza de ajos y un par de patatas, todo lo enrolla con un trapo, que previamente ha humedecido, y lo coloca lo suficientemente cerca del fuego para su cocción. Después se dirige a la despensa en busca de algo de pan y aceite, pero la botella está vacía. Tras cerciorarse de que no queda nada, se la da a su hija.

– Toma. Ve a casa don Luís y dile de mi parte que te adelante medio litro de aceite.
– Vicente, deja a la niña, ya es tarde, es de noche y hay nieve. Mañana iré yo.
La niña titubea al oír las palabras de su madre.
– ¡Te he dicho que vayas! – dice airado su padre.
– Dame la botella María, ahora traeré yo, en mi casa queda algo – Dice Carmen y abandona la casa.

Vicente, sin decir nada, se sienta frente a la chimenea y, tras liar un cigarrillo, lo enciende con una brasa que sujeta con un alambre preparado para utilizarlo como tenaza.

– Ahí lo tienes – Dice Carmen, que ha regresado con el aceite.
– Carmen yo… – Vicente sabe que no ha actuado bien e intenta disculparse.
– Venga hombre, ya hace tiempo que te conozco.
– Gracias – Balbucea Vicente.

Vicente es un buen hombre, trabajador y buen padre, pero su genio sube de tono con facilidad, por muy irrelevante que sea la cuestión.

Pasadas las ocho de la tarde, María rompe aguas y entra en el parto, el alumbramiento está cerca. Vicente y los guiños se quedan sentados ante la chimenea.

-Venga padre… cuéntame el cuento del manco Calderón – dice Francisco, quien intuye lo que le pasa a su madre. En el fondo el niño ya siente celos.
– Bien escuchad… En la Sierra Aitana, muy crezca de aquí, tenía su escondrijo el manco Calderón. El bandido se dedicaba a atacar a los carruajes, robando a los viajeros, e incluso matando a algunos. Todos le tenían miedo, pero sobre todo los ricos, a los que gustaba de insultar después de robarles, haciéndoles ir a gatas por la sierra.
Como daban dinero a quien lo capturara, todos los pueblos, en verano, organizaban partidas de hombres a caballo, pero él se escondía muy bien en lo más alto de la Aitana.
Mi padre, vuestro abuelo, y yo lo vimos una vez.
– ¿Y qué hicisteis? ¿Te asustaste? – interrumpe María expectante.
– Pues claro, aunque vuestro abuelo se asustó más. Yo tendría sólo diez años. Iban tres a caballo, dos quedaron detrás, se acercó él, y le preguntó al abuelo si teníamos comida. El abuelo le dio medio saco de almendras que estábamos recogiendo y el saco de nuestra comida. Se marchó pero luego volvió, se me quedó mirando y me preguntó: ¿Cómo te llamas? Yo le contesté, Vicente. Entonces me dijo: – “Toma, no olvides nunca que el manco Calderón no roba comida a un niño” dejando caer la bolsa de la comida a mis pies. Después, agachándose desde el caballo, me mandó acercarme, me dio un terrón de azúcar y se fue. Cuando ya se había ido, el abuelo lo maldecía porque se había quedado con la bota de vino. – Vicente no puede recordar una carcajada al recordar a su padre irritado por la bota de vino.
– ¿Iremos un día a ver si lo vemos? – De nuevo irrumpe María.
– Eso ya no es posible. El año pasado lo cogió la Guardia Civil, lo juzgaron y lo mataron en la plaza de Cocentaina.
– ¿Y es verdad qué le faltaba un dedo en la mano? – Preguntó Francisco.
– Sí, yo le vi la mano, dicen que eso se lo hizo…

El llanto del bebé interrumpe el relato. A las nueve en punto, como si quisiera ser puntual en su cita con la vida, ve la luz un niño que se convierte en el quinto miembro de la familia de Vicente Borrel Batallón y María la Taña. El niño recibirá el nombre de Federico.

– ¡Aquí tienes a otro Batallón! – Le dice Carmen entregándole el niño envuelto en una sábana.
– Batallón no. Éste será una Taña – Contesta María desde la cama.
– Francisco, ve con tu hermana a casa de Carmen, se lo dices a tu hermano y después vas a la taberna y se lo dices al abuelo.

El matrimonio está feliz con la llegada del nuevo miembro. La alegría en el hogar es palpable, esa alegría espartana con que las familias pobres reciben al quinto hijo. Vicente, con el niño en brazos, se acerca a la cama y, tras besar a su esposa en la frente, le dice:

– Bueno María, ya tenemos otro. Yo otra boca que alimentar y tú otro niño que cuidar. En fin no se cómo nos las vamos a arreglar.
– Todo se va arreglará. Dame al niño, no se vaya a enfriar.

El abuelo, que espera impaciente en la taberna, es avisado por su nieta y se dirige presuroso a casa de su hija. Miguel, en realidad, tan sólo ha estado impaciente por saber si era varón. Él sabe que su hija es una buena hembra, limpia, trabajadora y que da a luz con facilidad.

– ¡Ah! Si mi Ramona viviera para ver esto. – Exclama el anciano cogiendo en brazos al pequeño.

Pero la abuela materna, Ramona, no puede compartir la alegría pues ya lleva algunos años fallecida, al igual que los abuelos paternos, Juan y Camila.

Al día siguiente la casa se llena de vecinos que visitan al recién nacido y la madre. Como es habitual todos colaboran en alimentar a la partera. Así el pequeño se beneficiará de una abundante leche materna. Aluna gallina, palomas, leche, y sobre todo salazones, que provocan sed y con ello abundancia de leche.

Aunque la norma de la época es que los varones sean inscritos al día siguiente de su nacimiento, el pequeño es inscrito el viernes 5 de enero, con el nombre de Federico Borrel García.

El mismo día es bautizado en la iglesia de la localidad, a pesar de que el padre no es creyente. El bautizo por el rito católico es algo obligado en la España caciquil de 1912. Tras salir de la iglesia, el matrimonio invita a los pocos asistentes, familiares y alguna amistad de la familia, a compartir habas y patatas hervidas, cebollas, ajos asados, y abundante vino. Como es habitual en esas reuniones, los varones se pasan el vino y la fiesta termina en medio de grandes gritos, insultos, y acaloradas discusiones. Por suerte, al día siguiente ya nadie recuerda nada.

Muy pronto se ve que Federico arrastra las características genéticas de la familia de su padre. Una dilatación de pómulos a la altura de los maxilares marca la fisonomía de todos los varones Borrel, y tienen unos ojos grandes y despiertos cuya parece tener prisa por verlo todo. Nadie puede imaginar, en esos momentos, que el destino le tiene deparado poco tiempo para ver la vida, pocos años para vivir. Y, paradójicamente, muchos más años apara morir, al meno legalmente. Por no tener no tendrá ni sepultura conocida.

Federico es un niño sano y se cría con normalidad, con toda la normalidad que permite la vida de un hijo de trabajadores, en un pueblo como Benilloba, sin duda el de más pobre agricultura de toda la provincia, en la España del segundo decenio del siglo XX, cuando los pistoleros de Martínez Anido (…militar español, ministro de la Gobernación con la Dictadura de Primo de Rivera… La Coruña 1862 – Valladolid, 24 de diciembre de 1938… conocido como el sanguinario gobernador de Melilla… y en la guerra civil al servicio del generalísimo Paca La Culona) daba buena cuenta de los dirigentes sindicales de la CNT (…Confederación Nacional del Trabajo), y el país se convulsiona por los desastres de la aventura africana, en tanto Europa se desangra en la I Guerra Mundial.

Las dificultades económicas de la familia son enormes. Un padre jornalero agrícola, al que pronto ayudan sus dos hijos mayores, pero carente de toda propiedad de tierras, con lo que tan sólo consiguen trabajos ocasionales.

Benilloba es un pueblo situado en la falda de la Sierra de Aitana, donde la nieve jamás falta a su cita, y cuyo macizo impide la llegada de los vientos del Sur Sureste, mientras el pueblo queda abierto al Norte Noroeste, lo que ocasiona un clima extremadamente desapacible y frío, al que el calor llega con tardanza.

Todo ello condiciona el tipo de cultivo: olivos, almendros, viñas… algo de trigo y, en los último años, los vecinos se empeñan en desarrollar el cultivo de huerta, pero las cosechas son escasas cuando no nulas, a causa de las heladas y la recolección tardía. Por ello no sobrepasan el cultivo de subsistencia.

Estas dificultades están empujando a sus habitantes a emigrar hacia el núcleo industrial y bastantes vecinos emigran incluso a América. Otros, más pudientes y con más imaginación, aprovechan la nueva situación que brinda la luz eléctrica, ya que existe en el pueblo desde 1896. Benilloba no tiene ríos que aprovechar como fuerza motriz, algo vital en los albores del siglo XIX y germen de la industrialización. Los importantes, tras la construcción eléctrica en el SALT, crean una incipiente industria textil que, dependiendo de Alcoy, se ve constreñida por el insalvable problema de la época, el transporte. Varias familias se dedican a vender mantas en los mercados de los pueblos, mediante un novedoso sistema de subastar el artículo. Pero los más no vacilan en invertir directamente sus riquezas en la floreciente industria textil y papelera de Alcoy.

Ya en 1917 (…el año de la Revolución Rusa de Vladimir Ilich Ulianov Lenin) la tragedia acecha a la familia Borrel. Tras recibir la buena nueva de que María está embarazada del que va a ser su quinto hijo, el más afín con Federico, su hermano Evaristo, el padre enferma gravemente y fallece a la edad de 48 años.

María desesperada, no ve otra solución que marchar a Alcoy. Allí podrá encontrar trabajo para sacar adelante a su numerosa familia. Buscará trabajo en la fábrica de cerillas, la manipulación del papel de fuma “Bambú” o en cualquiera de las múltiples fábricas textiles. Allí, también sus hijos podrán labrarse un mejor porvenir. Las noticias que llegan desde la ciudad de Alcoy les deslumbran, y allí María tiene familiares de su padre, que están dispuestos a darle cobijo temporal.

La fortuna les favorece, una familia rica de Alcoy busca una sirvienta y ofrecen vivienda en la Masía el Marcoval. María no duda. Nacido y bautizado Evaristo se trasladan.

De esta manera queda afincada la familia Borrell en la industriosa y convulsiva ciudad de Alcoy.

Allí ira creciendo Federico, compatibilizando sus exiguos estudios, en la escuela de Mosén Vicent Albors, con los juegos callejeros en el paraje del Molinar y la zona alta de la ciudad, hasta que, a muy temprana edad, inicia su actividad laboral como recadero de un almacén de aceites. Federico conocerá el duro trabajo de la industria papelera, a la que años después se agrega su hermano Evaristo, para definitivamente quedar como trabajador textil, con el oficio de tejedor.

——— Continuará… ———

Periódico Ciudad de Alcoy. Domingo, 6 de diciembre de 2009
(Gracias a José Soler)

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Artículo de JOSÉ LUIS LURI

            

Grabado de Alicante, desde el Puerto. 1844

               

He leído, con sumo gusto y por segunda vez, la magnífica obra de Gerardo Muñoz Lorente: “Refugio de Libertad”, Equipo Sirius 2006, en la que narra los tristes sucesos acaecidos en nuestra ciudad durante la Rebelión republicana de 1844. Como la lectura es la madre de la conjetura, he terminando por acuñar dudas para poder compartirlas con mi buen amigo Moisés Davia, -hijo del que fuera brillante director de nuestra banda municipal y compositor de la Plegaria a la Santa Faz- y en ello andamos los dos, enfrascados en la más fraternal de las grescas. ¿Dónde fueron ejecutados el 8 de marzo de aquel año Pantaleón Boné y el resto de los Mártires de la Libertad?
            

Grabado de Alicante, a vista de pájaro

     

Gerardo Muñoz, en la línea de los cronistas alicantinos del XIX, sitúa el lugar de los fusilamientos “en el malecón”. Observando la pintura anónima de las ejecuciones que creo que se encuentra en nuestro ayuntamiento, hemos tomado como referencia el ángulo que muestran la torre y la cúpula de San Nicolás. Si damos veracidad fotográfica a la imagen, podríamos localizar el lugar de los hechos en las cercanías del antiguo Hotel Carlton y pie de la Rambla. Un dibujo publicado en la prensa inglesa de la época, ofrece una situación contradictoria pues coloca a los ajusticiados frente a un muro, con los fusileros a sus espaldas y prestos a la descarga. Quizá tan sólo nos hallemos en este caso ante una imagen idealizada.
                 
Fusilamiento de Pantaleón Boné

          

Un tercer instrumento que hemos manejado en nuestra investigación es la extraordinaria fotografía de nuestro puerto, realizada por Laurent en 1858. Si observamos en ella el lienzo de muralla que da al mar, podremos comprobar que éste se encontraba a escasos metros de la escollera; parece que el único muelle de carga y descarga de nuestro puerto era el que conducía al faro.

El grabado de la época de Alfred Guesdon, Alicante a vista de pájaro, también parece mostrar este largo tramo de muralla junto al mar, aunque la imagen no es muy clara.
                  
Alicante amurallado, en 1858. Fotografía de Jean Laurent

         

Moisés es de la idea de que el malecón alicantino lo constituía un gran espacio abierto intramuros, al menos en aquellos años, y que el actual paseo del Conde de Vallellano y el vial colindante, fueron ganados al mar. Los planos de la ciudad de 1851 y 1853, da la impresión de que recogen el proyecto de un nuevo malecón, no la realidad física del entonces existente. Por lo tanto, de ser cierto su punta de vista, Boné y los suyos no fueron ejecutados frente al mar.

Mi amigo me va llevando al huerto y yo me resisto.
                
¿Pueden los colegas y habituales de Alicante Vivo aportar algo para mi defensa?
                 
Seguro que sí.
             

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Encara que Carles Vela ha publicat algunes fotos a Alicante Vivo, sempre ha sigut a petició de membres o col·laboradors, mai hem tingut la possibilitat de comptar amb un article seu sencer. Fins ara, que a petició meua ha accedit a publicar ací una entrada que va fer per al seu blog Fotos d’Alacant fa uns dies i que reproduïm íntegrament:

                           

                    
L´any passat (28/06/2008) El País va publicar a la secció “El Viatger” esta foto acompanyada del text que podeu trobar ací.
“Xe, açò ho he vist jo a Alacant!”, em vaig dir. Ací està la prova, al Postiguet, vint anys enrere. Un article del Levante (20-3-2005) molt interessant sobre les relacions Alacant-Orà porta una foto de Carratalà que m´ha ajudat a datar un reportatge fet… l´any 1987!:
CARLES VELA

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¿Sabemos los alicantinos dónde tiene su origen la hueva de mújol o la de atún?

          

En Japón ya tomaban estas bolsas ováricas de mújol hembra “prensadas y saladas” desde hace muchísimos años. El pequeño país fenicio, lleno de piratas y comerciantes, a través de sus rutas marítimas y terrestres extendieron ésta “delicatessen o chinmi”. Los rome o antiguos egipcios ya las comían hace más de 3.500 años. A las huevas de mújol en Japón  se les llama “karasumi”, en Italia “Botarga”, denominada en árabe “Batarej”. Lean, pues, el siguiente artículo y verán dónde podrían estar las raíces de éste “manjar alicantino”.

    

  

La “botarga” son las huevas del mújol “saldas y prensadas”. La bolsa ovárica es extraída del pescado hembra y, sin romperla, se lava con agua para quitarle las impurezas. Después se pone en salmuera o en una salazón de sal marina “gruesa” teniendo el cuidado de remover cotidianamente las bolsas ováricas y cambiar periódicamente la sal. Más tarde, se prensa para escurrir o rezumar en todo lo posible los líquidos y se expone al sol o se deja en reposo en un ambiente adecuadamente seco y limpio.

       

Como ya hemos dicho, los “rome” o antiguos egipcios, hace unos 3500 años antes del presente, consumían huevas de pescado “desecadas”. Sin embargo, su difusión por las costas del Mar Mediterráneo se debería a los fenicios. Tradicionalmente, se ha tratado de un alimento muy típico en la dieta de los pescadores durante sus jornadas en la mar. En la actualidad, fuera de sus zonas tradicionales, se ha transformado en un alimento de lujo que se consume como un aperitivo (por ejemplo, en Italia, como un antipasto, o como aderezo de las pastas).

 

En Italia se utilizan principalmente las huevas de mújol;  en segundo lugar las de atún; y  en tercer lugar las de pez espada e incluso corvina. Aunque para los italianos “puristas”, sólo la “botarga de mújol” es la única que debe ser denominada “bottarga”, y es producida principalmente en Cerdeña. Sin embargo, es muy común que en Italia se llame también botarga a la de huevas de atún, que se preparan especialmente en Sicilia o en la región costera de la Toscana. Estas preparaciones se suelen consumir embebidas con abundante zumo de limón y, además de aperitivo, sirven para aderezar las pastas. Las otras zonas costeras del Mediterráneo que se destacan por la producción de botargas son la Provenza, las costas de Grecia, Chipre, Turquía, Egipto y Túnez. En Japón existe una preparación muy similar llamada “karasumi”. Al ser considerada la botarga, desde el siglo XX, un alimento de lujo y haber aumentado fuertemente la demanda de las huevas de los pescados con las que se confecciona, tales pescados, actualmente, escasean en el mar Mediterráneo, y por este motivo se importan desde Mauritania, Senegal, Brasil, etc…

         

Karasumi taiwanés secándose al aire libre.

     

Viendo el mapa de las rutas navales y terrestres fenicias y su comercio por el Mar Mediterráneo y sus asentamientos por el Océano Atlántico y por el Mar Rojo, se comprende enseguida dónde podían encontrarse y fabricarse las bolsas ováricas con huevas “prensadas y saladas” de mújol o de atún.

 

La potencia política y militar de los fenicios estuvo siempre eclipsada por la de otros países; en cambio, fue notable su poderío comercial. Desposeídos de la mayor parte de sus tierras, los fenicios se dedicaron a comerciar con otros países y a fundar colonias, a través de las cuales transmitieron las técnicas y las ideas orientales a la bárbara Europa. Navegantes famosos, a veces piratas, los fenicios lograron imponerse, desde su estrecha región entre el mar y las montañas libanesas, en el mar Mediterráneo; desde el Monte Carmelo hasta la antigua ciudad portuaria de Ugarit… La antigua Fenicia era un pequeño territorio de veinticinco millas de largo y cinco de ancho, que forma una parte de la Siria actual, el cual estaba bañado por el mar Mediterráneo, surcado por el río Adonis y situado en la vertiente de la cordillera del Líbano, entre la Siria y la Palestina.

Mapa de la distribución de las ciudades fenicias.

         

Obligados a vivir en un reducido país que poseía fabulosos bosques y excelentes fondeaderos, se aplicaron a construir bajeles con los que se lanzaron al mar; y guiados por su espíritu aventurero y su genio emprendedor, se dedicaron primero a la piratería y después al comercio, emprendiendo largas navegaciones por el Atlántico, el Pacífico, el Mediterráneo y el Báltico, el mar Negro y el Rojo, el golfo Arábigo y el Pérsico, que les hicieron conocer muchos países hasta entonces ignorados, con los que entablaron relaciones mercantiles, y que ellos ocultaron con narraciones misteriosas para evitar que otros pueblos se lanzaran a frecuentarlos. Guiados por su afición marítima y su habilidad política, eminentemente notables y únicas en la historia de su tiempo, erigieron ciudades tan importantes como las de Trípoli, a la vez que fundaron colonias tan ricas como las de Chipre, Rodas, Creta, Sicilia, Cerdeña, Malta y Baleares. Sin embargo, empezó a decaer su imperio cuando se debilitó su liga colonial por la dominación de los persas y que desaparecieron cuando Alejandro III de Macedonia “El Magno y El Grande” deshizo esta liga con la destrucción de Tiro.

    

Así pues, con todo lo que viajaron estos señores,  no sería muy extraño que llegaran a conocer el “karasumi”. El “karasumi” (…en japonés: カラスミ… 鱲子, “karasumi”; en chino: 烏魚子; en pinyin: “wūyúzi”) es un especialidad de Nagasaki, junto con las huevas de erizo en salazón y el “konowata”, forman los “tres chinmi más importantes de Japón”. El “karasumi” se elabora salando huevas de mugil y secándolas al sol. El “chinmi” es un término japonés que se utiliza para designar alimentos con un “gusto raro” o más apropiadamente las “delicatessen o alimentos exquisitos”. Los tres “chinmi” con más fama en el Japón son: las huevas de erizo de mar en sal y vinagre, las huevas del mújol “saldas y prensadas” en vinagre, y las tripas del pepino de mar encurtidas en vinagre.
              

   

Y nadie debería pensar que gracias a don Francisco Martínez Motiño,  “galopín de cocina” del rey Felipe II y de su hermana Juana de Austria, “cocinero mayor” de Felipe III y “maestro de servilleta” de Felipe IV, cuando (dicen) estuvo en Alicante recibiendo a una embajada nipona en una Navidad de aquella época, éste enseñó a los japoneses lo que era una mojama de lomo de atún o una hueva de atún alicantina… más que nada, porque el autor del libro “Gastronomía Alicantina. Conduchos de Navidad”, don José Guardiola y Ortiz, se inventó lo de la embajada nipona, y fingió ser Franisco Martínez Motiño “Cozinero Mayor del Rey Nuestro Señor”, envejeciendo falsos papeles y documentos que fingían demostrarlo en la bañera de su casa.

JOSÉ SOLER

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Según consta en el Legajo 3568, Sección Estado, del Archivo Histórico Nacional de Madrid, la llegada de los tabarquinos a Alicante sería comunicada al Conde de Aranda por el Capitán J. Díaz Veanes y por los Padres Redentores con fecha 7 de marzo de 1769. Es un momento de gran euforia que une, en el éxito positivo de una gran operación de rescate, a todos los protagonistas de este extraordinario asunto, y que tiene en el centro de atención la obra siempre incierta y arriesgada de los Padres Redentores, y la segura y determinante del Capitán Díaz Veanes, en la actuación de sus específicos cargos.

Conde de Aranda

También el Gobernador de Alicante, Conde de Bayllencourt, y el Gobernador de los Tabarquinos, Don Juan Leoni, envían sus comunicaciones a Madrid. En la capital, los ambientes gubernativos reciben con ansiedad y emoción todas las noticias, dando rápida información al Rey.

En un primer momento, los recién llegados fueron hospedados en el Colegio de la Compañía de Jesús de Alicante, en espera de que en la Isla Plana se finalizaran las estructuras de acogida de toda la comunidad. Por eso el Colegio sería un lugar de tránsito, ya preparado desde cuando los jesuitas estuvieron expulsados del Reino, por decreto del propio Conde de Aranda de 27 de febrero de 1767.

Pero mientras la expulsión de los jesuitas había acontecido con rapidez, las operaciones de venta de los bienes desamortizados habían seguido bastante despacio, con reflejos negativos para el asentamiento de los nuevos habitantes de la isla y también en la permanencia provisional en Alicante. Era necesario gastar 50.000 reales para el mantenimiento de la comunidad durante la estancia en la ciudad.

El atraso era debido en parte a las administraciones locales, que no habían publicado los boletines de venta, y en parte también a la desconfianza de los compradores. Fue necesario solucionar el problema con la publicación de una Real Cédula el 8 de noviembre de 1769, que daba un plazo de 40 días a dichas administraciones para publicar las subastas, y al mismo tiempo garantizaba los contratos de compra declarándolos “firmes, estables, perpetuos y seguros”. De hecho, las primeras estructuras de acogida en la isla acabaron de hacerse casi al principio del invierno, y los tabarquinos se trasladaron a ella oficialmente el día 8 de diciembre de 1769, festividad de la Inmaculada Concepción.

El Rey Carlos III había confiado al Conde de Aranda dicha tarea de asentamiento en la Isla Plana. Por consiguiente, como primer paso, el 21 de febrero de 1769 el Conde había dado disposición al Gobernador de Alicante de proveer a la “Puntual Matrícula” de los tabarquinos, siendo este registro ejecutado en dos tiempos distintos, por necesidad y para cumplir con escrúpulo las órdenes recibidas: al momento de la llegada de los rescatados a Alicante, y cuando éstos fueron trasladados a la isla. Y es en esta última ocasión cuando el Gobernador compila formalmente, como acto oficial, el Libro de la Población admitida en la nueva colonia de la Isla Plana de San Pablo, que por disposición del Conde de Aranda debía tener como preámbulo la Orden de 21 de febrero de 1769, y debía guardarse “en el Archivo de la Nueva Población, quedando otra copia auténtica en el Archivo de esta ciudad”.

Carlos III

Para celebrar el acontecimiento se ofició una misa en presencia de todo el pueblo tabarquino, reunido al completo en su nueva estancia. Según Francisco Montero Pérez, el escrito que recoge el sermón pronunciado en aquella ocasión, en el frontispicio dice: “Sermón de la Concepción Inmaculada de María Santísima, elegida titular y patrona de Nueva Tabarca, ciudad que se está edificando en la Isla Plana de S. Pablo por habitación de los tabarquinos redentos, pronunciado el día 8 de diciembre de 1769, por un religioso carmelita calzado de la provincia de Valencia”. Fueron reconocidos como copatrones los santos Pedro y Pablo, de forma que las dos grandes festividades fueron fijadas el 29 de junio y el 8 de diciembre. Aunque la isla llevaba el nombre de San Pablo, y era sabido que San Pedro es el patrón de los pescadores, hay quien ha querido ver en esto una significativa dedicación al Conde de Aranda, que se llamaba exactamente Pedro Pablo.

Iglesia de Nueva Tabarca

La Matrícula de los tabarquinos rescatados está estructurada en 68 familias, más un listado de 32 que no constituyen ni pertenecen a ninguna. Un total de 296 tabarquinos, teniendo presente que había que quitar los fallecidos durante la estancia en Alicante y matriculados a la fecha de su llegada a la ciudad. De ellos, 31 habían nacido en territorio italiano, fundamentalmente en Génova, 137 en la antigua Tabarka tunecina, 70 nacieron durante el cautiverio en Túnez y 58 durante el cautiverio en Argel.

Desde el principio de la colonización, la isla ha pertenecido al municipio de Alicante. Desde el punto de vista religioso a la Diócesis de Orihuela, y militarmente a la Capitanía General de Valencia en cuanto al ejército de tierra se refiere, y al Departamento Marítimo de Cartagena a efectos navales.

El asentamiento de los tabarquinos fue acompañado de medidas legislativas, con las que el Rey Carlos III concedía a estos colonos, según Rafael Viravéns i Pastor, “privilegios y exenciones dispensándolos del servicio militar y del pago de impuestos directos e indirectos a las cuales obligaciones estaban sometidos los pueblos de la monarquía”. A cada familia fue asignada en la isla una casa numerada con acto formal y recibo regular. Además de estas providencias, la isla fue dotada de una embarcación a disposición del Gobernador, para asegurar las relaciones con Alicante.

La seguridad fue confiada a una galeota, para la vigilancia en la mar, durante todo el período de las construcciones, y con la propuesta de Don Carlos Reggio fue nombrado como Comandante el Teniente de Fragata Jaime Planells, según consta en el Archivo Histórico de la Armada en Cartagena, que también recoge la facultad que fue otorgada a los tabarquinos en 1770, de pescar sin ser matriculados. Para el desarrollo de la pesca fueron concedidas seis embarcaciones aparejadas.

Todas las construcciones de la isla fueron confiadas por el Conde de Aranda al ingeniero Fernando Méndez de Ras, Coronel de Infantería, que elaboró un comprometido proyecto orientado a la construcción de una ciudad fortaleza, con la característica de ser por completo encerrado dentro de las murallas, reforzadas con torres y baluartes, en comunicación con el exterior a través de tres puertas, alguna de ellas con puente levadizo durante algún tiempo. El asentamiento habitable surge en la parte central, mientras que a lo largo del perímetro interior se crean almacenes, depósitos de armas y municiones, algunos reforzados con techo abovedado para aumentar su resistencia.

Aunque sería calificada la construcción de excesiva, no debemos olvidar que la guerra berberisca, sobre todo la argelina, estaba entonces muy activa y se dirigía más hacia las ricas costas por sus botines, que hacia las embarcaciones. La isla era bien conocida por los piratas, que en el pasado tenían allí una base de apoyo, y que aprovechaban además para llevar a cabo actividades relacionadas con el contrabando.

Boceto y plano definitivo de 5 de abril de 1772

El plano de la Plaza de San Pablo, de 5 de abril de 1772, realizado por Fernando Méndez y reproducido en las páginas de la Crónica de Viravéns, en la mejor guía del asentamiento, no sólo desde el punto de vista de la toponimia, más bien en sentido histórico, porque pone a la vista lo que ha quedado por hacer, los cambios ocurridos en el transcurso del tiempo y cuánto se ha perdido. Fue precedido de otro documento cartográfico también de Méndez, definido como “Plano de la isla Plana y del cabo de Santa Pola”, que lleva la fecha del 16 de agosto de 1766, y que permite observar cómo los recién llegados mantuvieron la mayor parte de los topónimos preexistentes. Las construcciones comenzaron el 3 de julio de 1769, y tras su llegada a la isla participaron en ellas largamente los tabarquinos.

Muchos edificios tienen carácter provisional para hospedar la guarnición presente para la defensa de la isla, para los obreros que se encuentran en la isla para trabajar, o para hospedar a alguien que no tiene asentamiento definitivo. El desarrollo de la vida civil nos lleva desde la vertiente religiosa, con la casa del cura y la capilla, a la escuela, al molino, a los hornos para el pan y la cal. En el centro encontramos el edificio del Ayuntamiento, la plaza grande denominada Carolina y otra más pequeña denominada Plaza Bayllencourt, luego simplemente Plaza del Conde. Encontramos también las caballerizas, las herrerías, los almacenes para el yeso y el carbón, el depósito para la madera vieja y de los carretones, útiles para transportes pesados y de gran porte. Aparecen los almacenes para los telares de lienzos y lonas, las fábricas textiles, el almacén y la fábrica de esparto. Y argumento interesante es la construcción de las cisternas, con su colocación en varios puntos en el interior del pueblo, con su canalización desde las terrazas de las casas para la recogida de agua de lluvia.

La doble presencia de los elementos militares y civiles coexistirá por breve tiempo, si bien las obras específicamente defensivas aparecerían superadas en la misma fase de su actuación, gracias a la positiva evolución de la guerra turco-berberisca hacia su fase final. Mientras tanto, la colonia había empezado a vivir de forma propia y había desarrollado varias actividades como la textil, la del esparto y la pesca. Como anécdota, cabe destacar la fábrica de gorros que el tabarquino Nicolás Guiera creara con la ayuda del esclavo Mahamet.

Pero Nueva Tabarca estaba sometida a duro examen a través de una comisión encargada de recopilar un elenco de los residentes, correspondiente con la real situación residencial y laboral de cada uno, dirigida por el Gobernador Interino, Capitán Alejandro Stermont, y por el Alcalde Don José Sales. Y durante los días 24 y 25 de marzo de 1779, transcurridos diez años desde la llegada de los tabarquinos a Alicante, las investigaciones de esta comisión concluían datos, muchos de ellos sugerentes de clara situación de declive, como son los siguientes:

  • La población de la isla era de 328 tabarquinos y 15 españoles.
  • 27 casas estaban vacías.
  • Hay un Ayudante Mayor de la Plaza, un médico, un cirujano, una maestra, un director de la fábrica de textil, dos tejedores, un director de los esparteros, cuatro esparteros, un sacristán, un artillero, un sastre, un zapatero, un carpintero, un barbero, un hornero con su ayudante, tres tenderos, un alquilador, un alistador, un aguador, un pescador, veintiocho jornaleros, diez marineros, dos guardianes y seis obreros.
  • En el almacén de Alicante resultan ocupados un escribano, un almacenista y seis obreros.
  • Sorprende el hecho de que hay fugitivos que, o bien han regresado a Túnez o a Argel, o bien no han soportado la condición de insularidad.
  • Hay familias divididas, en cuanto que el marido está todavía en Argel como esclavo.
  • Los trabajadores perciben el salario normal, mientras las viudas, los mayores y las mujeres solas con hijos reciben un subsidio diario, en cuotas proporcionales a las personas que componen la familia.
  • La mayor parte de los colonos viven en la más escuálida miseria por falta de actividad laboral.
  • En total hay 127 hijos.
  • Apenas se trabaja la tierra.
  • Las embarcaciones del Rey están sin usar, faltas de mantenimiento y reparaciones. La pesca, paradójicamente, apenas se practica. Muchos de los que antes se dedicaban a la pesca, trabajan ahora de jornaleros.
  • La fábrica de esparto no funciona por falta de materia prima.
  • Se señala la falta de leña y de agua, y se observa la necesidad de aprovisionamiento diario de agua en embarcaciones desde Alicante. Son insuficientes los depósitos.
  • El terreno es calificado de estéril, tanto por su composición arenosa y salitrosa, como por su calidad pedregosa. Además, los fuertes vientos del mar sólo permiten el crecimiento de cantidades muy limitadas de barrilla y cebada.
  • Sólo han arraigado tres higueras, algunas flores y unas pocas hortalizas, sin embargo en toda la isla crecen higos chumbos.
  • La muralla y la fortaleza están muy expuestas a los efectos de las olas, siendo la calidad de la piedra inadecuada, sacada del mar, y que se degrada rápidamente en polvo y arena.
  • La parte oriental de la isla está indefensa y es de fácil desembarco.
  • El depósito de pólvora está fuera de las murallas y sin vigilancia.
  • No hay hospital ni cuartel militar.
Torre de San José

Al fin es dado como hecho notorio que no había necesidad de construir una Plaza semejante, ni de asentar una población entera, porque para hacer frente a la piratería argelina hubiera sido suficiente construir dos fuertes o torres con un pequeño destacamento. Se pone en evidencia la obvia relación de este deterioro con la caída del gobierno presidido por el Conde de Aranda, acaecida el 19 de febrero de 1777.

Frente a la situación real era entonces necesario activar la población residente, de forma que fuera posible la gestión pasiva de una colonia necesitada de sostén. Esa mejora se inició promovida por la llegada de José Rouge como Comandante Interino de la Plaza. La colonia sobrevivió, aunque circunscrita en sí misma y con poca vida, sin la expansión transformadora soñada, hasta 1835 en que se completó la incorporación de los tabarquinos en el estado español, desapareciendo el régimen especial y pasando a ser gobernada por la administración ordinaria.

Los instrumentos de la incorporación étnica de los tabarquinos fueron la escuela, donde la instrucción primaria empezaba en lengua castellana, durante el régimen especial; la Iglesia con motivo de su ministerio sacerdotal y de las catequesis en lengua castellana y valenciana; y la vida militar, donde se usaba el castellano. El valenciano fue en definitiva la lengua practicada por los tabarquinos, como consecuencia de las relaciones diarias con la costa alicantina, con la venta del pescado en la playa del alicantino Barrio de San Gabriel, como obviamente en la costa de Santa Pola. E influyó por último el arraigamiento en la isla de ribereños españoles, que ya anteriormente la habían frecuentado, como por ejemplo los obreros que habían participado en las obras para la construcción de la fortaleza, los militares encargados de la defensa, y el personal instructor, algunos de los cuales se casaron con mujeres tabarquinas.

A partir de todo ello, la historia de los tabarquinos comienza a identificarse con la historia de España. Particularmente significativa es, por último, la presencia demográfica de las nuevas generaciones nacidas en Nueva Tabarca, que debemos tener en cuenta frente al silencio de los archivos. Lo demás, es historia.

Bibliografía:

  • Archivo Histórico de la Armada en Cartagena
  • Archivo Histórico Nacional de Madrid
  • Archivo Municipal de Alicante
  • Archivo Municipal de Cartagena
  • Arturo Lenti. “Los pescadores de Tabarca y Nueva Tabarca”
  • Francisco Montero Pérez. “Breves apuntes sobre la Isla Plana”
  • José Luis González Arpide. “Los Tabarquinos”
  • Rafael Viravéns i Pastor. “Crónica de Alicante”
  • Vicente Martínez Morellá. “Matrícula de los tabarquinos rescatados de Argel en 1769”

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Un hecho a resaltar.
La expulsión de los moriscos del reino de Valencia contó con episodios bélicos como la rebelión de Laguar, el último combate entre musulmanes y cristianos en tierras alicantinas, digno epígono de los de la Reconquista en el que participaron hombres de nuestra ciudad. A los cuatrocientos años de distancia no está de más recordarla.

                                            

Una medida polémica.
Tras vencer poderosas vacilaciones Felipe III se inclinó por expulsar de sus reinos a los moriscos, los musulmanes forzados a convertirse al cristianismo que secreta y privadamente conservaron su fe y costumbres. Eran los herederos directos de los mudéjares que vivían bajo dominio cristiano preservando su religión a cambio de pagar una serie de tributos. En el reino de Valencia florecieron importantes comunidades mudéjares ante el interés crematístico del rey y otros señores, pero la animadversión de no escasos cristianos, el mesianismo cristiano que quería convertir nuestro reino en la primera etapa de la reconquista del Norte de África y Tierra Santa, y el temor más o menos fundado a un levantamiento islámico (auxiliado por las potencias musulmanas) violentaron tal coexistencia. Durante las Germanías (1519/22) los insurrectos bautizaron a la fuerza a no pocos mudéjares, aprovechando su posicionamiento en el bando señorial. La Iglesia validó en 1526 estas más que discutibles acciones, envenenando el problema morisco. La complicada e insuficiente catequización no gozó de buena acogida entre ellos, hundiendo las ilusiones de los eclesiásticos más optimistas.

                

Los cristianos nuevos estaban tan separados de los viejos como sus antecesores mudéjares. El enfrentamiento contra el Imperio otomano, el grave alzamiento morisco en el reino de Granada (1568/70) y las tensiones vinculadas a su fuerte crecimiento demográfico agravaron la fractura. La expulsión sólo era una cuestión de oportunidad y tiempo en el ocaso del XVI. La resistencia morisca a actualizar sus obligaciones señoriales, que tanto padecieron nobles como el conde de Cocentaina, y la pacificación internacional conseguida por el gobierno de Felipe III (suspendiendo hostilidades formales con Inglaterra en 1604 y con la república holandesa en 1609) quebrantaron resistencia y liberaron tropas para ejecutarla. Se comenzaría por el reino valenciano dada su fuerte presencia morisca, y a Alicante se designaría uno de sus puertos de embarque.

               

Alicante, puerto de salida.
En el mapa del Imperio español Alicante acreció su protagonismo en el último tercio del XVI. Su ubicación, sus defensas coronadas por el castillo del Benacantil, la moderación de sus derechos portuarios (tan deplorada por sus competidores) y el peso de su colonia genovesa la erigieron en un valioso punto de tránsito de las lanas castellanas con destino a Italia, sin que el corsarismo musulmán lo impidiera. Las luchas de los Países Bajos e Inglaterra menoscabaron las rutas imperiales atlánticas en provecho de las mediterráneas. Nuestra ciudad supo aprovechar la ocasión construyendo desde 1579 el gran fertilizador de su rentable huerta, el pantano de Tibi.

                      

Los preparativos del extrañamiento.
Los primeros planes son muy anteriores a 1609. En 1577 el virrey Vespasiano Gonzaga apuntó la conveniencia de principiar la expulsión por Valencia, apostando fuerzas en la raya de Castilla para no agotar las provisiones del reino, sirviéndose de la asistencia armada de sus naturales cristianos y desplegando las armadas para evitar un contragolpe turco. Su viabilidad estribaba en la abundante disposición de tropas al temerse una resistencia tan enconada como la granadina.

                                                         

En la primavera de 1609 tal presupuesto se cumplía, y se actuó sigilosamente. Iniciado mayo se avisó a los virreyes y gobernadores de Italia para aprestar sus fuerzas, partiendo a finales de julio para concentrarse en Mallorca el quince de agosto. Los caballos ligeros de la Guardia de Castilla se desplegaron en la frontera del reino. Se hizo provisión de bizcocho en Alicante, Cartagena y Barcelona. El supremo mando militar de la operación se confió confidencialmente en Segovia al veterano don Agustín Mejía.

                                

Participó tal general en el castigo de las alteraciones aragonesas en 1591/92. Se trasladó en 1593 al frente de su Tercio a Flandes, viviendo el delicado final del reinado de Felipe II. Se le preterió en 1603 en el ejercicio del mando de la caballería por Luis de Velasco, al que el Archiduque Alberto culpó del desastre de Sluis. En consecuencia las preferencias archiducales le auparon desde el gobierno de Amberes a la dignidad de Maestre de Campo General en 1604. Sin embargo, el más combativo y osado Spínola lo sustituyó en 1605, siendo llamado a la Corte. Durante las jornadas de la expulsión se condujo con prudencia, sin arriesgar un enfrentamiento directo improcedente. Prefirió la rendición calculada a la incierta promesa de victoria aniquiladora, y en su economía de fuerzas forjada en la escuela de los Países Bajos cabía la consideración a los naturales del reino sin ceder a sus impulsos más furiosos. Gracias a él la campaña de Laguar  no degeneró en un brutal reguero de acciones guerrilleras sin más horizonte que el exterminio del contrario. Mejía supo extraer conclusiones de sus años en el frente, y en el Consejo de Guerra abogó de 1611 a 1620 por reducir el número de galeras en la armada y el de su infantería asignada, por defender las aportaciones militares provinciales, y por negar el mando a los asentistas o contratistas militares. La modesta campaña de Laguar ayudó a la maduración de ideas que eclosionarían bajo el conde-duque de Olivares.

                    

Con los ejércitos aprestados y las resistencias nobiliarias aplacadas tras tensísimas reuniones, el virrey (el marqués de Caracena) hizo público el decreto de expulsión con pompa un 22 de septiembre de 1609.

                      

Las primeras salidas de moriscos desde Alicante.
En tal día fondeaban en nuestro puerto las escuadras de galeras de Portugal, Nápoles, Sicilia, del genovés duque de Tursis y la armada del Océano comandada por don Luis Fajardo. Contaban con los efectivos de los Tercios de Lombardía, Sicilia y Galeones, sobrepasando con creces los 9.000 hombres, que se alojaron en nuestra ciudad y su término, algo impensable sin los preparativos adecuados. Se aplicó con fortuna el sistema de étapes del Camino Español a Flandes, beneficiándose Alicante de la provisión de alimentos y servicios a las tropas del rey, pese a que Maltés y López sostuvieron en el siglo siguiente que los módicos precios se consiguieron sacrificando la recaudación de las sisas y otros derechos ciudadanos.

                                             

Tal despliegue se aconsejaba para evitar disturbios y garantizar la tranquilidad de la embarcación de los moriscos. Alicante llegó a alzar tres compañías suplementarias de vigilancia. La inquietud no era infundada, pues excepto los del marquesado de Elche los moriscos del reino desde Albaida tenían que acudir a embarcar a nuestro puerto. Finalmente por aquí marcharon 45.800 de los 150.000 de todo el reino, comisionándose para supervisarlo al hermano del conde de Buñol, don Baltasar Mercader. Los caminos hacia Alicante se asemejaban hormigueros y por sus calles no se podía dar un paso.

                          

Los moriscos aceptaron su extrañamiento. Figuras como la del alfaquí de Alberic la reputaron de magnífica oportunidad para vivir sin más inhibiciones su auténtica fe, siguiendo las indicaciones ortodoxas de abandonar los países infieles. Tal actitud ya se había visto abonada por la marcha de muchos de ellos al Norte de África en naves argelinas desde 1526. Los coetáneos coincidían en su vigorosa identidad islámica, particularmente de los valencianos, y no pocos se sentirían aliviados de dejar atrás una atmósfera agobiante. Escolano refiere que hubo incluso uno que se casó con su propia hija en el puerto alicantino, anécdota que contiene su buena dosis de exageración malévola pero que nos muestra la pretensión de los moriscos de no continuar ocultándose.

                                   

La perturbación del éxodo.
La expulsión distó de ser una completa operación pacífica, y maledicencias y odios acumulados la tensionaron gratuítamente. El morisco Alberic se encaró al Algemesí cristiano en el primero de un reguero de incidentes que ensombrecieron el reino. Algunos cristianos temían una rebelión inminente y otros codiciaban los fabulosos tesoros que los moros se llevaban consigo. La presunción y la codicia cargaron las armas del prejuicio. Al arribar las primeras noticias de los maltratos y expolios de la soldadesca en Orán, tan cercana a Alicante, varios grupos moriscos se negaron a dejarse conducir al embarque.

                  

En la Vall de Alcalà arrojaron al alcaide del señor cristiano. Los moriscos de la contribución de Pego y de los valles de Gallinera, Laguar, Ebo y Guadalest se sumaron al movimiento. El 24 de octubre los de Jalón abandonaron sus moradas tras profanar las imágenes cristianas y llevarse el cereal del señor y el de la primicia, escenas ya experimentadas en las tierras granadinas de 1568. La montaña alicantina bullía en rebelión. Jaime de Calatayud, asistido por arcabuceros de la huerta de Alicante, aguantó con temple el asedio de su castillo de Sella. La villa cristiana de Murla, separada de su arrabal morisco, yacía aislada en un mar islámica como si, al decir de Escolano, se encontrara transportada a las profundidades de Argel.

                                   

Tras explorar otros puntos los moriscos ascendieron a Laguar el 27 de octubre, y más concretamente al castillo de Pop, en el tossal de la silla del Cavall Verd, con acémilas escoltadas. Paralelamente se había forjado un segundo núcleo de sedición en la Vall de Ayora, Cortes y Millás.

  

La montaña morisca.
La ceja penibética de la actual provincia alicantina alentó la valiente resistencia de Al-Azraq contra Jaime I, alrededor de Alcalà, y atrajo desde finales del siglo XIII una vigorosa colonización mudéjar. Ciertos estrategas de la Granada nazarí del XIV la consideraron una excelente cabeza de puente para una reconquista islámica, pero ni los dirigentes mudéjares ni las personas del común se sumaron a ninguna aventura política seria, decantándose por preservar su estatus.

                                  

Surcada por varios valles, se repartían esta área varios señores a comienzos del XVII. Los Corella eran condes del estado de Cocentaina, la Orden de Montesa señoreaba la Vall de Perputxent, los Cárdenas (marqueses de Elche) dominaban Planes, los Cardona (marqueses de Guadalest) los valles de Travadell y Seta, la baronía de Polop y Ondara (segregándose de sus dominios Ondara y Benidoleig en provecho de los Mendoza por vía matrimonial), Pedro Franqueza (el hombre de confianza del duque de Lerma) se hizo con el señorío de Villalonga, los Català de Valeriola gozaban de Alcalà, los Borja de Ebo, Laguar y Gallinera, y el marquesado de Denia era señorío de la familia del duque de Lerma (valido de Felipe III), los Sandoval. Tal geografía señorial se completaba con la de los pequeños señores de vasallos, acogidos a la jurisdicción suprema de los estados más grandes pero capacitados para dictar penas menores.

                      

Sus vasallos moriscos, que habían experimentado un vigoroso aumento poblacional en el último tercio del XVI, se repartían entre las numerosas alquerías de tales valles y baronías, dependiendo a veces de un núcleo cristiano (como las villas de Cocentaina o Murla) dotado de un arrabal morisco. La forzada conversión no les ahorró tributar los tradicionales impuestos de los mudéjares, si bien su obsolescencia en forma de rentas fijas los preservó de la voracidad recaudatoria de los señores, muy impulsada por la subida de precios. Autores como Eugeni Ciscar descubrieron aquí la razón que alteró el parecer de los nobles contrarios a la expulsión, espoleados por el afán de actualizar sus rentas.

                                                

Los moriscos, al igual que los de Granada, buscaron el refugio de los peñones de las sierras. Los de Almudaina de Planes no alcanzaron el castillo de Serrella a causa de los alcoyanos dispuestos en el paso de Gorga. Muchos se acogieron al pie de la sierra en Castell de Castells, asolando su iglesia. Al no contar con suficientes defensas, marcharon a Ayalt, donde sus pozos no bastaron a calmar su sed. Finalmente el epicentro de la insurrección se focalizó en la Vall de Laguar (o de Lahuar o Alahuar), arquetípica tierra morisca. Se extiende de Norte a Sur desde el Barranc de l´Infern a la serranía de Laguar, y de Este a Oeste desde los confines del marquesado de Denia a la altiplanicie de les Gargues, descendente al Mediodía hacia el Pla de Petracos. Se enclavaban de Norte a Sur las alquerías de Benimaurell, Fleix (o Al-Fleix/Alfeche) y Campell (o Campsiel). Asimismo disponía de fortalezas naturales bien talladas por el terreno: la de las Atzabaras o de Laguar, la de Orba y la del castillo de Pop o del tossal de la Silla del Cavall Verd. Ésta lindaba con la Vall de Pop y se caracterizaba por disponer de dos picos de altura desigual, mirando a Levante hacia la Murla cristiana y a la Laguar morisca a Poniente. Los moriscos alimentaron la creencia, según el dominico Jaime Bleda, que la forma del tossal se debía a que allí desapareció la cabalgadura del gran rival de Jaime I Alfatimí, mitificación del histórico Al- Azraq, esperando su retorno victorioso. Un cierto mesianismo animó a los moriscos.

                 

Aprestándose al combate.
Los alzados no podían confiar meramente en ayudas sobrenaturales, máxime cuando su cifra desbordaba las 20.000 personas según Escolano, elevándolas a 10.000 más otras relaciones de los sucesos. De tales sólo 8.000 eran varones en condiciones de combatir. La reducida cincuentena de familias moriscas de Laguar se encontró desbordada por semejante alud humano. Se dotaron de una jefatura ad hoc, un régulo en palabras de los cronistas cristianos. Desconocemos como se eligió o impuso en tal posición Milleni de Guadalest. Quizá procedente de la morisca Millena, Escolano nos brinda algunos apuntes sobre él. Era un molinero de unos cincuenta años que se dedicaba algunos meses del año al esquileo de ovejas. Sería un hombre maduro y emprendedor que encajaría  entre los prohombres de las comunidades moriscas locales, els vells de otros tiempos. Sintomáticamente ningún alfaquí se puso al frente de la revuelta.

                            

Que los moriscos no se encontraban disociados del ambiente cristiano dominante lo acredita la organización de sus fuerzas. Asesoraba al rey de Laguar un Consejo de Guerra, encomendando el generalato a un Maestre de Campo (singularizado por su blanca garnacha). La cadena de mando en cada sector comprendía un maestre de menor rango, un capitán, un alferez y un sargento. Los recién llegados nutrieron cinco compañías suplementarias. La disciplina se aplicaba con rigor al estilo del fuero de Argel, a golpes de espada. Tal ordenamiento se enfrentó a la acuciante carencia de armas de fuego, reuniéndose no más de quinientas entre pedrenyals, pistolas y escopetas, con escasos arcabuces y sólo dos mosquetes. De Aragón procedía el fabricante de pólvora Tagarino (de tagr o frontera), y un cerrajero que componía con poca fortuna los cañones que reventaban a menudo. Por otra parte, el hacinamiento sobre el terreno no se palió edificando cabañas ni ocupando las cuevas, dejándose sentir en les Gargues tal saturación.

                      

Mientras, don Agustín Mejía desplegó con cautela sus tropas, sin pretender desencadenar una reacción morisca aún más furibunda. Dispuso tres compañías del Tercio de Nápoles en Xàbia, Benissa y Teulada, y después avanzó desde las dos últimas 60 soldados a la amenazada Murla, completándolo con la ubicación en Pego de la compañía de Xàbia y de 50 hombres en el fuerte del Bèrnia. Se pretendía yugular toda ayuda berberisca desde el litoral e inducir a los moriscos a la capitulación. Sin embargo no se disuadió la ocupación de Pop, y los Tercios de Sicilia y Galeones tuvieron que partir desde Alicante hacia Callosa y el castillo de Guadalest. Los moriscos lanzaron bravatas a sus adversarios sin la que la rendición llegara. Visto el panorama Mejía convocó a las milicias del Sur del reino.

               

La milicia de Alicante.
 Desde su fundación en el siglo XIII nuestros municipios gozaron de los reyes del reconocimiento a la autodefensa, participando activamente en las campañas en defensa del reino. Cada localidad puso en pie su propia hueste o milicia. Adecenarse u ordenarse en decenas fue sinónimo de disponer en orden de combate a todos los varones en edad militar. Para prevenir movilizaciones subversivas el permiso del rey o de su representante territorial era obligado. Los municipios mantenían acuerdos de asistencia militar entre sí en no pocas ocasiones. En 1555 Játiva requirió la de Alicante para enfrentarse al desafiante señor de Barxeta, que alzó jurisdicción suprema en este lugar de la contribución territorial de aquella ciudad. Los 400 hombres ofertados y pagados por Alicante no llegaron a actuar al resolverse antes el contencioso.

 Tras la Guerra de las Germanías nuestra milicia se enfrentó particularmente a la amenaza del corsarismo berberisco, bregando exitosamente con el desafío de la modernización organizativa y armamentística. Además de adoptar arcabuces mayoritariamente, arrinconando de una vez por todas a las ballestas aún presentes en 1550, se tomó como referente organizativo la estructura del Tercio. Cada  compañía (de más de cien hombres) era regida por un capitán a las órdenes de un cabo, de un sargento mayor y de un maestre. En Flandes un Tercio se componía de doce compañías (de unos 250 soldados) gobernadas por un estado coronel encabezado por un maestre de campo (el coronel y capitán de la primera compañía) y por un sargento mayor (capitán de la segunda compañía).

                    

En el alarde o revista militar del 20 de agosto de 1609 del maestre de campo Francisco Miranda, comisionado por el virrey, se constató que nuestra ciudad disponía de nueve compañías, que se repartían mil hombres, mil arcabuces y diecinueve piezas de artillería. Las universidades de Muchamiel y San Juan (segregadas de Alicante en 1580 y 1593 respectivamente) contaban con 4 compañías, 400 hombres y 430 arcabuces, y con una compañía de 115 provistos de arcabuz. La periciosa fama de los arcabuceros de nuestra huerta dimanaba de la acuciante necesidad de plantar cara a las incursiones corsarias, permitiendo a sus naturales el porte expreso de armas.

                       

Pese al tirón de orejas del 20 de octubre de 1566 a los prohombres que no mantenían la preceptiva montura armada con lanza y adarga, amenazando el comisionado Juan Ribera con desinsacularlos o privarlos del acceso a los oficios municipales, los alicantinos eran varones de temple aprestados al ejercicio de las armas. No pocos escogieron la carrera militar. La ética caballeresca de las familias de la aristocracia local, ansiosas de obtener mercedes reales a través del servicio en la guerra, orientó los pasos de varios alicantinos a lo largo y ancho del imperio. En Lepanto combatieron Miguel Pascual, Jaime Peres, Antonio Venrell y Luis Berenguer de Muchamiel. Miguel Bendicho, tío del afamado cronista barroco, participó en las guerras de religión francesas. El caballero de Montesa don Juan Fernández de Mesa descolló en los galeones fondeados en el Cádiz atacado por los ingleses (1596). Ante el riesgo de nuevas incursiones inglesas el general de la Carrera de Indias don Francisco Coloma fue designado capitán de Alicante. Francisco Berenguer, pariente del citado Luis, sobresalió en la defensa de Sella ante los moriscos, alcanzando más tarde la capitanía de coraceros como caballero del duque de Frías en el socorro de las Alsacias durante la Guerra de los Treinta Años. En el Tercio de la Lombardía militó el caballero don Bartolomé Martínez Clavero.

                

La amenaza otomana conservó no poco de la atmósfera de la añeja frontera medieval. El toque de rebato ante sus asaltos sonó más de una vez en 1585/86, años después de la supuesta desactivación mediterránea tras Lepanto. Cuando en 1597 desembarcara en un paraje del término ilicitano un comando de berberiscos, las fuerzas locales les sorprendieron, obligándoles a refugiarse en la serranía entre Agost y Tibi. Aniquilados tras un reñido combate, sus cabezas se expusieron en nuestra Calle Mayor insertas en puntas de lanza o colgadas de arcabuces, signo de un tiempo que no se resignaba a desaparecer, cuando los municipios pagaban a los rastreadores por las cabezas de moros enemigos. No en vano cuando en la Denia de 1599 presentaron sus respetos a Felipe III los caballeros Jaime Pascual y Cristóbal Mingot vestían a la turquesca, al igual que sus servidores y marineros. Y en 1609 la frontera abrasaba.

                      

Las tropas alicantinas marchan a Laguar.
El 17 de noviembre partió de Alicante el servicio requerido por Mejía. De sus nuevas compañías milicianas, nuestra ciudad envió dos bajo el mando de don Bernardo Mingot y de don Juan Bautista Canicia de Franquí, buenos exponentes de la aristocracia alicantina, pues los dos merecieron su insaculación en la bolsa de caballeros en 1600. El primero formaba parte de un linaje de raigambre catalana que ejerció el justiciazgo en varias ocasiones (el propio don Bernardo en 1597), y el segundo de una de ennoblecidos negociantes genoveses que entroncaron con los Martínez de Vera, señores de Busot. Don Juan Bautista fue el síndico de la ciudad en las nupcias del rey celebradas en valencia en 1599, lo que le ocasionó no pocos dispendios.

                       

Las universidades de Muchamiel y San Juan, subordinadas a la suprema jurisdicción criminal de Alicante, contribuyeron cada una con una compañía. Capitaneaba la de San Juan Esteban Briones, cuya familia tenía su origen en Cuenca, y la de Muchamiel Baltasar Berenguer, acompañándole treinta y cinco parientes de su combativa familia.

             

El mando de toda esta fuerza correspondió a otro Mingot, don Antonio, en calidad de sargento mayor. Los gastos corrieron a cargo de la administración real. En la posición de Castell de Castells los nuestros se unieron a los de Elche, Jijona, Alcoy, Cocentaina, Bocairente, Bihar, Onil, Castalla, Villajoyosa, Denia, Xàbea y Gandia. El 21 de noviembre el Maestre de Campo General ordenó el comienzo del ataque.

                                     

El asalto al campo morisco.
La orden se formuló de madrugada, con un tiempo frío y lluvioso digno del otoño mediterráneo de la Pequeña Edad de Hielo. Encomendados a Dios, las tropas marcharon silenciosamente en columna, enfundando con cañas las mechas de sus arcabuces. Al alba se arribó a Petracos, y el ejército se dividió en tres mangas. Los alicantinos formaron junto a los de Gandía, acometiendo la trinchera de los moriscos, desalojándolos de las Atzabaras hasta retroceder al pie del castillo de Pop, donde los nuestros enlazaron con los montañeses de Cocentaina y Jijona que descendían de las elevaciones.

              

Ante el cansancio de la jornada, con adversas condiciones meteorológicas, Mejía detuvo el avance ante la Silla del Cavall Verd. Cuando los milicianos se apoderaban de los despojos de la lucha, encajaron una brava acometida morisca, finalmente fracasada. Vista la situación el general no arriesgó otro ataque frontal contra las posiciones moriscas, decantándose por cercarlas. Emplazó dos compañías en el piedemonte del castillo de Pop, y las fuerzas restantes aguardaron en Laguar. La clave radicó en la ocupación por veinte guardias viejos de cada una de las seis fuentes del peñón más elevado de la Silla. La sed atormentaría a los asediados moriscos.

           

El final de la resistencia.
En el transcurso de la acción cayó Milleni, escogiéndose infructuosamente a otros de mando fugaz y desafortunado. El postrer rey de Laguar fue un tal Ybaxan, enfrentado a una inevitable rendición el 29 de noviembre.

          

Pese a que la cifra de bajas no resultó alta (unas 600), el estado de los moriscos era a todas luces deplorable. El desánimo se apoderó de muchos, y las supersticiones hicieron mella. Alguna mujer dijo haber contemplado a la mismísima Virgen María espada en mano conduciendo a los asaltantes. Quizá deseara congraciarse con los vencedores o explicarse la derrota de los suyos. Ciertos padres llegaron a vender a sus hijos, convirtiéndose muchos moriscos en botín de guerra de soldados y milicianos, que se negaron a manifestarlos o declararlos ante las autoridades, malversando los escrúpulos de no expulsar a los menores aún no evangelizados.

            

A Ybaxan se le deparaba el castigo ejemplarizante del caudillo de Cortes Turígit, agarrotado y descuartizado ceremonialmente en Valencia, disponiendo en el Portal de San Vicente su cabeza con una corona de hierro hacia abajo. Sin embargo, al salir de Alicante hacia Valencia murió de inanición. Sus hijos y hermanos terminaron remando en galeras.

             

Orgullo y cautiverio.
Los supervivientes a las adversidades abandonaron las tierras de sus mayores desde Alicante. A nuestros ojos de poco nos podemos congratular, pero en el XVII las cosas merecían otro juicio. En 1640 Bendicho celebró la expulsión y la campaña de Laguar, en una Alicante poco afectada por el extrañamiento morisco en vivo contraste con otras comarcas del reino, sin plañirse de las consecuencias materiales como Escolano y una legión de historiadores actuales. Tampoco Bendicho se privó de consignar los versos del poeta valenciano Gaspar Aguilar dedicadas a los milicianos alicantinos:

            

    “Aunque por todo el mundo es manifiesto
    el valor de la gente de Alicante
    Mingot, que va con ella, está dispuesto
    a procurar, que el Cielo se levante.”

             

Aunque otras relaciones destacarían la bravura de otras milicias, como las de Biar, Mejía confirmaría los juicios elogiosos sobre los nuestros. Mantuvo que de conocer la pericia militar de los hombres de las milicias, el rey podía haberse ahorrado cuantiosas sumas. Hemos de tratar con suma prudencia tales halagos calculados y saturados de segundas intenciones, si bien los coetáneos los valoraban extraordinariamente al acreditar el valor y la fidelidad de la república de la ciudad de Alicante en defensa del rey, cualidades muy destacadas en la sociedad de honor del Barroco. De este mecanismo abusaría la monarquía en el Seiscientos, cargando sobre nuestro municipio unos compromisos militares excesivos para sus fuerzas, según acreditaría el bombardeo francés de 1691.

                  

Si la expulsión morisca y la campaña de Laguar fueron los primeros episodios del Alicante del XVII como destacada plaza de armas de una monarquía con compromisos globales, también resultaron el canto del cisne de la frontera medieval atenta a la amenaza del Islam peninsular y enredada en el tráfico ilegal de esclavos. De los 110 menores registrados en Alicante tras la expulsión, 50 procedían de Laguar. Las populares fiestas de moros y cristianos entre otras cosas nos recuerdan que la guerra no era ajena a la manera de vivir de los alicantinos de hace cuatro siglos.

            

Fuentes y bibliografía.
-BENDICHO, V., Chrónica de la muy ilustre, noble y leal ciudad de Alicante. Edición de Mª. L. Cabanes, 4 vols, Alicante, 1991.
-BLASCO, R. Mª, Los moriscos que permanecieron en el obispado de Orihuela después de 1609, Sharq Al-Andalus. Estudios Árabes, núm. 6,  pp. 129-147, Alicante, 1989.
-BLEDA, J., Defensio fidei in causa Neophytorum sive Morischorum Regni Valentiae, totiusque Hispaniae, Valencia, 1609.
-BORONAT, P., Los moriscos españoles y su expulsión. Estudio histórico-crítico, 2 vols., Valencia, 1901.
-CISCAR, E., Moriscos, nobles y repobladores. Estudios sobre el siglo XVII en Valencia, Valencia, 1993.
-DUEÑAS, Mª. C., Territorio y jurisdicción en Alicante: el término general durante la Edad Moderna, Alicante, 1997.
-ESCOLANO, G., Décadas de la Historia de la insigne y coronada ciudad y reino de Valencia (continuada por J. B. Perales), 3 vols, Valencia, 1878.
-LAPEYRE, H., Geografía de la España morisca, Valencia, 1986.
-MALTÉS, J. B.-LÓPEZ, L., Ilice ilustrada. Historia de la muy noble, leal y fidelísima ciudad de Alicante. Edición de Mª. L. Cabanes y S. Llorens, Alicante, 1991.
-PARKER, G., El Ejército de Flandes y el Camino Español, 1567-1659. La logística de la victoria y derrota de España en las guerras de los Países Bajos, Madrid, 1986.
-PORCAR, P. J., Coses evengudes en la ciutat i regne de València (Dietari, 1589-1628). Edición de F. Garcia, Valencia, 1983.
-REQUENA, F., La defensa de la costa valenciana en la época de los Austrias, Alicante, 1997.
-THOMPSON, I. A. A., Guerra y decadencia. Gobierno y administración en la España de los Austrias, 1560-1620, Barcelona, 1981.

    Víctor Manuel GALÁN TENDERO.

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L’illa de Tabarca, també anomenada Plana o Nova Tabarca, està situada davant la localitat de Santa Pola, a la comarca del Baix Vinalopó, tot i que forma part del terme municipal d’Alacant. Aquesta petita illa s’ha convertit, de fet, en l’únic lloc d’aquesta ciutat en què el català es manté com a llengua d’ús quotidià entre els seus veïns.
L’arribada de la llengua catalana a l’illa –que aquí és anomenada valencià de forma genèrica– és paral·lela a l’arribada dels seus habitants, descendents de genovesos alliberats de Tunísia pel rei Carles III a la segona meitat del segle XVIII.

Feu clic a l’imatge per a veure el vídeo sobre Tabarca

Traslladats a la ciutat d’Alacant sota jurisdicció militar, aquelles famílies van abandonar en un període de dos anys la seva llengua, el lígur, per adoptar-ne una de nova, el català, que seria la que s’endurien a l’illa dos anys més tard, un cop es van acabar les obres per adequar-la i fortificar-la, ja que fins aleshores havia estat deshabitada. Com a record d’aquella època encara són usuals els cognoms d’ascendència italiana, com Parodi i Ruso. En canvi, les restes lingüístiques de la seva antiga llengua, de procedència italiana, es poden considerar avui en dia totalment desaparegudes.

Antoni Mas, doctor en filologia catalana i docent a la Universitat d’Alacant, confirma que “els trets dialectals” de la llengua dels veïns de Tabarca n’asseguren la seva procedència alacantina i remarca que el procés d’adopció del català per aquells parlants continua sent una enigma lingüístic: “Encara avui costa d’explicar com en només dos anys van oblidar la seva llengua i en van aprendre una de nova, el català, que és la que han mantingut fins avui”.

A causa de les seves petites dimensions, tot just 1.800 metres de llarg per 400 d’amplada màxima, la vida pràcticament es congela a l’hivern, quan tot just hi viuen “una vintena de persones”, segons afirma José Ruso, que, com molts dels veïns de Tabarca, es dedica al sector turístic. El turisme és el veritable motor de l’illa, que a l’estiu multiplica per vint el nombre d’habitants, a banda dels milers de turistes que la visiten cada dia gràcies al servei marítim que enllaça l’illa amb els port de Santa Pola, situat a tres milles.

Sense escola i amb una població formada per gent gran, la majoria de tabarquins viuen en poblacions com Santa Pola, Alacant i Guardamar, i això fa que el català de Tabarca no tingui el futur assegurat. Segons Antoni Mas, la disseminació de la població autòctona fa que tingui un futur idèntic “al del valencià en general”.

Text de Jordi Palmer extret de avui.cat

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Buscando información por internet hallé una página dedicada a la marina argentina. Esta sencilla pero completísima web ha sido realizada desde Argentina por Carlos Mey, el cual nos ha dado permiso para reproducir en nuestro blog los datos de su página web
El interés que tiene para los alicantinos su portal se encuentra en las listas de evacuados del Destructor “Tucumán” y del Crucero “25 de mayo”, así como en la descripción y fotografías de dichos buques. Todos estas personas eran afines a la sublevación del 18 de julio de 1936 y fueron embarcados en dichos navíos con el “permiso” de las autoridades republicanas alicantinas, que decidieron mirar hacia otro lado seguramente para evitar un (o más) baño de sangre.

EL CRUCERO 25 DE MAYO

Botadura del Crucero 25 de Mayo en la ciudad italiana de Livorno. 11 de Agosto de 1929

Según cuenta Alberto Hernández Moreno, el “25 de mayo” y su casi-gemelo el “Almirante Brown” fueron el resultado del Programa Naval Argentino de 1926 por el que se pretendía dotar a la Armada de cruceros modernos y veloces que complementasen a otros buques más antiguos que habían sido adaptados a los nuevos tiempos. El concurso realizado para su construcción fue ganado por una empresa italiana que botó el Crucero 25 de mayo el día 11 de agosto de 1929 en el puerto de Livorno entregándolo dos años después a la flota argentina.

El buque de 170 metros de eslora por 18 de manga, constaba de 6 cañones de 190/52 mm montados en 3 torres dobles como armas principales, armamento lateral, ametralladoras de 40 mm, 6 tubos lanzatorpedos y hangar para dos aviones. Era tripulado por 800 hombres y su velocidad se estimaba en 32 nudos.

Su función fue más bien la de “embajador” en varios países americanos dando muestra así del poderío argentino en cada país que visitaba. Participó en varias maniobras aunque su labor más destacada la realizaría en la Guerra Civil española.

El Crucero 25 de mayo llega a Alicante el 22 de agosto de 1936, al mando del Capitán Ferreira para rescatar a partidarios de los sublevados en el Golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y que se encontraban en peligro, por ser nuestra provincia leal al Gobierno legítimo de la República el cual había perdido en los primeros momentos el control sobre la población que se veía sumida en una oleada de terror. El Crucero 25 de mayo rescató a unas 250 personas en tres viajes

El 25 de mayo y su gemelo fueron actualizados varias veces variando su distribución y dotándolos de nuevo armamento. En 1959, el 25 de mayo quedaba inmovilizado sucediéndole lo mismo a su gemelo el Almirante Brown poco después. En 1961 son dados de baja de la Armada Argentina y desguazados.

LISTA DE RESCATADOS POR EL 25 DE MAYO (pinchad)
(Algunas personas se registraron con nombre falso)

EL TORPEDERO TUCUMÁN

El Tucumán y sus dos gemelos, el Mendoza y La Rioja fueron construidos en los astilleros ingleses de Cowes, en la Isla de White. El que nos ocupa es botado en 1928 entrando en servicio al año siguiente.

El Tucumán era un buque de 115 m de eslora y 9,70 m de manga. Su armamento se componía de 5 cañones de 25 mm, 1 cañón antiaéreo de 76 mm, 2 cañones de 40mm, 2 grupos de 3 tubos lanzatorpedos de 21″ de diámetro y su velocidad máxima era de 36 nudos. Tras varias misiones, entre ellas la de escolta, es enviado a España al iniciarse la Guerra Civil donde realiza la misión más importante de su historia.

El Tucumán, al mando del Capitán de Fragata Mario Casari, llega en noviembre de 1936 a Alicante para sustituir al Crucero 25 de mayo. Tras realizar 12 viajes logra rescatar a 1250 personas llegando a cargar a 200 personas en un viaje, mucho para un barco preparado para 160 tripulantes.

Tras varios años en servicio pasa a desarme total en 1951. Tras algunos años dedicado al adiestramiento de artillería y salvamento es desguazado paulatinamente en 1961 hasta su desguace total en 1963.

LISTA DE RESCATADOS POR EL TUCUMÁN (Pinchad)
(Algunas personas se registraron con nombre falso)

Tras la victoria de las tropas sublevadas y su entrada en Alicante el 30 de marzo de 1939, las nuevas autoridades locales presididas por el alcalde D. Ambrosio Luciáñez Riesco y a propuesta de éste, acuerdan rotular la Calle de Mariana Pineda con el nombre del buque argentino en el pleno del 27 de noviembre de 1939, nombre que aún ostenta dicha vía pública.
                             

Extracto del pleno del 27 de noviembre de 1939 (AMA)

Además el Excmo. Ayuntamiento concedió sendas Medallas de Oro de la Ciudad a D. Mario Casari del Tucumán y a D. Miguel A. Ferrera en la misma sesión del 27 de noviembre de 1939. Además se acordaba otorgarle la misma distinción al Cónsul argentino D. Eduardo Lorenzo Barrera, artífice de la salvación de todos los refugiados que acogieron el 25 de mayo y el Tucumán.

Barrera desde el primer momento decidió acoger en su casa y Consulado argentino del Paseo del Doctor Gadea nº7 a todo aquel que venía a pedirle ayuda. Según testimonio de la familia, entre 4 y 6 personas lograban embarcar cada día en los buques argentinos. La forma era bien sencilla. Del Tucumán solían bajar a tierra unas 20 personas ,4 de las cuales llevaban otro unifirme debajo del suyo así como una gorra plegada. Tras acudir tranquilamente al consulado del Paseo del Doctor Gadea ya no eran 20, sino 24 los que salían uniformados hacia el muelle donde embarcaban en las lanchas que les llevaban al Tucumán.

Barrera recibiría también la Medalla de Plata de la Cruz Roja Española en 1939 así como la Cruz del Mérito de la Orden del Águila alemana de 2º grado en comunicación firmada por el propio Adolf Hitler en 1939.

Fuentes:
Web de Carlos Bay Historia y Arqueología Marina
– Archivo Municipal de Alicante (AMA) Libro de actas de plenos de 1939.
– ALDEGUER JOVER, Francisco y SANTO MATAS, Joaquín. ALICANTE, 1939. Edita Ayto. y Diputación de Alicante 1999
– RAMOS PÉREZ, Vicente. HONORES CONCEDIDOS POR ALICANTE Y SU PROVINCIA. Edita CAPA 1972
– Diario Información. MEMORIA GRÁFICA DE ALICANTE Y COMARCA (Por fascículos)
Agradecimientos:
– Carlos Bay, de Martínez (Argentina)
– Personal del AMA